martes, 19 de febrero de 2013

Comienza la fiesta del II Festival de Teatro de Caracas


1959 es el año que marca el inicio de las fiestas teatrales en Venezuela, ese año se realizó el primer Festival de Teatro Venezolano, bajo la batuta del Maestro Horacio Peterson, gran visionario e impulsador del desarrollo y modernidad de nuestro teatro contemporáneo. A un año haberse liberado al país del yugo dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, los teatreros supieron unirse y acudir a este primer llamado para confrontar sus propuestas estéticas. Allí se escucharon nombres como los jóvenes Cabrujas, Chocrón o Chalbaud. Junto a los experimentados Rengifo, Peraza, Orsini, De paz y Mateos, Juana Sujo, Schön o Gramko. Esa ocasión fue la primera vez que el teatro venezolano logró un impulso de nuevas propuestas, audaces, arriesgadas y que marcó un hito en donde se exhibieron, discutieron y trascendieron las estéticas teatrales y las líneas teóricas que amparaban al teatro venezolano de la época.
Luego de esta experiencia mucha agua bajo el puente del teatro nacional ha corrido, 54 años han visto desfilar festivales de todo tipo, encuentros, clínicas, congresos, nacionales, regionales e internacionales.

1973, es el otro hito fundamental en materia de festivales, de manos de otros dos grandes visionarios de nuestra cultura: Carlos Giménez y María Teresa Castillo, se convocó el Primer Festival Internacional de Teatro de Caracas, que sumará este año XVIII ediciones y donde nuestro país pudo pasearse por lo mejor del teatro mundial haciendo que el nuestro se pensase e impulsara a estéticas superiores.

Hoy en nuestra ciudad, retomamos la necesidad de reunirnos y mirarnos frente al hecho teatral. Esa mima llama que consumía al macho cabrío en el Tímele (pedestal donde se sacrifica el al animal, para ofrendarlo a Dionisios) se perpetúa a partir del próximo 22 de febrero al iniciarse el II Festival de Teatro de Caracas (FTC). La Alcaldía de la ciudad, junto a su brazo ejecutor de los eventos culturales: La Fundación para el Desarrollo de las Artes (FUNDARTE) ha logrado de nuevo sumar esfuerzos y ofrecer un panorama del teatro nacional, ya que no sólo agrupaciones de la capital acudirán a la fiesta escénica, sino que varias compañías regionales mostrarán sus trabajos durante diecisiete días de vitrina dramática que con más de 250 funciones en 22 salas de teatro y espacios públicos del Municipio Libertador.
Un reto nada fácil teniendo en cuenta la logística técnica y la coordinación artística que se debe tener para llevar a cabo un evento de tal magnitud. Fundarte ya lo demostró el año pasado en el I FTC, cuando en Noviembre de 2011 se logró concretar la fiesta con la bandera de la restauración de varias salas del casco central de Caracas que se encontraban en el abandono o su uso se había desviado a otros fines.

Pero no sólo serán 17 días para ver obras y nada más. El evento se vislumbra de  gran importancia, en tanto ha podido, no únicamente convocar a disímiles agrupaciones de distintos lenguajes, ideologías y tendencias artísticas de nuestro país, si no que será una maravillosa oportunidad para reflexionar el teatro que tenemos en la actualidad. Docentes, maestros, críticos, investigadores llevarán a cabo varias actividades formativas en torno a variados tópicos de nuestro teatro, oportunidad que no debemos perder más aún cuando tanta falta hace detenernos a ver qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo en materia escénica en nuestro país.  

Estamos seguros que con esta II edición del FTC los venezolanos y en especial los teatreros estamos demostrando que sí se puede lograr una convocatoria plural en donde el protagonista es el Teatro Venezolano y no la mezquindad de un interés superior, sólo basta ver la grilla de esta edición para confirmarlo.

@rosasla / @en_primerafila
Caracas, 19/02/2013

jueves, 7 de febrero de 2013

Cabrujas nuestro clásico contemporáneo (Profundo)



