jueves, 29 de agosto de 2013

¡Qué piquete tan bueno!

Los íconos arquitectónicos de nuestra ciudad son pocos; los que han sobrevivido a la desidia del olvido o a la terrible ignorancia de una sociedad que apuesta a la desmemoria se encuentran en el abandono, o han sido destinados a otros fines muy lejanos para lo que fueron erigidos. Tal es el caso de la imponente Concha Acústica de Bello Monte, en otrora espacio pleno de música e impactantes espectáculos que divirtieron a propios y extraños. Pero gracias a la iniciativa de un piquete de artistas liderados por el maestro Orlando Arocha, la primera actriz Diana Volpe y el actor, dramaturgo y director Ricardo Nortier, se ha rescatado este punto cultural junto a la Alcaldía del Municipio Baruta, para entregarle a la ciudad una pequeña sala de teatro de cámara llamada La Caja de fósforos que ha quedado insuficiente para el enorme incendio creativo que han organizado y que se convierte en una tribuna necesaria para las artes escénicas venezolanas.

Desde hace ya dos semanas hemos sido testigos, en ese recinto, de un movimiento de artistas emergentes de todas las edades que se han dado cita en una suerte de explosión escénica: 9 directores, 9 dramaturgos y nada más que 50 actores, se han mostrado en espectáculos “en construcción” que permiten ver el músculo de las nuevas generaciones de intérpretes, escritores, productores y directores teatrales, para concluir que nuestro teatro está más vivo que nunca.

Lo impresionante de este ciclo, no sólo son las novedosas propuestas de textos y puestas  en escena, si no lo importante de la convocatoria de un público ávido de este tipo de muestras (todas las funciones agotadas) además del rescate de un ambiente bohemio, seguro y de intercambio artístico que hace mucho tiempo no se veía en nuestra ciudad.

¿Quiénes son?
Las artífices intelectuales de dicho Piquete son dos actrices egresadas de los talleres de Volpe y Arocha: Carla Mariña y María Gabriela Díaz, inquietas jóvenes artistas  que escogieron a sus mentores como curadores de la muestra que incluyen los siguientes títulos:

Necro-lógica de Nathalia Paolini, dirigida por Elvis Chaveinte: donde observamos la sutileza de una dramaturga novel que con fino humor negro propone una crítica al sistema imperante y cómo una mujer decide escapar por la vía más fácil: la muerte.

Alrededor de la mesa de Nayaurí Jiménez, dirigida por Gabriel Agüero: se tradujo en una comedia doméstica donde distintas situaciones cotidianas convergen en un edificio en el que la rutina se convierte en hastío y las ilusiones se pierden, en ella destacaron las interpretaciones de Citlally Godoy y Matilda Corral, junto a la correcta dirección de Agüero.

Cambiemos de vida de Adolfo Oliveira, bajo la dirección de Carlos Armas, nos enfrentó a la fuerte realidad del cambio de roles y sus consecuencias. En la lista siguen: No molestar 4 microrelatos de Jorge Cogollo, dirigida por Abilio Torres, donde se muestra el avance de este joven dramaturgo que ya ha dado de qué hablar en la escena caraqueña, quizá uno de nuestros jóvenes escritores más productivo.

Hay que matarlos a todos, se reveló como una gran sorpresa por ser la ópera prima dramatúrgica y de dirección de la primera actriz Haydee Faverola que demuestra con este trabajo ser una gran artista integral. Por su parte Tenebros de José Miguel Vivas, tomó todo el espacio de la Concha Acústica y en cada rincón de su estructura interna se pudo recorrer la historia adaptada de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, dirigido por Jericó Montilla. Tenebros resultó un texto poco teatral por su apego a la narrativa en donde se puso a prueba la creatividad de una directora ante un texto difícil de digerir (por sus conexiones) más si no se tiene la referencia de la novela.   

Finalizan el ciclo Niños lindos de Fernando Azpurua, dirigida por Rossanna Hernández una de las piezas que se notó menos en “proceso” y resultó una grata sorpresa por el desenvolvimiento actoral de sus protagonistas: José Manuel Suárez, Héctor Zerpa y Slavko Sorman, quienes mostraron su talento en una compleja relación sentimental homoerótica, destaca también en este trabajo la dirección de arte que logró el diseñador Rodolfo Agrella, quien supo combinar los elementos estéticos de forma sencilla pero contundente, junto a una tímida puestista pero bien resuelta dirección de actores.  

