Carmen García Vilar, de profesión arquitecto, pero enamorada de la
dirección de arte cinematográfica y teatral, fue seducida por la dramaturgia, y
en pocos años se ha convertido en una de nuestras escritoras teatrales más
premiada y prolija. En su haber ya suma más de 15 piezas y ha formado parte del
staff de dialoguistas de varias
producciones dramáticas de la tv. Hoy nos entrega su más reciente pieza
estrenada Mandarinas, que se presenta
bajo la dirección de Moisés Guevara y la producción de Jorgita Rodríguez en el
Teatro Escena 8 hasta el próximo domingo 25 de noviembre.
El desarrollo escritural de Carmen García Vilar, es una dramaturgia de lo
cotidiano, de personajes que viven sus dramas día a día pero donde siempre hay
una salida feliz pese a los tremendos conflictos internos y externos que sus
personajes deben sortear. La escritora, en el correr de su obra dramática ha
puesto acento en los personajes femeninos, sus heroínas son esas mujeres
venezolanas que no descansan batallando solas por hacerse una vida mejor. Son
seres traicionados, desarraigados y hasta frustrados, pero sin perder nunca la
esperanza de en algún momento encontrar un poco de felicidad. En cambio sus
personajes masculinos, en algunos casos ausentes o reportan algún complejo que
los minimiza con respecto a su par.
En Mandarinas, se aleja un poco
de su estilo dramático acostumbrado de sus otras piezas, en donde presentaba
una historia que se va complicando a medida que avanza la acción y sus
personajes se relacionaban e interactuaban de tal manera que el conflicto
crecía hasta la solución final. Esta vez Vilar prefiere optar por los
monólogos, aparentemente aislados unos de los otros, pero que si se ven en conjunto
al final guardan alguna relación; pero que escénicamente pueden ser llevados al
escenario de forma independiente y en cualquier orden sin alterar su hilo
dramático.
El primero de ellos narra las vicisitudes de una joven ejecutiva que acude
a un brujo para que le “monte” un trabajo a su novio que le ha secuestrado su
camioneta nueva. En la función que apreciamos y evaluamos, estuvo a cargo de
Sandra Villanueva, quien demuestra su talento e histrionismo al asumir los
distintos personajes de su historia, maneja la comedia a sus anchas y gracias a
la correcta dirección de Guevara, hace que la actriz pueda lucirse y permitir
que el público disfrute plenamente de su manejo escénico. Sandra es un talento
que debería estar más sobre las tablas ya que en ellas se encuentra como pez en
el agua, ojalá los directores y productores de teatro y tv del país puedan
disfrutar de su ángel en escena y la incluyan más en los elencos de piezas
teatrales y telenovelas, estamos seguros que no se arrepentirán.
Luego de este jocoso monólogo, le toca el turno al actor (en el caso de la
función apreciada) Arturo de los Ríos, quien comparte personaje con José Luis
Useche y Jossué Gil. De los Ríos desarrolla un monólogo acerca de un obsesivo
fetichista de carteras, un hombre traumado y aparentemente con algunas
desviaciones, que quedan poco claras para el espectador, no se llega a
determinar si es un aberrado sexual, o más bien un acomplejado y tímido
vendedor de carteras.
Arturo de los Ríos es un actor en formación, que no ha logrado aún llegar a
prepararse de forma determinante para asumir el compromiso de un escenario, a
pesar del esfuerzo de dirección que notamos en esta puesta, aún le falta a este
histrión creatividad y soltura sobre el escenario, no logra convencer con su
desempeño, puesto que luce extremadamente rígido y sin lograr traspasar las
fibras emocionales para transmitir algo más que palabras al espectador. No sólo
se necesita un cartel televisivo para enfrentar al monstruo de mil cabezas que
es el público. Estamos seguros que con mayor dedicación a su formación como
actor podría lograr buenos trabajos.
La tercera parte de estas Mandarinas,
estuvo a cargo de la actriz Andreína Álvarez. Esta intérprete demuestra con su performance, que ha crecido a pasos
agigantados en su carrera, con un arrollador talento, Andreína se pasea con
absoluta verdad y comodidad por quizás el texto más interesante de los tres por
la anécdota que cuenta: Una humilde mujer que ha pasado la mayor parte de su
vida montada en un autobús por puesto. Sus miserias, amores y la poquita
felicidad que le ha tocado, la ha conseguido en estas unidades. Hasta el primer
amor que la conduce a la tragedia. El director, supo sacar de Álvarez sus
mejores matices en este complicado monólogo que va desde la comedia hasta la
más conmovedora tragedia y que resulta el personaje que al final de la historia
funciona como epílogo de la anécdota y reflexión a la que nos quiere conducir
Carmen García Vilar y que no es otra que la vida es como una mandarina que se
come a “gajitos” pero que a veces resulta difícil de pelar y no como reza el
tradicional dicho popular: “más fácil que pelar mandarinas.”
L.A.R /@rosasla
Caracas, 23 de noviembre de 2012.
No hay comentarios:
Publicar un comentario