sábado, 6 de octubre de 2012

Rajatabla no se detiene



Muerte accidental de un subversivo latinoamericano, es el nombre de la más reciente pieza que lleva a las tablas el emblemático grupo venezolano Rajatabla. Con 41 años de trayectoria la agrupación no se detiene e intenta retomar la posición que en otrora gozó luego de la muerte de sus creadores.

Desde 1993 con la desaparición de su fundador y principal motor creativo, Carlos Giménez, una de las compañías más importantes de nuestro teatro ha sufrido transformaciones necesarias para sobrevivir y no desfallecer en el propósito de llevar teatro de calidad a los espectadores que por más de 4 décadas han sido fieles a su estética. Después de la ausencia de Giménez, Francisco (Paco) Alfaro asumió el mando y logró enderezar el camino extraviado por el duro golpe, sin embargo el destino continuó dando sorpresas y víctima del cáncer Paco también sucumbió y debió abandonar la nave, ahora de manos de William López, actor y gerente cultural, Rajatabla intenta sobrevivir a la fuerte historia que le ha tocado en estos últimos 15 años.

Pero como Giménez era un visionario y logró entre otros tantos proyectos concretar el Taller Nacional de Teatro (TNT) con el fin de formar a las nuevas generaciones del teatro nacional, y alimentar a su elenco, esta cantera ha dado sus frutos, y lo ha demostrado y confirmado en estos últimos años ya que de ella se han construido las bases que sostienen actualmente a la agrupación. Es así como sin perder el Norte Rajatabla se ha apoyado y solidificado a partir de las distintas promociones que han salido de las filas del TNT. Una muestra de ello es este reciente montaje de un texto del Premio Nobel Darío Fo versionado por Rodolfo Santana y que conduce inteligentemente Rufino Dorta, ex alumno del taller y quien se perfila como un serio puestista y director de actores que ha dado con sus propuestas nuevos aires vigorosos al colectivo teatral.

En la anécdota contada, El Loco, protagonista de la historia, logra develar ante la opinión pública los desmanes del sistema policial de una localidad, haciéndose pasar por varios personajes que irán corriendo el velo para criticar duramente las fórmulas de interrogatorios y torturas a las que son sometidos los inocentes cuando los intereses superiores necesitan que sean culpables. Partiendo de la anécdota real, ocurrida en Italia, Fo arma el entramado dramático en torno a un teatro de corte político-crítico pero con un fino humor que pone en evidencia su gusto por el tema social, que encontramos a lo largo de toda su dramaturgia. Por su parte Santana, lo que realiza es un acercamiento al mundo latinoamericano, que quizás nos coloca más cerca de la anécdota.

La lectura escénica que realiza Rufino Dorta está apegada a la estética bufonesca y coqueteando con la comedia del arte, este recurso le funciona excelentemente bien en tanto caricaturiza a los personajes y los lleva a tal extremo que se convierten en una mueca de la terrible realidad que se vive dentro de los cuerpos policiales y de investigación. Su puesta en escena se apoya además del talento de esta nueva camada de actores que asumen la responsabilidad con todo su arte y logran impactar al espectador con las ejecuciones sobre el escenario. Acompañados del hoy Primer Actor de Rajatabla: Gerardo Luongo, quien demuestra por qué goza de este sitial dentro del grupo, el elenco se acopla y logran cautivar al espectador quien inmediatamente se conecta con lo que ocurre frente a sus ojos, son ellos: Ernesto Campos (Comisario Pérez), Juan Carlos Becerra (Agente), Ángel Pájaro (Comisario Herrera), Heriberto Garcés (Comisario Jefe) Adriana Bustamante (Periodista) de quienes estamos seguros oiremos hablar más temprano que tarde como los protagonistas del nuevo teatro venezolano.

En síntesis creemos que Rajatabla ha enderezado de nuevo el camino y comienza una nueva etapa, es lo que hay que hacer, las ausencias deben llorarse y tomar de ellas el legado para transformarlo y continuar creando. El pasado se revisa y se supera, pero el presente es hoy y con este cuidado montaje Rajatabla confirma que no se detiene y que busca desesperadamente lograr concretar una nueva estética acorde a los tiempos que vivimos. ¡Bravo para ellos!