Gennys Pérez, una de nuestras más polémicas y premiadas dramaturgas quiso probar en este ciclo su texto en construcción acerca del abominable hecho ocurrido en nuestro país sobre el asesinato del fiscal Danilo Anderson. El fiscal, dirigido por Oswaldo Maccio, sin alarde de puesta en escena, sino dirección de actores bien conducidos en lectura, supo atrapar y conmover al público que se conectó con la injusticia, la impunidad y la corrupción que envuelve a nuestro país en un lenguaje muy local que Pérez logró concretar para universalizar su historia.

Finalmente Laik a Virgyn, original de Karin Valecillos y dirigida por Luis Alfredo Ramírez, logró mover las fibras más hondas del sentimiento del espectador al tocar el tema del exilio derrotado, cuando una joven decide abrirse paso en Nueva York para cumplir sus sueños de llegar a ser como Madonna y debe volver derrotada por las circunstancias a un pobre pueblo del interior del país donde encontrará la mejor forma de cumplir algún sueño. Plena de sensibles matices del melodrama televisivo, con un encantador humor venezolano y en donde el elenco demuestra su descollante talento, este texto se perfila como una radiografía de nuestra idiosincrasia actual frente al fracaso del sueño americano. Destacan las poderosas actuaciones de Javier Figuera como el Portu llorón, Jenifer Urriola como la inseparable y dicharachera mejor amiga de la protagonista y la primera actriz Nattalie Cortez como la madre, en un regio papel que moviliza hasta las lágrimas al más insensible.

Falta por ver el cierre con broche de oro y el turno es para la pieza La habitación de atrás, del ya experimentado dramaturgo Ricardo Nortier, dirigida por Carolina Torres, y protagonizada por José Luis León y Luis Vicente González. Con este trabuco de artistas estamos seguros que estaremos frente a una interesante propuesta.

En síntesis El piquete deja un extraordinario y anecdótico sabor a festival de calidad, a confrontación a intercambio de ideas y propuestas, pero por sobre todas las cosas a versatilidad del ejercicio del artista integral, durante estas dos semanas se ha visto como actores se prueban como directores, directores se muestran como actores, escritores se arriesgan a dirigir o actuar y los roles se van fundiendo en una mezcla fenomenal de creatividad y buen gusto, pero por sobre todas las cosas de buen teatro.

Abogamos porque este ciclo se convierta en una cita anual donde la creatividad escénica del artista teatral de rienda suelta a sus ideas y por convertirlo no sólo en muestra y tertulia, sino en intercambio formal donde existan foros con el público, críticos y otros artistas para indagar, pensar, y revisar los procesos teatrales, para descubrir cuáles son las estéticas y lenguajes que mueven a los recién estrenados talentos y a los más experimentados que se arriesgan a cambiar de disciplina sobre las tablas; en fin no olvidemos esta primera experiencia y ojala podamos de nuevo afirmar el año que viene: ¡Qué piquete tan bueno!

@rosasla /@avencrit

Caracas, 29/08/2013

jueves, 15 de agosto de 2013

Una nueva generación de directores

El teatro venezolano abre un nuevo capítulo en su historia, pese a las condiciones económicas que sufrimos y padecemos desde hace ya más de 20 años y la desaparición de importantes instituciones teatrales que marcaron pauta en los años noventa, amén del cierre de importantes talleres y escuelas teatrales, los jóvenes no desmayan, por su naturaleza e ímpetu no se dejan amainar por circunstancias adversas y el deseo de crear sobre las tablas no desmaya.
Una nueva camada de directores de escena salta al ruedo con arriesgados trabajos que han sido impulsados desde las dos principales fuentes de formación teatral en Caracas: la Escuela de Artes de la Universidad Central y la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) aunados a la formación de agrupaciones independientes como Rajatabla, Contrajuego, Hebú Teatro, Tumbarrancho Teatro, el Centro de Directores para el Nuevo Teatro y el Grupo Actoral 80, entre otros o de instituciones privadas como el Ateneo de Caracas, que aún continúa ofreciendo posibilidades de formación en artes escénicas con los mejores profesionales del país.
12 cosas imposibles antes del desayuno
Liderado por Jericó Montilla, egresada de las filas de la UCV, Teartes se ha convertido en una agrupación experimental que ha dado de qué hablar en el ámbito escénico nacional con sus arriesgados montajes donde la premisa está en el manejo corporal y el texto llevado a escena. El pasado fin de semana tuvimos la oportunidad de disfrutar del re-estreno del espectáculo 12 cosas imposibles antes del desayuno, estrenado en 2011 y que cumplió una pequeña temporada en el Centro TET.
Una suerte de lectura teatral realizada por esta creativa directora acerca de los clásicos infantiles Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del Espejo de Lewis Carrol, junto a Gabriel Agüero, Héctor Castro, Abel García, Marcela Lunar, Ángela Meléndez, Orlando Paredes, Sain-ma Rada, Luis Alfredo Ramírez y Angélica Robles, sus actores, quienes nos hechizan y trasladan al mundo fantástico de esa niña que busca constantemente saber su identidad, encontrarse a sí misma, enfrentándose a personajes “disociados” que la hacen vivir aventuras inexplicables.
Lo más impactante de este montaje es cómo el conjunto artístico logra desde el espacio vacío y sólo con elementos de utilería, vestuario, voz y cuerpo, amén de una extraordinaria puesta en escena llena de atmósferas y desbordada creatividad, un redondo espectáculo digno de exportación para demostrar a nivel internacional el nivel del teatro joven venezolano.
Mención especial merecen la escenas en las que Alicia se topa con el Gato, una alarde de sutileza en el manejo de elementos e iluminación y la capacidad de síntesis creativa que logra Jericó Montilla al resolver la escena en el jardín de flores; sólo una gran directora consciente de lo que quiere y con dedicación a la investigación escénica puede lograrlo.