La grandeza de un dramaturgo, no sólo estriba en acumular piezas teatrales, o ganar premios literarios. Lo más importante es que su obra trascienda en el tiempo y el espacio, que aunque sea localista se transforme en universal: He ahí la inmortalidad, he ahí un clásico.
No hablamos de otro que José Ignacio Cabrujas (1937-1995) uno de nuestros más importantes dramaturgos que vuelve a la palestra gracias al trabajo sostenido del Grupo actoral 80 (GA80) y su líder Héctor Manrique, quien se ha propuesto retomar la dramaturgia “cabrujiana” para mostrarla al país de hoy. Ya suman en su repertorio tres de las más emblemáticas piezas del autor a saber: El día que me quieras (1979); Acto Cultural (1976) y Profundo (1971); piezas que forman parte de lo que el crítico e investigador Leonardo Azparren, especialista en Cabrujas, ha denominado el cuadrivium, completado con El americano Ilustrado (1986).
El pasado fin de semana subió el telón de Profundo, en la Sala plural del Trasnocho Cultural, una de las obras más densas del maestro Cabrujas, en tanto en ella se mezcla un imaginario religioso, ideológico y social que retrata con excelsa ironía, como sólo él lograba hacerlo, al venezolano que pone su fe en “algo” que le cambiará la vida aunque ese “algo” no exista, no sea tangible y lo que consiga es el fracaso, la búsqueda de la riqueza fácil que culmina en una obsesión sin sentido.
En Profundo asistimos a la historia de la Familia Álamo, conformada por Magra (Tania Sarabia); Buey (Luis Abreu); Manganzón (Daniel Rodríguez) su esposa Lucrecia  (Pakriti Maduro) y su sobrina Elvirita (Angélica Arteaga) quienes viven en una vieja casona donde según un fenómeno sobre natural les hace creer que está enterrado un tesoro que los hará millonarios, la idea de la existencia del Padre Olegario (supuesto enterrador del cofre) es apoyada por La franciscana (Violeta Alemán) una suerte de vidente-mezcla entre sacerdotisa y bruja- que se encarga de realizar los ritos necesarios para encontrar el ansiado tesoro. Finalmente el mito de El dorado inexistente se cumple y la terrible realidad aplasta a la familia Álamo cuando lo que consiguen hallar es la putrefacta cloaca de donde emanan insólitos objetos que se transforman en símbolos determinantes para hablarnos de un país en ruinas que nunca deja de tener esperanzas de un cambio y siembra esas ilusiones en un mesías que nos salvará de todo.
La lectura escénica de Manrique en esta ocasión luce correcta, apegada al texto “cabrujiano”. Se apoya en el performance de sus actores, veteranos y talentosos. Logra salir airoso en una complicada puesta en escena, pues todo gira en torno al diminuto espacio donde se encuentra el hoyo que cavan durante toda la obra. Inteligentemente, Manrique pone atención en la dirección de actores y logra orquestarlos de una manera extraordinaria, cada uno en su rol logra descollar de forma contundente su carácter sobre la escena. La solidez del equipo artístico ofrece interpretaciones determinantes que pasean al público desde el humor negro hasta la risa que se transforma en mueca por la dura realidad que nos arroja en la cara el texto.
Destaca del grupo el trabajo del primer actor Luis Abreu con su interpretación de Buey, pleno de matices, cargado de intensidad y tensión, conmovedor en su relación con Magra y Manganzón, contundente en su obsesión por la riqueza fácil, con este trabajo comprobamos una vez más que Abreu tiene muy merecido el título de primer actor.  Lo secunda la versátil Tania Sarabia, sobre los hombros de estos dos veteranos descansa la pieza durante el primer acto, para luego pasarle el testigo a otra no menos veterana Violeta Alemán quien conduce de forma batallante al resto hasta llevarlos a la locura de la putrefacción de la cloaca hallada. Tania y Violeta son verdad en escena, sapiencia de nuestro arte y resolución escénica que todo aspirante a actor o director debe ver.
El elenco más joven que acompaña a los veteranos está amalgamado, destaca Pakriti Maduro que entrega una conmovedora Lucrecia, obsesa con la figura de Olegario, ya que es ella quien recibe la aparición y hace cumplir lo dicho por el cura. Maduro ha logrado en sus años de práctica actoral consolidarse como actriz y permitirse matices contundentes y verdaderos que conmueven al espectador. Daniel Rodríguez se encuentra en la búsqueda de su personalidad como actor, ha demostrado con creces su talento, observamos herramientas ya explotadas por él en su construcción de voz y cuerpo, sin embargo estamos seguros que explora territorios nuevos con su Manganzón. Por su parte Angélica Arteaga, correcta en su performance, debe cuidar diferenciar aun más del personaje similar por el que transitó cuando se llevó a escena Acto Cultural. Muy difícil tarea esta en tanto son caracteres sumamente parecidos.
En síntesis esta nueva lectura de Profundo invita a la reflexión no sólo por la grandeza de José Ignacio como cronista de un pueblo tan mancillado e inerte como el venezolano, si no por la contundencia del verbo “cabrujiano” que se ha transformado en nuestro clásico contemporáneo y a la vez por reconocernos en una historia que escrita a comienzos de los setenta parece que haya sido terminada de tipiar el día antes de su estreno en 2013. La historia es cíclica esperemos que no se convierta en un círculo vicioso que es lo que se vislumbra.
L. A. R
@rosasla
Caracas 6 de febrero de 2013.

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Adiós 2012! Resumen teatral del año


Obra: Páramo. Dir. Giuseppe Grasso 

La sobrevivencia del artista teatral venezolano fue el común denominador de este 2012 que finaliza. Actores, productores, directores, técnicos y estetas de nuestras tablas continúan en una voraz batalla por no perder sus espacios de creación y luchar por retomar la posición privilegiada del teatro venezolano de los 80 y 90.

La sociedad venezolana se ha convertido en los últimos años, en un colectivo limitado, no sólo económica, si no culturalmente hablando, el grave colapso de nuestra economía, ha obligado a los más jóvenes a abandonar el pupitre y conseguir así el sustento de forma más expedita, aunado al estrangulamiento de la meritocracia, hoy en día el venezolano ha dejado de lado la necesidad formativa por la supervivencia del más apto. En consecuencia, tenemos un pueblo sumido en la más terrible ignorancia e incultura al que le da lo mismo presenciar un asesinato frente a sus ojos sin hacer nada, que ver el show televisivo de una vedette presa o una sexy y voluptuosa “actriz” espetando gemidos en cualquier sala comercial de la ciudad.

Ante este marco social, no es precipitado pensar que el arte teatral de un país como el nuestro sufra las mismas consecuencias. El teatro venezolano que presenciamos hoy, y ya desde hace unos 15 años aproximadamente, está exento de análisis, revisión, teorías y autocrítica. El artista teatral actual prefiere sumar ceros a su cuenta bancaria que investigar, plantear procesos creativos, proponer lenguajes escénicos nuevos y se ha conformado con tratar de no perder la desenfrenada carrera por alcanzar el éxito comercial que se traduce en centavos que ingresan a los bolsillos de los productores. 

Es obvio que esta aseveración no trata de excluir la necesidad comercial del teatro, y las posibilidades que éste pueda ofrecernos para vivir de él en una forma digna y sin carencias, pero no debería prevalecer lo anterior en detrimento de las posibilidades artísticas y planteamientos de estéticas. Estos son dos grandes temas que constantemente hacen mella en la producción escénica nacional.