@rosasla
Caracas, 5/08/2012



El sol brilla en el Teresa Carreño


El pasado sábado 25 de agosto, se estrenó en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño el esperado musical Anita la huerfanita, bajo la producción de Heli Berti y Carlos Sedan, la dirección general del maestro Orlando Arocha, junto a las coreografías de Armando Díaz, el acompañamiento musical de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho de la mano de Vladimir Pérez Peraza, la escenografía de Ricardo Morales y María Luisa de Escotet como vestuarista.
Finalmente los caraqueños pudieron apreciar el esfuerzo de 50 actores, 40 músicos, 20 bailarines y 48 niñas, que durante seis meses de ensayo estuvieron preparando el espectáculo que hoy se exhibe en el coso de Bellas Artes y que extenderá su temporada hasta el domingo 2 de septiembre.
La historia:
La pequeña Anita, representada en esta ocasión por las niñas: Dangelys Canabal, Daniella Ravelo, Mairilys Pensa, es una huérfana que vive en un orfanato regentado por la Señorita Hannigan (Alicia Plaza), una mujer malvada que odia a la niña. Por azar, Anita entra en la vida del millonario Oliver Warbucks (Miguel Ferrari); éste, en un primer momento, se muestra contrariado por la intrusión, aunque empieza a tomarle afecto a la pequeña y decide adoptarla.
Sin embargo, Anita sigue decidida a conocer a sus verdaderos padres, ignorando que fallecieron en un incendio años atrás y pide ayuda a su protector quien mueve  sus contactos para poder conseguir a los padres de la niña, ofreciendo además una jugosa recompensa. Una pareja de bribones, Gallito (Carlos Arráiz) y Lily (Elaiza Gil), se hacen pasar por los padres, ayudados por la Señorita Hannigan, hermana de Gallito, en la confianza de acceder al dinero. Sin embargo, el día de Nochebuena se descubre el engaño y Gallito, Lily y la Señorita Hannigan son finalmente detenidos.
Toda esta historia parte de los comics que en los años 20 hicieron popular al personaje y sus aventuras en búsqueda de sus padres y que generaron versiones teatrales, musicales y hasta en el cine.
Orlando Arocha y Heli Berti, son hombres de larga experiencia en las tablas venezolanas, respetados profesionales del arte escénico que al embarcarse en un proyecto de esta envergadura, saben lo que están haciendo y cómo es la manera de hacerlo, lo demostraron la noche del sábado cuando ofrecieron un musical cuidado en detalles, apegado a la época que exige la historia, con adecuadas actuaciones y con una producción impecable que demuestra una vez más que los profesionales del teatro en nuestro país se encuentran a la altura de cualquier grupo foráneo.
Sentimos que un pilar fundamental de este espectáculo, como es normal, reside en las coreografías, tratándose de un musical, el elemento fuerte además del canto y la actuación, es el baile y aquí debemos aplaudir la labor de Armando Díaz, bailarín profesional, líder de la Compañía de danza contemporánea Siete Ocho y quien en pocos años se ha convertido en uno de los nombres más importantes de la danza contemporánea en nuestro país. La puesta en escena de Anita la huerfanita, junto al dibujo coreográfico, realizan una feliz comunión produciendo en su justa medida la magia que se requiere para este tipo de montajes. Acompañados por la correcta ejecución de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, lograron amalgamar junto al talento artístico sobre la escena un conjunto fascinante que engancha inmediatamente al espectador.
La tradición del musical no es una exclusividad de nuestro país, ha sido en los últimos años que hemos visto cómo este género escénico ha tomado más adeptos y son ahora más los productores que se arriesgan a una inversión millonaria para llevar a escena obras de este calibre, lo vimos el año pasado de la mano de Magno Producciones cuando presentaron Cabaret, en la misma sala, o con los que abrieron la brecha, el colectivo Palo de Agua Producciones que concretaron el montaje de Los productores o El violinista sobre el tejado y hasta Jesucristo súper estrella. El más reciente fue La novicia rebelde, que nos deleitó bajo la dirección de Vicente Albarracín. Definitivamente los venezolanos están agudizando el gusto por este tipo de espectáculos, nada fáciles de llevar a escena, en tanto suponen una cantidad mayor de personal artístico y una coordinación milimétrica entre todos los factores que entran en juego para la ejecución óptima del musical.
En Anita la huerfanita, se aprecia claramente la mano de un experto director escénico que no deja detalles por fuera, hay cuidado en las actuaciones y sobre todo sorprende la ejecución de las niñas que asumen el papel protagónico y sus compañeras de orfanato, quienes se muestran seguras y con una calidad vocal envidiables ya a su edad, estamos seguros que oiremos hablar de estas infantes en su desarrollo artístico.
Del elenco de veteranos resalta el trabajo de Carlos Arráiz en el papel antagónico, demuestra su crecimiento como actor en este tipo de trabajos. Elaiza Gil, quien lo acompaña como pareja luce menos aplomada que Arráiz, pero estamos seguros que con el correr de la temporada dará soltura a su divertido personaje, entendemos también que asumía parte del rol de producción lo que seguro restó a la interpretación. Aplaudimos la reaparición de Alicia Plaza que se explaya y logra un desenfadado carácter sobre la escena. Por su parte hay que destacar el impecable trabajo de Andrea Sousa como Grace Farrel, la asistente del millonario Oliver Warbucks, extraordinaria ejecución y presencia escénica, demostrando su talento y preparación en las lides del teatro musical. Junto a ella el veterano actor Miguel Ferrari da muestras de su manejo escénico e innegable calificativo de primer actor. 
Estamos seguros que el equipo de producción de Anita la huerfanita, debe estar satisfecho con el logro alcanzado, en un dinámico, conmovedor, inteligente y hermoso espectáculo musical que demuestra cómo en el país se pueden lograr las cosas cuando se trabaja de forma profesional y en pro de hacerlo bien.