De actores a directores
Hay afirmaciones que aseguran, entre los más experimentados en las tablas que un gran director puede ser aquel que ha pasado por la experiencia de la actuación, apoyamos la máxima y lo comprobamos en dos casos patentes en nuestro joven teatro venezolano: Gabriel Agüero y Luis Vicente González, el primero emerge de las aulas de la UCV y el segundo de la UNEARTE, los dos comprometidos y talentosos actores formados en Rajatabla y Séptimo Piso, respectivamente, pero que han decidido armar casa aparte para sorprender con nuevos lenguajes escénicos y demostrar que ahora es que queda futuro en las tablas nacionales.
Saverio el cruel
Es impresionante el movimiento joven que respaldado por los veteranos Orlando Arocha, la actriz Diana Volpe y el actor-director y dramaturgo Ricardo Nortier se ha creado desde una minúscula sala recién inaugurada en los recovecos internos de la Concha Acústica de Bello Monte: La caja de fósforo es su nombre y alude a lo estrecho del espacio (sólo es para 55 espectadores) pero a la intensidad del incendio que puede bullir entre esas cuatro paredes.
En su segunda temporada de estreno, esta caja de fósforos recibió a la ópera prima del sagaz Gabriel Agüero, incansable creador y demostrado intérprete, quien se arriesga a montar uno de los textos más emblemáticos del Teatro Argentino del siglo XX, hablamos de Saverio el cruel de Roberto Arlt. Texto que marca el estilo dramatúrgico y escénico del país del Sur dando un giro de 180° a la dramaturgia Río Platense para más nunca abandonar lo que se ha llamado el “Neogrotesco Argentino”.
Un hermoso drama en el que un hombre es engañado por la clase pudiente para burlarse de él haciéndole creer que puede tener el poder en sus manos, hasta conseguir envilecerlo y llevarlo a la muerte. Un aleccionador relato en el que la crítica a un sistema político-militar corrompido por las esferas que manejan el dinero hace estragos en una sociedad (cualquier parecido con la realidad es puro teatro).
Lo que impacta de la propuesta escénica de Agüero es cómo logra sintetizar el manejo de la puesta en escena apoyándose en un cuidado y genial aparato escenográfico y en la dirección correcta de sus actores, encabezados por el portento interpretativo de Elvis Chaveinte, otro que dará mucho de qué hablar en lo que a histrionismo se refiere y su compañera Rossanna Hernández derrochando encanto y buen decir sobre la escena, acompañados de una talentosa camada de nuevos talentos que han encontrado un espacio seguro de creación donde realizar sus sueños ellos son: Abilio Torres, Abel García, Sahara Álvarez, Dayana Carmona, Idanis Infante y Alexandra Vivas.
No cabe duda que guiados por los dioses del Olimpo este Deus Ex Machina como se denomina esta naciente agrupación, marcará pauta en las filas del nuevo teatro nacional.
Cuando los jóvenes hablan de la calle
Por su parte, Luis Vicente González, actor, dramaturgo y docente universitario, sorprende de igual manera con una crónica teatral de su autoría basada en la violencia que azota a la sociedad venezolana de la mano de la conmovedora historia de Alias el papi, una contundente propuesta para hablar de la podredumbre de un país que se ahoga en la maternidad adolescente, el tráfico de drogas, la delincuencia y el amor. Sólo dos personajes: Anita y el Papi una pareja de adolescentes del cinturón marginal de la ciudad que se enamoran en el liceo y con un embarazo a cuestas deben sobrevivir llegando a involucrarse en los más oscuros manejos del delito intentando cumplir sus sueños de vida.
El hallazgo, de este espectáculo, en principio, es cómo se logra llevar un tema tan duro e incluso posiblemente rechazado por el espectador común en tanto toca muy de cerca su realidad, de una forma poética y teatralmente eficaz; en segundo lugar el logro de la dirección creemos está en armar una dramaturgia escénica que pasea al espectador desde el más hermoso momento de amor entre los personajes y lo lanza (como en las montañas rusas) a las más oscuras fauces de la descomposición social.
La acertada puesta en escena juega a la acción de concretar todos los espacios de la historia dentro de un salón de clases, que es el punto de partida de estos trágicos personajes, pero sorprende la capacidad de concretar un lenguaje plástico en la escena apoyándose de la síntesis de la imagen en dibujos creados por los propios actores en una pared-pizarra, que aluden de forma genial a momentos de la dramática del relato.
Amén de llegar directamente al público adolescente que puede encontrar en este montaje una eficaz forma de desviar el mal camino por el cual pueden transitar, Alias el papi se transforma en un documento vivo de una sociedad viciada y sin esperanza posible a menos que se cuenten con propuestas como éstas que con creatividad narran una anécdota que pega duro en el sentimiento del espectador.
No se puede pasar por alto el desempeño de los jóvenes actores Kevin Jorges y Josmary González quienes con su talento y registros interpretativos logran una extraordinaria caracterización y contundentes matices dramáticos que hacen levantar al público de sus butacas.
En síntesis tres nombres de nuevos directores que comienzan a proponer sobre la escena venezolana sus distintas visiones creativas de una realidad circundante, tres creadores que impactan por su riesgo en este país donde pesimistamente nadie apuesta a la novedad, pero lo cierto es que el arte como medio expresivo ha conseguido en este trío de teatreros un resquicio donde confirmar que la mejor forma de decir lo que se quiere gritar es el teatro. ¡Ahora es que hay futuro en nuestras tablas!   
L.A.R / @rosasla