Obra: Las bacantes. Dir. Diana Peñalver

Ante este panorama, el 2012 teatral venezolano, lució variopinto, dando prevalencia al género de la comedia, sobre el drama, es obvio frente a un espectador evasivo que ha decidido reír antes que continuar sufriendo dentro de una sala de teatro lo que cotidianamente padece en su realidad. Pero a pesar de todo en este año que finaliza hubo experiencias artísticas que vale la pena no dejar de lado para poder ofrecer una mirada general de lo que fue producido y mostrado en las tablas venezolanas y que pudimos apreciar.

En el primer trimestre de 2012, destacan las puestas en escena de High (Alto) bajo la dirección de Luis Fernández; 8 rubias platinadas, de la mano del maestro Orlando Arocha y La enfermedad de la juventud, propuesta por la experimentada actriz Diana Volpe y su Hebu Teatro. Tres montajes que destacaron por su sinceridad, calidad artística y ofrecieron una palestra importante para mostrar a la generación de relevo de actores venezolanos. Amén de confirmar la premisa que siempre hemos apoyado desde esta columna: no sólo el artista televisivo debe estar involucrado en montajes comerciales de poca profundidad y excesiva superficialidad. 

High (Alto) Dir. Luis Fernández

El segundo trimestre de 2012 nos dejó la grata experiencia de ver resucitar al Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC) el cual se encontraba en un letargo comatoso desde 2006. La Fundación Festival Internacional, sustituta de la anterior Fundateneofestival, contra viento y marea logró concretar en abril de este año una corta muestra de algunas propuestas internacionales, la fastuosidad y grandilocuencia de hace seis años no se pudo lograr en tanto el Estado venezolano ahorcó las arcas de este evento y se separó de su participación fundamental en materia monetaria para poder concretar una producción de esta envergadura. Sin embargo la selección internacional estuvo cuidada, así como la nacional y prevaleció el teatro de texto sobre el espectáculo efectista.

De la selección internacional destacaron: Hamlet de los andes, provenientes de Bolivia, a nuestro juicio el mejor montaje exhibido. La razón blindada, ejecutada por el célebre grupo ecuatoriano Malayerba; Calisto, traído desde la península ibérica; Amarillo, de la agrupación mexicana Teatro Línea de Sombra y Tercer cuerpo del Colectivo Teatral Timbre 4, provenientes de Argentina. Montajes que demostraron un compromiso artístico impecable y produjo en el artista venezolano que pudo confrontarlos una sensación de nostalgia y sentida reflexión en cuanto a lo que está haciendo el teatro venezolano y lo que ocurre allende nuestras fronteras, esperamos con ansias que este 2013 venidero logremos presenciar la próxima edición del FITC, para así poder confrontar nuestras realizaciones con el teatro mundial.

El tercer trimestre estuvo pleno de montajes más arriesgados en lo que a propuestas estéticas y teatro de arte se refiere, pudimos apreciar una corta pero fructífera temporada de la pieza Pedro y el capitán, llevada adelante por el grupo REPICO, bajo la batuta de Consuelo Trum, quien este año se convirtió en la mejor directora de 2011 al otorgársele el Premio Municipal de Teatro de Caracas, por su dirección de la obra: Monstruos en el closet ogros bajo la cama. Junto a ella, destacaron otros directores como Orlando Arocha, quien tuvo un fructífero 2012 al adelantar varios montajes importantes, entre ellos, la lectura escénica de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, Anita la huerfanita, uno de los musicales más destacados del año y un homenaje al centenario de August Strindberg con sendos espectáculos: El pelícano y La señorita Julia, el segundo más cuidado que el primero en cuanto a calidad artística se refiere.

Pedro y el capitán. Dir. Consuelo Trum.

El joven director Jesús Delgado, no dejó de sorprender con su mirada íntima al universo chejoviano con sus Escándalos personales, donde demostró que recorre el camino correcto para convertirse en uno de nuestros grandes directores. Esperamos disfrutar sus propuestas para 2013.

También pudimos disfrutar del arrojo del actor y director Ricardo Nortier, quien se lució con dos temporadas de la pieza Después de la lluvia, donde logró concretar un sólido elenco y un cuidado espectáculo digno de ser prolongado en más temporadas.

José Simón Escalona, volvió a estar en el tapete al poner en manos de su patner Javier Vidal la responsabilidad de dirigir su más reciente texto escrito: De todas, todas. Una interesante y contundente reflexión acerca de las relaciones de pareja del mismo sexo y con edades muy disímiles. Nacho Huett y Gonzalo Velutini, supieron conmover a la audiencia.

No ocurrió así con el montaje que condujo el actor y ahora director Gonzalo Cubero, quien se arriesgó y aventuró a las lides de la dirección escénica y concretó la pieza Mientras te olvido, con un no muy feliz resultado en el que se destacó más el texto dramático que su propuesta de dirección.

En septiembre pudimos asistir a la concreción del comienzo de una prometedora carrera en las tablas, nos referimos al trabajo del joven director Luis Alfredo Ramirez, quien subió un importante escalón al asumir con éxito el reto de montar el drama Las neurosis sexuales de nuestros padres en la Sala Rajatabla, un espectáculo denso en temática pero con una inteligente resolución escénica y correcta dirección de actores donde Jenifer Urriola como su protagonista, ofreció una hermosa construcción de su carácter.

Las neurosis sexuales de nuestros padres. Dir. Luis Alfredo Ramírez

Pero las jóvenes promesas no se detuvieron ahí, para demostrar que nuestro teatro si tiene posibilidades de relevo, esta vez en el área musical, disfrutamos en el nuevo Teatro Municipal de Chacao, de la muestra final del Taller de Teatro Musical, que condujo el experimentado director César Sierra y que intituló ¡Clap!  Una suerte de collage de varios fragmentos de famosos musicales de Broadway, donde puso a prueba a más de 20 jóvenes actores, cantantes y bailarines, confirmando que Caracas es una cantera de talentos.