@rosasla
Caracas, 27/08/2012 

Hasta que la muerte nos separe




Las relaciones de pareja han sido y serán una fuente inagotable de creación en lo que a dramaturgia se refiere, desde Medea y Jasón pasando por Tristán e Isolda, transformados después en Romeo y Julieta, para desembocar en Nora y Torvaldo de Casa de Muñecas, el imaginario colectivo siempre gusta de ver retratado sobre la escena esa característica particular del ser humano que se reduce a sus vínculos de pareja y todo lo que éste conlleva.

Amor, desamor, engaños, infidelidades, rencores, maltratos, separaciones, traiciones, celos, y un infinito etc. han sido llevados a la escena unas veces más afortunadas que otras pero manteniendo un mismo hilo conductor: ¿Cómo nos relacionamos íntimamente los seres humanos? Y ¿Cuáles son las consecuencias de esas relaciones?

En nuestro atribulado siglo pasado y comienzos del globalizado XXI las relaciones de pareja se han diversificado y transformado en compromisos poco duraderos y más libres, lo que sí ha sido una constante a través del tiempo es la pericia de los amantes por tratar de estar juntos por los siglos de los siglos y evitar que un tercero irrumpa en la relación para moverle el piso a cualquiera de las partes y que la haga despertar a sensaciones nuevas e insospechadas que terminen por acabar la relación o por rescatarla de la inopia.

Al igual que el venezolano, el teatro argentino desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días, se ha transformado en un teatro mucho más existencialista e íntimo, gracias por su puesto a una fuerte influencia del teatro norteamericano. El realismo psicológico irrumpió en la dramaturgia argentina para no irse más lo que produjo una cantidad de autores que hurgaron en la intimidad del ser humano y sus relaciones con el entorno. En esos casos, algunas propuestas escénicas se volcaron a escudriñar el mundo psicológico de los personajes y sus posturas ante distintos hechos humanos.

Julio Mauricio (1919-1991) pertenece a esta camada de dramaturgos, donde también podemos encontrar a Mauricio Kartum u Oswaldo Dragún, pilares fundamentales de la dramaturgia contemporánea en el país sureño. En 1969 estrenó La Valija, historia donde una pareja de esposos consolidada es agobiada por la rutina, el trabajo y el hastío, trata de llevar una relación “normal” pero se le interpone un elemento catalizador (un tercero) que logrará avivar en ella las ganas de trascender a algo más que su asfixiante rutina. Para despertar de nuevo el amor por el otro.

La Maleta, es la versión escénica que propone en 2012 el director venezolano Moisés Guevara junto a los veteranos actores: Julie Restifo y Javier Vidal, acompañados por el joven Elvis Chaveinte, bajo la producción de la Asociación Cultural Humbolt y que cumple temporada en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural.

De esta remozada lectura del Siglo XXI, resulta una hermosa reflexión acerca del matrimonio y su necesidad de permanencia en el tiempo, aquí Moisés Guevara inteligentemente se apoya en un casting nunca antes mejor escogido. Julie Restifo, consigue unos extraordinarios matices y transiciones, dando muestras de su innegable calificativo de Primera Actriz, silencios, gestos y actitudes, hacen que el público se conmueva y la acompañe en su despertar a la vida de nuevo, luego de más de 20 años de matrimonio infeliz donde su marido se ha convertido sólo en un monologuista interminable de sus acciones laborales. Creemos que con este personaje Restifo llega a un escalón importante de su carrera.

Por su parte Vidal acompaña a su  patner y entre los dos dibujan un sentido retrato de una pareja en crisis. Su performance sorprende en tanto configura un carácter explosivo pero a la vez minuciosamente trabajado en los matices de quiebre cuando cae en cuenta del dolor que causa la traición de su amada y las consecuencias de su no atención al matrimonio.    