Caracas, 15/08/2013 

miércoles, 31 de julio de 2013

A pesar de todo… los jazmines nacen en Lídice

No se puede obviar que el teatro de arte venezolano está floreciendo y en este bosque pleno de gigantes árboles se va abriendo camino para ofrecer al público caraqueño algo más que risas y divertimentos.
La reconocida agrupación caraqueña Tumbarrancho Teatro liderada por la dramaturga Karin Valecillos y Jesús Carreño, han vuelto a hacer de las suyas e imponerse con una nueva producción teatral que hace temporada en la Sala Plural del Trasnocho Cultural los días sábados y domingos a las cuatro de la tarde.
Jazmínes en El Lídice, es un  trabajo que todo caraqueño, y extenderíamos todo venezolano debe ver, allí encontrará una terrible y hermosa radiografía de nuestra convulsa sociedad, tragada por la violencia y la pérdida del respeto por “el otro”. Seis mujeres coinciden en la casa de una de ellas Meche son hermanas, cuñadas, madres, amigas, vecinas un solo hilo las une, el dolor por la pérdida de sus hombres en mano de la violencia. Sus hijos, maridos, primos, cuñados, amigos vecinos, han caído uno a  uno dejándolas solas rumiando su dolor.
En este país de matriarcado es en ella en quien recae la peor tragedia que después de seis años aún la aísla de la realidad la seca y la llena de impotencia de poder mirar a la calle de abrir las puertas y gritar su dolor, al mejor estilo de García Lorca, como las mujeres de Bernarda Alba, estas mujeres se encuentran para revolcarse en su dolor y sanar.
Partiendo de las anécdotas reales de madres venezolanas víctimas de la violencia que decidieron agruparse en la Fundación Esperanza Venezuela, quizás para que el dolor doliera menos por las pérdidas de sus amores más cercanos en manos de delincuentes, es que Karin Valecillos arma la trama de estas mujeres que habitan en el populoso Barrio El Lídice en Caracas y que en el momento de la acción tratan de hacer catarsis preguntándose una a la otra ¿Por qué?
Las primeras actrices Gladys Prince y Omaira Abinadé lideran el elenco que secundan Rossanna Hernández, Patrizia Fusco, Samantha Castillo y Tatiana Mabo, todas bajo la correcta visión escénica de Jesús Carreño, quien logró una realista puesta jugando a ratos con los imaginarios surrealistas de lo que podría ocurrir en las mentes de estas féminas rasgadas por la injusticia y el dolor, en los corazones y acciones de estas mujeres que aún continúan a pesar de los años haciendo la misma cantidad de comida por no saber calcular cuánto ingrediente restar porque falta uno en la mesa que no volverá.
La labor de las intérpretes es titánica, aquí todas ellas se revelan como uno de los conjuntos actorales mejor logrados: Gladys Prince, como la matriarca deja atónito al espectador cuando borda con detalle las desconexiones mentales a las que acude Meche, su personaje, para evadir tanto dolor, pero realmente logra un nivel de conmoción cuando dispara la música y comienza a soltar su carga a través del baile (pocas veces hemos visto escenas tan dramáticas y hermosas logradas por una actriz). Omaira Abinadé (Aída) la mujer que conoce todo el aparataje burocrático de la justicia por dentro y es víctima de la venganza por haber dictaminado un caso, su dureza esconce detrás una gran derrota que pudiendo aplicar justicia no puede.