Este trimestre cerró con broche de oro, al mostrarse sendos espectáculos: La maleta, en su segunda temporada, a cargo de Moisés Guevara en la dirección y con las imponentes actuaciones de Elvis Chaveinte, Javier Vidal y Julie Restifo, una interesante reflexión acerca del matrimonio. Y el estreno en Caracas de La ratonera, de Agatha Christie que se convierte junto a High (Alto) en las producciones más taquilleras de este año. Un importante elenco entre teatral y televisivo de veteranos actores le permitió a su director Vladimir Vera llevar adelante un cuidado montaje.

La ratonera. Dir. Vladimir Vera.

Además de lo anterior presenciamos también un importante montaje de la mano de Rufino Dorta conduciendo a la célebre agrupación nacional Rajatabla, que a pesar de los embates presupuestarios y desapariciones físicas de sus principales fundadores logró en 2012, gracias a sus alumnos y elenco estable, estructurar un espectáculo de gran calidad al llevar acabo la puesta en escena de Muerte accidental de un subversivo latinoamericano.     

En el último trimestre, se logró apreciar variadas propuestas que nos permitieron reflexionar en cuanto a la importancia del apoyo al teatro de arte por parte de las salas más comerciales de la ciudad. Se pudo disfrutar de manos del veterano primer actor y director Luigi Sciamanna su lectura del texto norteamericano Más allá de la terapia. Una jocosa comedia contemporánea con muy buen gusto y sapiencia del oficio por parte de su elenco.

Otra comedia que llamó la atención fue el estreno del más reciente texto teatral de la dramaturga venezolana Carmen García Vilar, quién entregó en manos del director Moisés Guevara, sus Mandarinas, donde destacaron los trabajos de Sandra Villanueva y Andreína Álvarez.

En contraposición a la comedia, el Grupo Skena, presentó su lectura del clásico Hamlet, versionado por el maestro Ugo Ulive bajo la batuta de Armando Álvarez. Una intención modernizadora del montaje con poca claridad de objetivos estéticos produjo un espectáculo con altibajos y desaciertos artísticos.

En noviembre pudimos disfrutar de un importante evento en el que la Compañía Nacional de Teatro (hoy Centro Nacional de Teatro) Realizó un pequeño festival donde trajeron a Caracas los espectáculos de 23 estados del país. Muestras que posibilitó pulsar la situación teatral de las regiones de Venezuela. En síntesis fueron 15 días en donde se vislumbró la falta de apoyo al teatro regional, y se confrontaron disímiles propuestas evidenciando un desnivel muy marcado: así como hubo montajes muy deficientes e intrascendentes se logró mostrar trabajos de importantes compañías  de tradición en el interior del país que no han detenido su búsqueda estética. Destacaron: Páramo, del Teatro Profesional de Lara; Íntimamente Zárraga, de la Agrupación Teatral Coordinación del estado Yaracuy; Bifronte, desde el Zulia y La colección del peregrino, a cargo de la agrupación Teatro Tempo del estado Portuguesa.

Para cerrar el año, sendos montajes brillaron en la marquesina caraqueña, que dejaron un buen sabor a teatro profesional de altura y fácil exportación, demostrando así que los artistas nacionales no se rinden e insisten en permitir que el común venezolano disfrute de grandes clásicos sin que éstos se conviertan en somníferos. Hablamos de Las bacantes, espectáculo que llevó adelante la maestra Diana Peñalver Denis con su agrupación homónima, concretaron un hermoso espectáculo en el que la estética se fundió con una limpia y cuidada dirección apoyada de un nivelado elenco.

La Revolución. Dir. Armando Gota.

A su vez, el maestro Armando Gota, logró gracias a la producción del primer actor Gustavo Rodríguez, concretar el montaje del clásico venezolano La revolución, con motivo de la conmemoración del primer año del fallecimiento del dramaturgo Isaac Chocrón. Volvemos a encontrarnos con este montaje luego de más de 20 años, esta vez Rodríguez se hizo acompañar del actor Alejandro Corona, quien logró ofrecer un excelso ejemplo de actuación en este drama que a pesar de los años no pierde vigencia. 

In Memoriam

Como no todo es ficción en el teatro, lamentablemente somos seres humanos los que lo hacemos posible, este año tuvimos las penosas últimas funciones de extraordinarios artistas y compañeros que prefirieron continuar realizando sus funciones desde la eternidad:
En marzo se nos fue el primer actor Germán Mendieta, dejándonos en la mente el recuerdo de su inigualable trabajo sobre las tablas.

En mayo nos sorprendió la funesta noticia de la partida de la entrañable Lourdes Valera, histriónica mujer de nuestro arte escénico que nos regaló con su eterna sonrisa recordados grandes momentos a través de las miles de mujeres que interpretó y de su encanto personal.

Junio finalizó con la desaparición física de la Dama de la cultura venezolana María Teresa Castillo, quien con su trabajo ininterrumpido como gerente cultural y periodista logró concretar innumerables proyectos traducidos en instituciones como el Ateneo de Caracas, el CELCIT, Rajatabla, el Festival Internacional de Teatro y muchas otras, amén de toda una gesta impecable que será muy difícil de igualar.

En octubre se nos fue otro grande de nuestras letras, el dramaturgo Rodolfo Santana, el autor más prolijo hasta ahora con más de 120 piezas y guiones cinematográficos escritos, su aguda visión social y sus irreverentes personajes quedan como evidencia de una brillante e inquietante mente genial que logró conmovernos y reflexionar sobre lo que debe ser el venezolano, a todos ellos paz a sus restos.