Elvis Chaveinte, en el papel de Horacio, el joven adonis que se enamora de Luisa (Julie Restifo) y causa que sus creencias e ideas sobre sí misma comiencen a bullir hasta llegar a cometer la infidelidad sexual, luce aplomado, correcto en su papel de tímido escritor que no logra saber cómo manifestarle a aquella mujer mayor que él su deseo. Su expresión corporal e interpretación textual logran cautivar al espectador que lo justifica y entiende en su necesidad dramática.

Un feliz trío de intérpretes que junto a la atinada dirección de Moisés Guevara y los elementos estéticos que conforman el conjunto total, nos ofrecen un teatro profesional de altura en donde aun se comprueba la vigencia de un texto teatral que escrito en los años ’60 tiene cosas que decirle a los espectadores contemporáneos y es claro pues hoy en día continuamos relacionándonos y esperando que sea “hasta que la muerte nos separe”

@rosasla

Caracas, 07/09/2012                                     


Una taquillera Ratonera



En todo un clásico del teatro inglés, se ha convertido la pieza La ratonera, escrita por Agatha Christie, la reconocida, Reina del crimen, novelista del género policial, que creó este drama en los años ’50 y desde su estreno se ha mantenido en cartelera de forma continua por 60 años, ahora en agosto de 2012 llega a Caracas, de la mano de las actrices y productoras: Nohely Arteaga y Catherina Cardozo, bajo la dirección de Vladimir Vera, en el espacio del Pent House, del Centro Cultural BOD-Corp Banca.

La historia de La ratonera, como casi todas las anécdotas de Christie, gira en torno a un misterio y varios asesinatos cometidos en el pasado y uno en particular que ocurre en la casa de huéspedes, recién inaugurada de los jóvenes esposos Mollie y Giles. Una noche de invierno, enmarcados en una terrible tormenta que deja incomunicados a todos los personajes dentro de la mansión, quienes deberán protegerse de un asesino suelto que ha reaparecido después de cometer dos asesinatos hace ya varios años en la misma localidad.   

Sorprende de sobremanera, que a Caracas llegue esta nueva lectura escénica de esta pieza teatral, en tanto nuestra marquesina hace ya más de una década que no gusta del teatro de texto que mantiene al público sentado por más de hora y media en una butaca y donde el atractivo principal es escuchar y ver el desenlace de la obra para saber quién es el culpable. Pero inteligentemente, las actrices-productoras, han conjugado no sólo un gran texto si no un elenco de importantes y reconocidas figuras que han hecho vida en el teatro y la pantalla chica, elemento que agrega un especial encanto para el público de esta ciudad que sólo se conforma con los astracanes de comedia. Amén de contar con la conducción de Vladimir Vera quien ha dado contundentes muestras de desarrollar una interesante carrera como director escénico. 

Verónica Shneider, Gerardo Soto, Nacho Huett, Flor Elena González, Gonzalo Velutini, Paula Woysechowsky, Augusto Galíndez y Martín Brassesco, fue el elenco que pudimos disfrutar en el segundo día de funciones después del estreno esperado. Gracias al talento de los mencionados y la dedicación de la dirección de actores, es que La Ratonera se ha posicionado en su tercera semana de temporada en un éxito inusitado de taquilla, decimos inusitado por lo argumentado anteriormente del gusto particular de nuestro público abúlico y acostumbrado a evadirse con la risa fácil. Sin embargo este montaje logra condensar varios puntos a su favor que nos proponemos a dilucidar a continuación.

En primer lugar hay una cuidada e impecable producción, sin escatimar esfuerzos y teniendo en contra el recinto escénico asignado, ya que no se trata de una sala de teatro convencional, sino un espacio alternativo con las suficientes carencias técnicas y de que atenta contra el mismo público en el disfrute de la obra. Sin embargo la producción logró a través del diseño escenográfico (Enrique Bravo), el vestuario (Raquel Ríos y Ana Karina Silva) y la iluminación (Gerardo Terán) crear el ambiente justo y necesario para recrear el drama que propone la autora.

Aunado a lo anterior, el sólido elenco permite la credibilidad en la historia, como es obvio la fuerza dramática está colocada en los veteranos que dan rienda suelta a su sapiencia del oficio, nos referimos a la Primera Actriz, Flor Elena González, quien se luce como la amargada Señora Boyle; Gonzalo Velutini como el Comandante Metcalf construye un interesante carácter, junto a Gerardo Soto que domina a sus anchas el hilo conductor de la acción dramática y Augusto Galíndez en una extraordinaria caracterización del Sr. Paravicini. Los secundan Nacho Huett, como Christofer Wren, entregándonos un hilarante y afeminado personaje que logra conectarse inmediatamente con la audiencia, Martín Brassesco pone especial acento en las transiciones dramáticas de su personaje y logra al final conmover con su interpretación del Sargento Trotter, junto a Paula Woysechowsky, quien sugiere un complejo personaje que apunta a la masculinidad que construye desde su expresión corporal. El desempeño actoral lo corona la joven Verónica Scheneider con una no tan dilatada carrera sobre las tablas, asume el reto de protagonizar esta historia y sorprende por su desenvolvimiento escénico y su credibilidad dramática. Sus matices logran cautivar al espectador que se rinde ante su presencia escénica y buen decir, le auguramos un futuro prometedor sobre el escenario.