Por su parte Rossanna Hernández, habla de la hermana mayor (Anabel) aquella que además de perder a sus amados hombres intenta mantenerse en una pieza inquebrantable, pero al enfrentarse a su madre entendemos cómo esa pieza es fachada.  Patrizia Fusco, la hermana menor ha querido evadirse a través de sus juegos y necesidad de no crecer, ser niña para no sufrir…Y la viuda, la nuera que durante seis años ya más nunca dejó de ir a casa de su suegra: Tatiana Mabo, nos regala una Sandra plena de matices y silencios que tocan al espectador. Mención aparte merece el trabajo de caracterización de Samantha Castillo en el papel de Yoli, una mujer con ciertas discapacidades que aunque madre de un malandro “malo” como ella lo describe, igual sufre por su hijo ausente, esta interpretación de Castillo la coloca dentro de una de las actrices más versátiles, talentosas y que estamos seguros dará mucho de qué hablar en su ascendente carrera.
Estos relatos se han condensado en un conmovedor espectáculo que lejos de regodearse en el melodrama de cada caso, rehúye a los facilismos que pudiera suponer la terrible situación trágica de estas madres. Y creemos, ahí está el hallazgo tanto de la dramaturgia como de la dirección, quienes además supieron conducir de forma extraordinaria a estas seis almas a la piel de esas madres que paren en escena su dolor pero con la firme convicción que hay un mañana: -“estás viva mamá” -Le grita Anabel a Meche- “estás viva y continúas aquí”- “hay que vivir”, palabras más o palabras menos del texto que desarticula la represa y comienzan a fluir el desapego, el deslastre, el soltar lo que no se ha querido gritar por seis años. Para concluir con la imagen más hermosa, la inevitable, la que debe ser: la esperanza de la vida, la esperanza de que a pesar de todo aún pueden crecer Jazmines en El Lídice.
L.A.R.
@rosasla

Caracas, 31 de julio de 2013.

domingo, 14 de julio de 2013

Dirección Gritadero

Desde la semana pasada se está presentando en la Sala A-Teatro de Bellas Artes, una interesante lectura de la pieza teatral del francés Guy Fossy, reconocido dramaturgo galo que sorprende por el arrojo de su puesta en escena y la calidad de sus interpretaciones.
Dirección Gritadero es la crítica en tono de humor negro que hace Fossy a la sociedad dominada por las normas y el poder. En este país donde las Señoras 1, 2 y 3 viven, está prohibido expresarse, está prohibido decir lo que se piensa y sólo puede drenarse lo acumulado en “el gritadero” pero para llegar a ese sitio sólo se puede acceder por un bus, que en este caso y para acentuar el conflicto, no llega nunca.
Al mejor estilo de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre, estos personajes están condenados a permanecer sin explicación en una parada de bus de donde no pueden irse y en donde deben compartir con semejantes que provocan que salgan a flote sus miserias y verdaderas personalidades.
La dirección a cargo de la joven directora Nehilid Ascenzi (este es su primera puesta en escena) supo entender el mensaje de la pieza y logró conducir a sus intérpretes a buen puerto. Sin “espectacularidades” innecesarias, Ascenzi logra que sus actrices (talentosas jóvenes en proceso formativo) exploren matices y transiciones sin apresurar el drama pendulando entre la comedia negra y la reflexión, alejándose del melodrama en el que fácilmente se puede caer con este tipo de textos. Con visos absurdistas, la directora plantea un espacio integrado, íntimo, en el que el público puede padecer de cerca con estas tres mujeres que están condenadas a no poder ir a gritar.
Las sólidas propuestas actorales de Fátima Mendoca, Yulika Hernández y Valentina Garrido hablan de una importante generación de relevo en las tablas caraqueñas, estamos seguros que si continúan en el oficio éstas histriones darán mucho de qué hablar en los próximos años.
No podemos dejar de mencionar el ingenio del artista Joyner K Burgos, quien con la composición original de la música para la obra, logra acompañar inteligentemente los acentos climáticos de la puesta en escena.
Sólo ajustes de iluminación permitirían la creación de imágenes más impactantes, sin embargo las limitaciones de la sala no se los permitió, habrá que ver la propuesta en una sala mejor dotada y con un equipo técnico completo, estamos seguros resaltará el trabajo.
En suma un joven colectivo teatral que da sus primeros pasos hacia la profesionalización, y que arranca con buen pie, riesgo, ganas de hacer las cosas bien y sobre todo talento que es lo que necesita nuestro teatro.
L.A.R/ @rosasla