No podemos dejar de mencionar como todos los años nuestra lista de destacados artistas y espectáculos, a los cuales asistimos, que a nuestro juicio son lo mejor de 2012: 
       
Mejor vestuario: Raquel Ríos y Efren Rojas (Las bacantes)
Mejor Iluminación: Giuseppe Grasso (Páramo)- Teatro Profesional de Lara.
Mejor Actriz de reparto: Beatriz Valdés (Después de la lluvia)
Mejor Actor de reparto: Augusto Galíndez (La ratonera)
Mejor Actriz: Jenifer Urriola (Las neurosis sexuales de nuestros padres)
Mejor actor: Alejandro Corona (La revolución)
Actor/Actriz Revelación: Yuri Pita (La srita. Julia)
Mejor Texto dramático venezolano: De todas, todas. José Simón Escalona.
Mejor Dirección: Giuseppe Grasso (Páramo) y Diana Peñalver Denis (Las Bacantes)
Mejor Producción: High (Alto)
Espectáculo más destacado: La revolución. Director: Armando Gota.
Producción regional: Teatro profesional de Lara (Páramo)

¡Feliz Año 2013!

L.A.R
@rosasla
31/12/2012

sábado, 24 de noviembre de 2012

Las mandarinas de Carmen


Carmen García Vilar, de profesión arquitecto, pero enamorada de la dirección de arte cinematográfica y teatral, fue seducida por la dramaturgia, y en pocos años se ha convertido en una de nuestras escritoras teatrales más premiada y prolija. En su haber ya suma más de 15 piezas y ha formado parte del staff de dialoguistas de varias producciones dramáticas de la tv. Hoy nos entrega su más reciente pieza estrenada Mandarinas, que se presenta bajo la dirección de Moisés Guevara y la producción de Jorgita Rodríguez en el Teatro Escena 8 hasta el próximo domingo 25 de noviembre.

El desarrollo escritural de Carmen García Vilar, es una dramaturgia de lo cotidiano, de personajes que viven sus dramas día a día pero donde siempre hay una salida feliz pese a los tremendos conflictos internos y externos que sus personajes deben sortear. La escritora, en el correr de su obra dramática ha puesto acento en los personajes femeninos, sus heroínas son esas mujeres venezolanas que no descansan batallando solas por hacerse una vida mejor. Son seres traicionados, desarraigados y hasta frustrados, pero sin perder nunca la esperanza de en algún momento encontrar un poco de felicidad. En cambio sus personajes masculinos, en algunos casos ausentes o reportan algún complejo que los minimiza con respecto a su par.  

En Mandarinas, se aleja un poco de su estilo dramático acostumbrado de sus otras piezas, en donde presentaba una historia que se va complicando a medida que avanza la acción y sus personajes se relacionaban e interactuaban de tal manera que el conflicto crecía hasta la solución final. Esta vez Vilar prefiere optar por los monólogos, aparentemente aislados unos de los otros, pero que si se ven en conjunto al final guardan alguna relación; pero que escénicamente pueden ser llevados al escenario de forma independiente y en cualquier orden sin alterar su hilo dramático.

El primero de ellos narra las vicisitudes de una joven ejecutiva que acude a un brujo para que le “monte” un trabajo a su novio que le ha secuestrado su camioneta nueva. En la función que apreciamos y evaluamos, estuvo a cargo de Sandra Villanueva, quien demuestra su talento e histrionismo al asumir los distintos personajes de su historia, maneja la comedia a sus anchas y gracias a la correcta dirección de Guevara, hace que la actriz pueda lucirse y permitir que el público disfrute plenamente de su manejo escénico. Sandra es un talento que debería estar más sobre las tablas ya que en ellas se encuentra como pez en el agua, ojalá los directores y productores de teatro y tv del país puedan disfrutar de su ángel en escena y la incluyan más en los elencos de piezas teatrales y telenovelas, estamos seguros que no se arrepentirán.
Luego de este jocoso monólogo, le toca el turno al actor (en el caso de la función apreciada) Arturo de los Ríos, quien comparte personaje con José Luis Useche y Jossué Gil. De los Ríos desarrolla un monólogo acerca de un obsesivo fetichista de carteras, un hombre traumado y aparentemente con algunas desviaciones, que quedan poco claras para el espectador, no se llega a determinar si es un aberrado sexual, o más bien un acomplejado y tímido vendedor de carteras.

Arturo de los Ríos es un actor en formación, que no ha logrado aún llegar a prepararse de forma determinante para asumir el compromiso de un escenario, a pesar del esfuerzo de dirección que notamos en esta puesta, aún le falta a este histrión creatividad y soltura sobre el escenario, no logra convencer con su desempeño, puesto que luce extremadamente rígido y sin lograr traspasar las fibras emocionales para transmitir algo más que palabras al espectador. No sólo se necesita un cartel televisivo para enfrentar al monstruo de mil cabezas que es el público. Estamos seguros que con mayor dedicación a su formación como actor podría lograr buenos trabajos.

La tercera parte de estas Mandarinas, estuvo a cargo de la actriz Andreína Álvarez. Esta intérprete demuestra con su performance, que ha crecido a pasos agigantados en su carrera, con un arrollador talento, Andreína se pasea con absoluta verdad y comodidad por quizás el texto más interesante de los tres por la anécdota que cuenta: Una humilde mujer que ha pasado la mayor parte de su vida montada en un autobús por puesto. Sus miserias, amores y la poquita felicidad que le ha tocado, la ha conseguido en estas unidades. Hasta el primer amor que la conduce a la tragedia. El director, supo sacar de Álvarez sus mejores matices en este complicado monólogo que va desde la comedia hasta la más conmovedora tragedia y que resulta el personaje que al final de la historia funciona como epílogo de la anécdota y reflexión a la que nos quiere conducir Carmen García Vilar y que no es otra que la vida es como una mandarina que se come a “gajitos” pero que a veces resulta difícil de pelar y no como reza el tradicional dicho popular: “más fácil que pelar mandarinas.”