Pero todo este trabajo de los actores no sería posible sin una correcta dirección que es la que desarrolló Vladimir Vera. Su puesta no es “espectacular” en el sentido exacto del término “espectáculo”, más bien se limita a la correcta conducción de la planta de movimientos (aunque desperdicia en momentos los espacios laterales: biblioteca-estar del dispositivo escénico y se concentra mayormente en el centro del escenario), sin embargo el manejo de tal cantidad de actores de forma eficaz sobre la escena, le suma puntos a su desempeño. Inteligentemente se apoya en la interpretación del texto y la dirección de actores que da dinamismo y ritmo al espectáculo total. Vera conoce el oficio y saca punta de las cualidades de sus actores, quienes felizmente le acompañan y se dejan guiar. Además el hecho de aceptar dirigir este tipo de textos (que apunta al realismo escénico) le permite mostrar otra faceta como creador escénico y alejarse de sus trabajos anteriores en donde la provocación al espectador era lo más importante.  

Estamos seguros que La ratonera, continuará siendo un éxito de taquilla, ya que en ella se conjugan de forma efectiva todos los elementos estéticos necesarios de forma profesional para que un espectáculo logre el respaldo del público.   

@rosasla     

Caracas, 17/09/2012

viernes, 5 de octubre de 2012

Hamlet Comprimido



El pasado viernes 14 de septiembre en la sala del Teatro Trasnocho Cultural, se llevó a cabo la vuelta a los escenarios caraqueños del clásico del teatro inglés Hamlet, de William Shakespeare, dirigido por Armando Álvarez, versionado por el maestro Ugo Ulive y protagonizado por Basilio Álvarez, en una producción del Grupo Skena.

Dos buenas noticias se producen con esta nueva lectura escénica del texto shakesperiano que lleva adelante Skena: en principio y sin ninguna duda, decidir representar hoy en la marquesina teatral caraqueña un montaje de un clásico resulta un punto a favor de nuestro teatro plagado de comedietas fatuas y ligeras. En segunda instancia, este espectáculo permite la vuelta a los escenarios (aunque sea como dramaturgo) del maestro Ugo Ulive, quien ha sido pilar fundamental del desarrollo escénico nacional desde los años sesenta cuando llegó de su Uruguay natal y transformó los esquemas de la puesta en escena en nuestro país, con propuestas trasgresoras que marcaron un hito en las tablas durante las décadas de los ’70, ‘80 y ’90. Ya sólo por estas razones aplaudimos la iniciativa.

La lectura que hace Ulive del clásico, es una lectura comprimida, es una píldora de fácil digestión para nuestro público de hoy día malcriado y contagiado de la enfermedad de la comedia y que comienza a mover las “posaderas” en las butacas una vez que se supera la hora y media de espectáculo. Cuatro horas aproximadamente que debería durar la escenificación de los cinco actos de la tragedia del Príncipe de Dinamarca sería una locura impensable para cualquier transeúnte de esta vertiginosa capital. Ulive se preocupa, en consecuencia por mantener el hilo dramático de la historia a través de su protagonista, Hamlet, y desdibuja a los demás personajes, no significa esto que los anule por completo, todo lo contrario, funcionan como los detonantes de los grandes conflictos por los que debe atravesar el heredero, Claudio, Gertrudis, Leartes, Polonio, Ofelia y Horacio, son los arqueros que lanzan sus dagas sobre el corazón de Hamlet para crearle la duda y en consecuencia la sed de venganza por el asesinato de su padre y la toma del poder por parte de su tío. La anécdota se respeta y es lo necesario pues si no la historia no podría entenderse y se resalta a través de la puesta en escena que propone Armando Álvarez.