Caracas, 14 de julio de 2013.   

miércoles, 3 de julio de 2013

Hay un enemigo en el pueblo

Jamás cuando un dramaturgo produce un texto teatral, se imagina las repercusiones que éste pueda tener y la trascendencia que puedan contener esas páginas que no cobran vida hasta que penetran en la piel de un actor. Imaginamos que Ibsen nunca supuso que en la Venezuela del Siglo XXI su obra Un enemigo del pueblo, pudiese llegar a identificar fervientemente a los espectadores con la anécdota ahí narrada.
Pero si Ibsen hubiese conocido la Venezuela finisecular del pasado siglo y la primera década de éste, habría pensado que su historia calza perfectamente en suelo nacional. Y es que eso ocurre con los clásicos, una vez revisados, re-interpretados y puestos en la escena contemporánea con la sapiencia de lo que se hace no puede obtenerse otro resultado sino un producto artístico de calidad que debería estar en temporada permanente.

Un enemigo del pueblo, del Grupo Emergente de Caracas, se revela como una joya teatral de nuestro teatro contemporáneo de la mano del director Jesús Delgado y su equipo, quien supo combinar en feliz conjunción los elementos estéticos teatrales con una clara visión de lo que quería transmitir al público que asiste a la Sala Cabrujas de los Palos Grandes.
Sin embargo, sentimos que la Sala Cabrujas no es el espacio físico adecuado para la puesta en escena que se plantea Delgado, pues es una sala que no está concebida para el hecho teatral y tampoco se ha pensado en reformarla para tal fin, es una galería, por lo que limita la planta de movimientos de los histriones. Hay que ver este montaje en una sala de teatro con un espacio suficiente para el fluir de la puesta y estamos seguro crecerá a dimensiones extraordinarias.
Antonio Delli como el Dr. Stockman, lidera el elenco, pues en él es donde recae toda la acción dramática y la injusticia que determina el conflicto de la pieza, amén del personaje antagónico, encarnado por el actor Wilfredo Cisneros (El Alcalde) hermano de Stockman, que encarna lo más podrido de la clase política que logra llevarse por el medio hasta a su consanguíneo con tal de no perder el poder. Este dúo logra unas caracterizaciones justas que dan muestra de la madurez que han alcanzado como intérpretes, sus escenas están plenas de matices, transiciones y enfrentamientos que ponen en vilo a la audiencia y los hace comprometerse con lo visto sobre la escena, para identificarse sin ninguna duda con el relato.
No se puede ignorar el desempeño de la actriz Claudia Nieto, a nuestro juicio ésta, su caracterización de la Sra. Stockman, sin lugar a dudas es uno de sus mejores trabajos, lo que logra  en la relación de vínculo sobre la escena con Delli es digno de una clase actoral sobre relaciones de personajes en las tablas. La contención de las emociones y el fluir de las mismas en su interpretación conmueven. 
Al trío de protagonistas, los acompañan en igual nivel y desempeño: Jesús Hernández, Lidsay Castro, Jorge Dakar y Carlos Clemares, quienes completan el elenco que no hubiese conseguido este rendimiento, si no fuese por una correcta dirección de actores de parte de Jesús Delgado, que definitivamente sabe lo que quiere y lo que necesita de sus histriones.