L.A.R /@rosasla
Caracas, 23 de noviembre de 2012.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Saltando por los tiempos de Rulfo



La historia teatral venezolana de finales de los ochenta y durante casi toda la década de los noventa significó un amplio despliegue y desarrollo escénico que se propagó por todo el país. Antes de morir ese genio creador y gerente que era Carlos Giménez en 1993, dejó sembrada la semilla de los TNJV (Teatros Profesionales Juveniles de Venezuela) uno en cada región, emulando el proyecto maravilloso que logró concretar el Maestro José Antonio Abreu con sus orquestas infantiles y juveniles. Con el correr del tiempo y gestiones gubernamentales, sin una coherencia de políticas teatrales estas agrupaciones murieron de mengua y fueron desapareciendo o mutando en otros colectivos, sin abandonar sus orígenes.

Este es el caso del TNJV Lara, hoy transformado en el Teatro Profesional de Lara, quienes liderados por Giuseppe Grasso y Nelson Pérez, han logrado mantener la embarcación a flote por no menos de veinte años y se niegan a sucumbir a la desidia y el olvido. Han sobrevivido en su sede, en la ciudad de Barquisimeto, constituyendo no sólo una familia, sino una agrupación que se ha transformado en punto de referencia obligatoria cuando hablar de teatro en el Estado Lara se refiere, así han dado continuidad a un trabajo artístico ininterrumpido que arroja hoy un excelso resultado: Páramo, versión teatral de la novela Pedro Páramo, escrita por el mexicano Juan Rulfo y que fascinó a los espectadores caraqueños en el legendario Teatro Nacional el sábado 17 y domingo 18 en la continuación de las 24 Muestras de la Compañía Nacional que sucede en Caracas hasta el 25 de noviembre próximo.

La inteligente lectura escénica que logra Grasso se concreta en un trabajo experimental donde mezcla el teatro, la danza y el video en una clara y definida propuesta que encierra la esencia de la novela original y en donde el hilo conductor es una vez más el abuso de poder y el patriarcado que tanto daño hasta nuestros días ha hecho a nuestra cultura latinoamericana.

Seres muertos-vivientes, zombies, que deambulan por un pueblo olvidado y arrasado por la miseria a consecuencia del manejo excesivo del poder en manos de Pedro Páramo es el punto de partida para generar la acción dramática. Juan viaja a Comala como promesa de muerte a su madre quien le pide que vaya en busca de su padre. Al llegar Juan consigue fantasmas que lo van devorando poco a poco hasta descubrir que su padre ha muerto pero nadie sabe decirle cómo ha muerto y quién lo mató. Buscando esa respuesta sucumbe también al inexorable destino del pueblo.

Una estética trasgresora, en la que Grasso logra crear atmósferas e imágenes imposibles de olvidar, un gran espectáculo donde la blancura de la niebla creada por el polvo se convierte en lluvia, humo, sequía y velo que oculta las verdades de un pueblo maldito en el que el destino cobra la vida de quien se atreva a desentrañar el pasado. Crítica a la vida campesina, a los terratenientes, al poder mal administrado, a la iglesia corrupta y de fácil extorsión y al dominio del macho sobre la hembra y en donde el infalible tiempo se convierte en cuerda floja que se tambalea entre la vida y la muerte, para finalmente romperse, Eros y Tánathos en feliz copulación.

Una redonda y limpia puesta en escena se concreta con la investigación corporal y vocal de los actores, quienes se transforman en súper marionetas, en titanes físicos que padecen la tortura de estar encerrados en un destino del que no pueden escapar. Bajo la estética del expresionismo, Grasso logra mezclar tendencias en un feliz melange con las historias de mitos y tradiciones de muertos vivientes. La pureza del blanco mezclado con el negro de la sangre, le coloca el acento trágico a la condena de estos seres que deambulan esperando su próxima víctima, aquel que hoce desenterrar lo que polvo es… Apoyado por la artista, Glenda Graterol en el vestuario, conjugando elementos tradicionales y modernos.

En cuanto a las actuaciones, gratamente nos sorprenden las generaciones de relevo del teatro larense, comprometidos, arriesgados y entregados a un trabajo nada fácil, exigente por las condiciones escénicas, por el trabajo físico y vocal y por la propuesta de dirección en la que el actor debe ir hasta las últimas consecuencias de su límite físico muy a la manera “artaudiana”. Destacan del grupo masculino: Nelson Pérez como Pedro Páramo, desenfadado y veterano de las tablas, Leonardo Goncalves, como Juan Preciado, construyendo un conmovedor carácter pleno de matices y transiciones bien hiladas, Lenín Gámez como Miguel Páramo y Bartolomé San Juan, derroche de riesgo y arrojo corporal y Erick Aldao como Fulgor Sedano, con un sorprendente dominio escénico. Completan el elenco masculino, no sin menor contundencia: Eliéser González y Manuel Devíes, quien lleva sobre sus hombros la responsabilidad de dar vida al Padre Rentería, quien encarna a la iglesia corrupta. 

En el elenco femenino encontramos verdad y sencillez en la composición de caracteres y un nivel mucho más parejo que en el elenco masculino: Mary Carmen Briceño, Edy Jiménez, Josibell Sivira y María Laura Velásquez demuestran que Lara es tierra de buenas actrices. 
Encontrarnos con este montaje de Paramo, representa una gran sorpresa en este país teatral donde hace ya mucho tiempo que se perdió la idea y el trabajo de grupo. Las obligaciones de supervivencia de los artistas los han forzado a no atarse a ningún colectivo teatral y por el contrario trabajar en múltiples agrupaciones con distintas tendencias, lo que ha ocasionado que se haya perdido el interés y la necesidad de investigación y búsqueda de lenguajes propios, por eso el que el teatro profesional de Lara tenga la posibilidad de mantener un trabajo artístico constante y fieles a lo que debe ser una agrupación seria y comprometida con el desarrollo teatral de su región ya es un logro que debe aplaudirse de pie.