El director centra su atención, así como lo hace el dramaturgo en su protagonista. La puesta en escena va en función de Hamlet (Basilio Álvarez) nos propone un carácter dinámico, elocuente y vertiginoso que en muchas ocasiones causa impresión por su indetenible actividad física sobre el escenario. El lirismo original del personaje fue obviado en esta puesta en escena, Hamlet no es el cavilador obseso que fragua la manera de vengarse, en este caso es el motor accionante de su venganza. Arremete y se convierte en un torpedo que no se detiene hasta dar en su blanco y destruir a su enemigo. Es una lectura posible, sin embargo sentimos que el matiz del profundo dolor que siente el príncipe al verse envuelto en tamaño drama de traición y poder fue dejado de lado en esta visión y se prefirió obviar las razones y sentimientos ques justican las acciones de los demás personajes. Caso que sí ocurre por ejemplo en la composición de los personajes pertenecientes a la familia liderada por Polonio (Juan Carlos Ogando) su hijo Leartes (Sócrates Serrano) y Ofelia (Fedora Freites) que construyen junto a su director correctos caracteres, mucho menos externos que Hamlet, plenos de transiciones y matices que logran conmover. Aunque a nuestro sentir se desperdicia de sobremanera la muerte de Ofelia en una escena de regadera, harto vista que pudo replantearse desde la sutileza poética que amerita el caso  y que se pierde en la lejanía de la platea.

En cuanto al dibujo escénico, la puesta es arrastrada por el ímpetu y la energía del protagonista y en función de ello se diseña la planta de movimientos, a nuestro parecer en momentos injustificada en el uso de elementos estéticos que el espectador no consigue conectar con el relato, cojines, globos, danzan por los aires despedidos y no se comprende por qué razón, amén de presentar a un Rey cocainómano dando peso a su adicción en pro de justificar su maldad. ¿Modernidad? ¿Acercar al público joven a la propuesta? ¿Cuál es la razón?

El contenido estético (dirección de arte) luce impresionista, el vestuario diseñado por Eva Ivanyi impacta pero no trasciende sentimos que al no existir una concepción estética clara desde la dirección, pues es difícil que los elementos se amalgamen. La iluminación es impecable en las manos de Víctor Villavicencio, al igual que la musicalización que logra acompañar el efecto dramático, compuesta por los integrantes de Gaélica. El dispositivo escénico (Carlos Agell) permite la dinámica de la puesta pero sin remitir a un concepto claro de lo que se quiere. ¿El infierno? ¿Catacumbas? Al no tener claridad se diluye el propósito que entendemos no es más que ofrecer un comprimido para deglutir fácilmente un clásico universal, sí esa es la intención, se ha logrado el objetivo.    

En síntesis creemos es una loable tarea poder embarcarse en un proyecto de esta envergadura en pro de ir amasando al público caraqueño actual a disfrutar de otro tipo de teatro más que el concentrado en las pulsiones sexuales de las parejas. Skena es una de nuestras agrupaciones profesionales con demostrada trayectoria y contundencia en las tablas nacionales, que estamos seguros continuarán ofreciendo más y mejor teatro que los caraqueños merezcamos disfrutar.

 @rosasla
Caracas, 04/10/2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cuando el amor no reconoce géneros ni edad


Finalizó con éxito la más reciente temporada del Grupo THEJA, Patrimonio Cultural de la ciudad de Caracas, con su montaje De todas todas, original de su presidente-fundador, José Simón Escalona dirigida por Javier Vidal y protagonizada por Gonzalo Velutini y Nacho Huett, en la Sala Plural del Trasnocho Cultural.

De todas todas, es la pieza que completa una trilogía, llamada por Javier Vidal, la “Trilogía de la esperanza” de la que también forman parte: De todo Corazón y De todos modos y era la que faltaba por enfrentarse al público. “La trilogía de las relaciones” la llamaríamos nosotros ya que en las tres piezas encontramos a seres necesitados de ser amados, en conflicto constante por tener y no poder consumar el amor o por consumarlo y perderlo o tenerlo y tratar de mantenerlo.

Escalona, quien desde 1974 decidió entregarse al arte teatral y consumar un lenguaje propio a través de su agrupación THEJA, ha logrado con esta trilogía llegar a la madurez de una dramaturgia sincera, la llamamos así en tanto el escritor logra una depuración interesante de su lenguaje y plasma con vehemencia y contundencia los conflictos existenciales que le preocupan en lo individual y que se transmiten e identifican en el colectivo.

Particularmente en De todas todas, nos enfrenta a una pareja de dos hombres: El señor (Gonzalo Velutini) asomándose a la cincuentena y El joven (Nacho Huett) un púber que de la mano del primero aprovecha para descubrir la vida y ascender aprovechando la debilidad y el enamoramiento del mayor, lo interesante de la trama es cómo Escalona, sin pelos en la lengua, ni rodeos, logra enredar al joven, de clara tendencia heterosexual, en una relación amorosa homosexual que evade constantemente, pero de la que después de diez años de convivencia no puede escapar.