Una radiografía de nuestra turbia política y manejos fraudulentos del poder es lo que usted disfrutará en Un enemigo del pueblo, asistiendo a la Sala Cabrujas, comprobará que los teatristas venezolanos estamos tomando consciencia, al fin, de lo que nos ha pasado en los últimos años y ya es hora de denunciarlo con lo que sabemos hacer: arte; hay un enemigo en el pueblo y es él mismo pero mientras sigamos apáticos aceptando los desmanes del poder, continuaremos creyendo que el enemigo es el otro y no nosotros mismos. 
 
@rosasla /@avencrit

Caracas, 03/07/2013

jueves, 30 de mayo de 2013

Macbeth, cuando la realidad supera la ficción


Fotografía  Cortesía. Nicola Rocco/ www.photomanifiesto.blogspot.com


 Presenciar lo que está ocurriendo en la antesala de la majestuosa Concha Acústica de Bello Monte, es estar frente a un acontecimiento que pocas veces se ha dado en nuestra golpeada ciudad. Dos colectivos teatrales (Contrajuego y Hebu Teatro) salvando todos los obstáculos posibles y apoyándose en su constante trabajo, han logrado levantar una nueva “sala teatral de bolsillo” a la que han llamado La caja de fósforos.
Nos parece increíble esta hazaña en tanto el país-económico que vivimos no es el más adecuado para tales fines. Donde más bien empresas, consorcios, agrupaciones deben bajar sus“por no poder costear sus gastos, éstos férreos artistas, lucharon hasta hacerse de un nuevo lugar y brindarle a toda la comunidad aledaña y en general a la urbe, una exclusiva sala de cincuenta y cinco puestos.
No contentos con conseguir lo anteriormente descrito, Orlando Arocha y su equipo, Ricardo Nortier, junto a la infatigable Diana Volpe, deciden abrir el telón del nuevo recinto teatral con nada menos que el clásico shakesperiano Macbeth. Menuda empresa en estos tiempos de marquesinas teatrales que ofertan sólo carcajadas con pocos metros de tela sobre los cuerpos de sus “cómicos”.
Pero el hecho de llevar esta gran obra en la actualidad no sería objeto de colocarle atención, sería simplemente otro Shakespeare que se monta, como en cualquier parte del mundo, sin embargo en este caso no lo es y es ahí donde nos detendremos, el Macbeth que hoy podemos disfrutar en Caracas es sin lugar a dudas uno de los mejores reflejos de nuestra actualidad, lo que nos hace pensar que finalmente los artistas de teatro despertaron (como un proceso natural) y están radiografiando nuestra desgracia.
Macbeth, es la infausta historia de un hombre manipulado por su sed de poder y condenado por su autoritarismo al hacerse del trono. La corrupción, la traición, el engaño y los asesinatos para sacar del juego a los que molestan sus objetivos, son las premisas de quien llega a obtener el poder a través de la mentira.
No hay que hacer mucho esfuerzo intelectual, para comprender lo que Arocha desea poner frente a nuestros ojos, ese secreto a voces (a veces no tan secreto) de nuestra podrida clase política y cómo una sociedad se va desmoronando a causa de un tirano hambriento de sangre.
La genialidad de este montaje reside en su concepción estética y acercamiento a una lúcida lectura contemporánea de la pieza, ese país está muerto, no en vano las acciones ocurren dentro de una morgue: riesgo, trasgresión, imágenes contundentes, cinismo y crítica, son palabras que pueden definir la totalidad de este espectáculo, que arriba a su tercera semana de funciones con la taquilla agotada.
Diana Volpe y Juan Carlos Gardié, llevan en sus espaldas la responsabilidad de la obra, acertado casting que nos permiten volver a toparnos con sus talentos y sapiencia del oficio actoral. Sin embargo debemos destacar el elenco de soporte de actores en donde brillan: Beto Benites, Giovanni García, Paul Gámez, Ernesto Campo y Seyward Djamil Djassir. 

Usted amable lector, que está ahora paseando sus ojos sobre esta reflexión crítica, si me permite un consejo, no deje de ver esta crónica venezolana de la legendaria obra de Shakespeare.  Creerá que Macbeth nació aquí y comenzamos a saber de él hace 14 años…


@rosasla /@avencrit
Caracas, 30/05/2013

jueves, 2 de mayo de 2013

Trasnocho cultural deslumbra con sendas opciones teatrales



Glorius, la peor cantante del mundo, es el nombre con que Peter Quilter, dramaturgo inglés, titula la comedia teatral que el Centro de Directores para el Nuevo Teatro presenta en la Sala Principal del Trasnocho Cultural, para contar la historia de vida de Florence Foster Jenkins, mujer norteamericana que se empeñó en cantar sin poseer el más mínimo talento ni cualidades para hacerlo; lo que sí tuvo fue mucho dinero que le permitió incluso grabar discos y presentarse en el Carnegie Hall antes de morir, en los años 40.