Teníamos mucho tiempo sin ver en Caracas montajes de este tipo, donde la experimentación, el teatro y sus múltiples discursos hacen feliz comunión, para ofrecer un producto de calidad de exportación. Creemos hoy por hoy que Giuseppe Grasso con esta propuesta de lectura escénica de Pedro Páramo, se ubica dentro de la lista de los directores venezolanos más importantes y que tiene algo qué decir más allá de la comercialización de nuestro arte. Un hombre de teatro al que no hay que quitarle la mirada ya que estamos seguros se proyectará más allá de nuestras fronteras, con este espectáculo Páramo, Venezuela estaría extraordinariamente bien representada y a la altura de cualquier agrupación del mundo para medirse en festivales internacionales. Ojalá los entes oficiales y privados se den cuenta de esta cantera artística y ofrezcan el apoyo necesario para su continuidad.

L.A.R
@rosasla
Caracas, 19 de noviembre de 2012.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La Compañía Nacional de Teatro respalda el teatro regional.


Muy lejos estamos de los tiempos en que la Compañía Nacional de Teatro era una agrupación que con elenco estable y sede en el Teatro Nacional en la Esquina de Cipreses, realizó una de las mejores gestas teatrales con tres producciones al año donde se mostró lo mejor del teatro universal y venezolano. Hablamos del comienzo de los años 80 y su líder Isaac Chocrón, impulsó todo un movimiento alrededor de la Compañía Nacional que dio sus frutos a posteriori en la camada de actores, directores, productores, escenógrafos, dramaturgos y técnicos que se formaron en la llamada época de oro de la compañía. Hoy estrenando nombre (ahora no es Compañía Nacional de Teatro, si no Centro Nacional de Teatro) y estrenando director, el sociólogo Alfredo Caldera, hombre de teatro, actor, diseñador de iluminación, nos traen a Caracas una muestra de las llamadas Co- Producciones con los estados.

En su evolución La Compañía Nacional, devino en una productora de espectáculos que en co-producción con otros colectivos teatrales de todo el país y con las propias comunidades han llevado la experiencia teatral a todo el mapa nacional. Eduardo Gil su director saliente, se propuso este proyecto que hoy se muestra en Caracas para pulsar la salud del teatro regional, en lo que se ha denominado “Muestra 24 co-producciones Teatrales” enmarcado en el proyecto denominado “Teatro para todos los venezolanos” es así como desde el 10 y hasta el 24 de noviembre en los distintos teatros del casco central de la ciudad, el Teatro Alberto de Paz y Mateos, la Sala Rajatabla, el Teatro Catia y el Teatro Cristo Rey, se podrán apreciar 24 espectáculos provenientes de todos los estados del país.



Portuguesa y Monagas abrieron la muestra
El pasado fin de semana, le tocó el turno a los teatreros del Estado Portuguesa y Monagas con sendos espectáculos que se exhibieron en los teatros nacional y Municipal, respectivamente. El Teatro Estable de Muñecos Tempo, trajo como equipaje una pieza de teatro histórico denominada: La colección del peregrino, tragedia sórdida en ocho partes obra original de Daniel Di Mauro que narra las vicisitudes del Tirano Aguirre en suelo americano.

Protagonizada por el primer actor Aníbal Grunn y dirigida por Carlos Arroyo, el espectáculo muestra en hora y media los últimos días de la vida de este colonizador español y el tránsito de su venganza en contra del rey. Según la historia, Lope de Aguirre representaría el primer grito de desconocimiento de la corona al separarse de las filas españolas y querer por todos los medios asesinar al rey y colocarlo en la macabra colección de cabezas que iba agrupando a medida que transitaba por los pueblos americanos. “Lope de Aguirre, natural de España, llega a América a mediados del siglo XVI, dispuesto a conquistar un “Nuevo Mundo” en nombre del Rey y la Corona. Al poco tiempo decide entrar al negocio de la venta de plata, razón por la cual es acusado de violación a las leyes de encomiendas y sentenciado a cien latigazos en plaza pública. Este acontecimiento trastorna la mente de Lope y decide vengarse del juez que lo sentenció, asesinándolo. Es condenado a muerte y se convierte así en un peregrino que huye” (Tomado del programa de mano de la obra)
La lectura escénica de Carlos Arroyo concreta un espectáculo de alta factura estética y teatral, se concentra en su protagonista y no es defraudado por su actor Aníbal Grunn, quien construye un complejo personaje oscuro, psicópata que raya en la demencia por su sed de venganza, demostrándonos una vez más por qué es calificado como uno de nuestros primeros actores. El resto del elenco lo acompaña y logran amalgamarse en actuaciones convincentes en las que destaca Karelis Zalazar como Elvira, hija del tirano y también asesinada por éste.

La armonía de elementos estéticos es la otra gran protagonista de esta pieza, gracias al diseño de vestuario, utilería y escenográfico de Rafael Sequera y la iluminación de Kelynson Berríos, se logra una particular atmósfera que nos traslada a las aventuras del legendario tirano. Quizás el acierto de la dirección llega a su cúspide al combinar las actuaciones con los muñecos y títeres (esencia de esta agrupación fundada por el Maestro Eduardo Di Mauro) pero que al enfrentarse a una puesta de teatro histórico como ésta, aporta dinamismo y síntesis a la historia.

En síntesis lo que se podría suponer como un teatro aburrido y falto de interés por su carácter histórico, se constituye en un poético e impactante espectáculo que cuenta la tragedia de un personaje olvidado por su crueldad, pero que con este texto logra ser reivindicado al presentarnos al Lope de Aguirre de carne y hueso con sus razones y padecimientos y sus obsesiones. 

Un Woyseck oriental.



Desde la ciudad de Maturín al oriente de nuestro país nos llegó la lectura escénica del clásico alemán Woyseck que inaugura el llamado Expresionismo alemán a medidos del Siglo XIX. Una fuerte crítica a la explotación del hombre y cómo es posible llevar a la locura a un ser minimizado por el poder, es lo que Büchner, su autor, quiso poner de manifiesto en este drama trágico. El montaje estuvo a cargo de la agrupación La brecha, colectivo teatral de larga data y tradición en Monagas y que Juan Ruedi ha sabido conducir sin desfallecer apuntándose en la historia teatral de nuestro país.