Más allá del escándalo o no que pueda suponer en nuestra sociedad la temática de una relación entre dos hombres, Escalona logra inteligentemente ofrecer al espectador una radiografía de una relación humana y es lo que aplaudimos de su sagacidad como dramaturgo, es una muestra de una relación de amor, es la carencia de un hombre mayor resuelta con un hombre joven, es a fin de cuentas una metáfora del padre necesitado del hijo, del ser humano que necesita “criar” para poder dejar huella en este mundo cuando ya no esté. Como su protagonista mayor argumenta en algún momento de la obra, no se trata que sean dos hombres o dos mujeres o una mujer y un hombre se trata del amor. Y cómo este amor te hace feliz o te lanza a las fauces de la soledad, cuando dice: “la alegría no alimenta a la mentira. De cualquier manera, yo acepto. De todas todas, yo digo sí, porque esto es para mi el amor”.

Y así lo entiende Javier Vidal, creador de la puesta en escena del texto de Escalona. En su dirección todos los elementos se conjugan de manera feliz para conmover sin mucho esfuerzo al público, sea de la condición sexual que sea. Vidal, también en el mejor momento de su carrera como director, sabe engranar todos los recursos escénicos que le ofrece la sapiencia de su oficio para entregar una puesta en escena limpia, sin grandilocuencias ni exageraciones, y necesaria para poder escuchar y disfrutar de la textualidad de la obra. No hay énfasis en la parafernalia que podría sugerir una obra gay no es necesario, todo lo contrario, apoyado en la sobriedad de una excelente producción, utiliza los elementos de la escena con sobriedad y a su justa medida, sin abusar de estéticas rebuscadas o espectacularidades innecesarias, lo que produce un contundente espectáculo que merece ser visto, analizado y discutido, como un documento escénico importante para la sociedad contemporánea.

Entre esos elementos que lograron feliz coordinación, están los actores, quienes supieron dejarse guiar por Vidal y le sacaron provecho al detalle de las acciones presentadas en escena, además de una correcta interpretación textual. Velutini en el papel del Señor ofrece un carácter mordaz y humorístico sin caer en lo patético que pueda suponer la situación en la que se ve envuelto, su tragedia es el pasar del tiempo y su realidad, enfrentado a la soledad en los albores de sus cincuenta años. Los registros de Velutini permiten llegar a la identificación con el personaje de tal manera que el espectador comprende inmediatamente la situación y se solidariza, lo entiende y se hace cómplice del inmenso amor que vive. A nuestro entender uno de los mejores trabajos que ha realizado el actor.

Por su parte Nacho Huett, exuda encanto sobre la escena. En un complejo personaje que se enfrenta a la verdadera diatriba del amor en pugna con el agradecimiento; dos aspectos que le dan la riqueza dramática necesaria para hacer avanzar el conflicto. La necesidad de una vida propia independiente, enfrentada a la realidad de una posición económica e intelectual que por sí mismo y por las condiciones de su origen no hubiera podido conseguir tan fácilmente como se la ofreció El señor.  La construcción que realiza Huett es extraordinaria, en tanto va hilando fino corporal y vocalmente la evolución del pensamiento de este personaje que lucha contra el amor pero que inevitablemente se doblega ante él. Gestos, pausas, transiciones logran hacer feliz comunión para darle al espectador un determinante carácter sobre la escena.

En Síntesis, De todas todas, se consolida en un espectáculo de alta factura artística, donde todos sus elementos van a engranarse de manera que puedan ofrecerle al público una muestra del profesionalismo de nuestro teatro, demostración además de que un colectivo teatral como el Grupo THEJA, a pesar de todas las trabas oficiales por las que ha tenido que transitar, continúa adelante siendo una de las agrupaciones teatrales más importantes de nuestro país, de la mano de José Simón Escalona, Javier Vidal y Angélica Escalona, estamos en presencia de un espectáculo donde no sobra ni falta nada.
   
Caracas, 15/08/2012
Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com
@rosasla