La primera actriz Elba Escobar es la encargada de personificar a Florence, la obsesiva millonaria que aturde a sus fanáticos. Con extraordinaria sapiencia de su arte, Escobar brilla, dando muestras de su descollante talento que junto a la puesta de Daniel Uribe, quien supo lograr un montaje minimalista que resalta toda la atención escénica en su distorsionada cantante, nos permiten disfrutar de una fascinante historia.
La escogencia del casting para este espectáculo es un real acierto: Germán Anzola, interpreta al pianista que acompañó en la última etapa de su vida a Foster y además sirve como hilo conductor de la trama, pues es él quien nos cuenta la historia. Anzola derrocha su presencia escénica y buen decir. Junto a él Liliana Meléndez como la amiga íntima de la protagonista y su fiel admiradora, ofrece una construcción de personaje sólido, divertido, que da muestras de su madurez como actriz. Completa el elenco Alberta Centeno como la criada de la peor cantante del mundo, derrochando comedia y soltura escénica.
Glorius, es un acertado espectáculo que permite ver buen teatro realizado con reconocidos profesionales de nuestra escena y que demuestra que cuando se conjugan en feliz comunión todos los elementos artísticos y el talento de nuestros artistas no se puede obtener otro resultado que el éxito.

Lo rudo de las relaciones humanas 

Sergi Belbel, es un dramaturgo catalán que ha sorprendido a miles de espectadores alrededor del mundo con sus punzantes textos que cobijan personajes atormentados al momento de relacionarse con sus “otros”, escrita en los años 90 y llevada al cine por el reconocido director español Ventura Pons, Caricias es la inflexión del ser humano en cuanto al amor, la soledad, la traición, la homosexualidad, la vejez e incluso el incesto.
Puesta en escena en dos ocasiones en nuestro país: primero de la mano del centro de Directores para el Nuevo Teatro dirigida por Gregorio Milano y luego gracias a Séptimo Piso bajo la dirección de Dairo Piñeres, este texto siempre ha llamado la atención por lo rudo de sus planteamientos.
En esta ocasión el director José Jesús González, asume el reto re-leer la pieza y subirla a las tablas del espacio Plural del teatro Trasnocho. Con un elenco de lujo, entre veteranos y jóvenes, González se dio a la tarea de seleccionar un cuidado staff de talentosos histriones: Virginia Urdaneta, José Torres, José Romero, Marco Alcalá, Alexander Rivera, Arlette Torres, Alexander Solórzano, Loly Sánchez, Ana María Paredes, Mariú Favaro y el debutante Grouber Materán, son los responsables de hacer que el público transite por las sofocantes vidas de estos personajes.
La puesta de José Jesús González jugó a la simpleza y colocó su acento en la interpretación de los actores, plausible hazaña que supo llevar a buen término cuando se observa uniformidad y verdad en la escena aunque cada uno de los intérpretes venga de escuelas y corrientes distintas. Inteligentemente, el director se apoya en los más veteranos: resulta un placer volver a ver en las tablas a Loly Sánchez, Ana María Paredes, Virginia Urdaneta, José Romero y al maestro José Torres. Es sencillamente una buena cátedra de actuación.
Marco Alcalá junto a Mariú Favaro, que vuelve a las tablas después de un retiro prolongado, se lucen en uno de los sketches más difíciles de la pieza. Al igual que Arlette Torres y Alexander Solórzano. Por su parte Alexander Rivera da muestras de su crecimiento sostenido en cada personaje que le vemos. Para Grouber Materán (el más joven del elenco) es una extraordinaria oportunidad de formarse sobre el escenario junto a estos gigantes. No cabe duda que la elección de estos actores es uno de los grandes logros de la producción en manos de Alexxey Córdova.
Ajustes de ritmo necesarios, que se ganan con el correr de la temporada y que son normales hasta que los once actores se amalgamen, sería el acento de nuestra lectura crítica, amén de un mayor cuidado en la musicalización del espectáculo para completar la unidad total del mismo.
Estamos seguros que los espectadores volverán a quedar atrapados y colmarán el Espacio Plural del Trasnocho para verse reflejados en sus lados más oscuros y reconocerse en cada uno de los personajes de Caricias.

@rosasla /@avencrit
Caracas, 02/05/2013