Esta vez Ruedi sede la dirección de este espectáculo a Luis Garván, quien ofrece una puesta en escena sumamente confusa y poco clara del clásico. El reto de este tipo de textos no sólo es la magnitud de ser por sí mismo un clásico, si no la forma en cómo Büchner teje la trama para llevar a la locura y posterior muerte de Woyseck. Esta propuesta luce poco creativa, sin ningún riesgo estético ni teatral, no existen justificaciones aparentes para tomar la decisión de montar un drama tan complejo y a la vez filosófico hoy en día.

Observamos el esfuerzo actoral, es claro que La brecha Teatro tiene un extraordinario curriculum comprobado en innumerables montajes que por más de 30 años han demostrado su sapiencia del oficio, sin embargo en esta propuesta equivocaron el rumbo. Gracias a una incorrecta dirección, el talento actoral sufre las consecuencias e histriones que sabemos y conocemos son profesionales comprobados sobre las tablas hacen su mejor esfuerzo por llevar adelante el espectáculo, que lamentablemente no llega a feliz término.

El teatro es así, la confrontación con el espectador que es el que tienen la última palabra, supone el riesgo para los artistas, algunas veces acertamos y otras no, sin embargo estamos seguros que con una revisión profunda de la propuesta de dirección y claridad en las intenciones podrán hacer de este espectáculo una excelente experiencia estética que podamos aplaudir de pie para recuperar el sitial al que nos tiene acostumbrados La Brecha.

Caracas, 15/11/2012
@rosasla

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Luigi Sciamanna va Más allá de la terapia


Desde el pasado 2 de noviembre, comenzó una nueva temporada de la pieza teatral escrita por el dramaturgo norteamericano Christopher Durang en la sala Plural del Trasnocho Cultural, bajo la batuta del actor, director y dramaturgo Luigi Sciamanna bajo la producción de Andrea Miartus quien también es su protagonista, se trata de una comedia que aborda las relaciones de pareja de todo tipo y cómo éstas buscan sosiego en la consultas de psiquiatras que aparentemente están más descolocados que sus propios pacientes.

Ya habíamos conocido el texto y montaje de esta pieza cuando para inaugurar la Sala Principal de este mismo recinto artístico, la actriz Marialejandra Martín había realizado una primera lectura escénica venezolana de esta comedia. Ahora y con una propuesta minimalista volvemos a vivir los embates de dos personajes (Prudencia y Bruce, a quien todos llaman Alfredo) que se conocen por avisos clasificados en búsqueda de parejas como forma práctica de superar sus escollos emocionales en sus relaciones interpersonales.

Prudencia acude a su terapeuta el Doctor Stuart Bracamonte (Paul Gámez), quien además se ha convertido en su antiguo amante y está obsesionado sexualmente con ella. Por su parte Bruce se hace ver con la Doctora Charlotte Wallace (Sheila Monterola), extraña mujer que sufre de falta de memoria reciente y aplica “terapias de besos” para hacer reaccionar a su paciente, quien atormentado por su bi-sexualidad, acude en su ayuda.

La pieza de Durang intenta hacer una radiografía de las relaciones contemporáneas en las que la diversidad sexual y la amplitud de mentalidades de hoy en día al ser humano  el stress de lidiar con más de una persona como amantes o parejas y tratar de aparentar la normalidad en la cotidianidad de sus vidas.

Sciamanna en esta propuesta escénica se preocupa más por el fondo que por la forma, construye así un espectáculo en el que se concentra en la interpretación de sus actores, en el decir, más que en la espectacularidad de la escena. El espacio vacío le permite la multiplicidad de escenarios en donde transcurre el drama y despoja de todo artificio estético, más que unos elementos necesarios y vestuario acorde con sus personajes.

Esta forma de dirigir pone el acento en el actor, pues no existen elementos estéticos ni externos que hagan ruido al espectador quien se ve obligado a seguir la anécdota y concentrarse en el desempeño actoral, quienes cumplen cabalmente con sus roles. Sin embargo hay elementos necesarios y típicos de la comedia en donde Sciamanna y sus actores ponen el acento para conseguir el feed back del público. Chistes fácilmente reconocibles de nuestra cotidianidad. Construcción de personaje sumamente caricaturesco y hasta grotesco, aunado a las situaciones de equivocación de los mismos.

 Más allá de la terapia, no ofrece nada nuevo acerca de las relaciones de pareja, es un discurso ciertamente bien estructurado y con sentido, que lo que busca simplemente es convertirse en un divertimento que hace pasar un rato agradable al público sin muchas pretensiones artísticas o estéticas. Es un teatro ligero, sin llegar a ser una comedia comercial superficial, en la que, no cabe duda el espectador caraqueño se verá inevitablemente reflejado.

Destacamos el trabajo de los 4 protagonistas principales, quienes llevan en sus hombros el hilo dramático de la historia, de sobre manera el desempeño de la siempre histriónica Sheila Monterola y el ducho Alexander Solórzano, quienes son secundados por sus respectivas parejas: Paul Gámez y la también productora del espectáculo Andrea Miartus que lucen cómodos y disfrutando su trabajo. El elenco lo completan Jean Carlos Rodríguez y Juan Carlos Martínez que cumplen con lo exigido por la dirección pero sin embargo el desarrollo de sus personajes no les permite mayor posibilidad de creación.

En síntesis Más allá de la terapia, en esta segunda vuelta, estamos seguros podrá arrancar risa y reflexión al público caraqueño, aplaudimos que se logre una sólida comedia con actores que no son cartel televisivo sino comprobados artistas de las tablas que recomendamos no pasar por alto.

Caracas, 07/11/2012  
@rosasla