martes, 14 de agosto de 2012

El melodrama del exilio



La noche del jueves 9 de agosto, el Centro Cultural BOD-Corp Banca, sirvió de escenario para el estreno de la pieza de teatro Mientras te olvido, sugestivo título del periodista y dramaturgo venezolano, residenciado en New York, Andrés Correa. Que lleva adelante el actor-director Marcos Moreno, apoyado en las actuaciones de los veteranos Carmen Julia Álvarez, Alberto Alifa y Francis Romero, bajo la producción del también actor Rolando Padilla.
La anécdota que devela Mientras te olvido, es la de una mujer, Celia (Carmen Julia Álvarez) exilada en Miami, quien se reencuentra en su apartamento, luego de seis años con su esposo Montoya (Alberto Alifa) quien abandonó el hogar en circunstancias extrañas. Celia, acompañada de su fiel sirvienta Ermenegilda (Francis Romero), exilada también, intentará hacer un balance de su vida y saldar las cuentas pendientes con su pasado.
Correa, responsable del texto construye un universo dramático en el que entran en juego: la vida de Celia, las razones del abandono y desaparición de su esposo,  los devaneos políticos de éste, las consecuencias de su desaparición para sus hijos y por otro lado el drama nostálgico de la sirvienta de la casa. Todos estos elementos se unen en un telón de fondo que al parecer es el culpable de todo: el hecho de ser exilados.
El desarraigo, el amor y la política, son los grandes temas por los que transita el autor entramando un drama con pequeños momentos de comedia gracias a Ermenegilda, sin embargo sentimos que la dirección no le hizo justicia al texto.
Esto no sorprende, por dos razones principales: por un lado el autor ha desarrollado su carrera de dramaturgo con mayor expansión en el género de la telenovela, lo que evidencia la gran cantidad de tramas y subtramas que se revelan, además de la excesiva e innecesaria extensión del texto, aunado al dibujo de personajes tipo, o estereotipos que fácilmente encontramos en el género de la pantalla chica. Pero esto no representaría ningún problema, ya que el escritor decide cómo y de qué manera cuenta su historia y es su lectura acerca de un tema específico. Lo que sí va en detrimento del montaje es la equivocada lectura escénica del texto por parte del director, Marcos Moreno. La puesta en escena y la dirección de actores de Mientras te olvido, resultan elementales y podríamos afirmar hasta ingenuas, en el sentido que no existe ningún riesgo por parte del director a la hora de plantear su propuesta. Esta mise en scene carece de toda teatralidad y se queda simplemente en un paseo de actores por el escenario que no aporta nada al texto de Correa. Sentimos que el riesgo que puede exhibir Marcos Moreno como director no existió y lo entendemos por su inexperiencia en este oficio, cosa que no ocurre cuando se monta en las tablas a interpretar personajes, que es donde se ha desarrollado cabalmente. En tanto actor dirigiendo pone énfasis en lo que cree es la fortaleza de sus actores: el melodrama, pues todos han pasado por la experiencia y son figuras de nuestra TV, y el texto es fácilmente interpretable a modo de melodrama. Sin embargo no sólo hay que quedarse con ese particular, puesto que resulta entonces una telenovela teatralizada o un teleteatro, que no sería un problema si esta fuese la estética y propuesta escénica del director de ex profeso, cosa que no ocurre aquí. Con una correcta dirección de actores esto no sucedería.
En tanto la dirección del espectáculo resulta básica y superficial, a los veteranos actores no les queda otro recurso que echar mano a su oficio en las tablas, es así como logran saltar las carencias y salir airosos. Carmen Julia Álvarez encanta por su correcta interpretación del texto, con matices y transiciones adecuados, muestra de la sapiencia cabal de su arte, aunque sentimos que excede el recurso lacrimoso (técnica televisiva) que un director debe cuidar, no es necesario empalagar el texto de llanto cuando ya la situación dramática es un drama, valga la cacofonía. Por el contrario, Alberto Alifa se muestra monocorde y evidentemente a consecuencia de no tener guía en lo que se refiere a la interpretación, por momentos atina al buen decir por su experiencia. Por su parte Francis Romero se defiende gracias a su meteórica carrera sobre las tablas. Su personaje coloca la guinda del humor al drama y transita por hermosos matices que dan frescura al montaje.
En síntesis Mientras te olvido, podría ser un gran espectáculo, con un texto sólido como el de Correa y una estupenda producción, sin embargo no resulta así gracias a una equivocada lectura escénica por parte del director y su ausencia de guía sobre los intérpretes, el riesgo de conducir escénicamente una obra requiere no sólo de conocer el oficio de la actuación y haberlo experimentado de forma eficaz, pues se requiere de códigos estéticos y teatrales que ofrece el conocimiento y la formación. Por otro lado la tímida producción no cuidó el conjunto estético de la puesta para proporcionar un conjunto visual total.
Apostamos por ver Mientras te olvido en otro espacio de representación pues el PH del Centro Cultural BOD-CorpBanca, creemos no es el espacio idóneo para un drama intimista que requiere la complicidad del espectador. Aplaudimos sí el desempeño actoral femenino y estamos seguros que con el correr de la temporada podrán ser ajustados detalles para ofrecer al público caraqueño una hermosa lectura del desarraigo, tema que nos toca muy de cerca más en estos tiempos que corren.    

@rosasla
Caracas, 10/08/2012