viernes, 27 de mayo de 2011

Lo malo de progresar es el progreso


Desde le pasado 7 de mayo se está presentando en el Foso de la Sala Anna Julia Rojas de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE), la pieza original del dramaturgo catalán Esteve Soler, un “juguete dramático” que se va armando ante los ojos del espectador con siete piezas breves que forman el espectáculo.

Dirigidos por Juan José Martín, la quinceañera agrupación Escena de Caracas, hace alarde de su veteranía para entregarnos estas pequeñas historias de la crueldad humana en la que pueden dar rienda suelta a su talento, dejando un ápice de reflexión en el espectador de la mano de los intérpretes: Nadeschda Makagonow, Delbis Cardona, Betsabé Correa y Rafael Gil, todos bajo la producción artística de Karla Fermín.

Contra el progreso, pieza escrita entre 2006 y 2007, ha sido una de las obras dramáticas más exitosas del teatro catalán de los últimos tiempos y una de las más representadas a nivel internacional. Y no dudamos de ello, siendo ésta una anécdota que pone la lupa sobre la idea de que el progreso aunque es una de las invenciones más geniales del ser humano, poco a poco se ha vuelto en contra de sí mismo. Creando seres que se devoran unos a otros en miras de progresar.

En principio podríamos suponer que se trata de un texto con toques “absurdistas”, sin embargo a medida que avanza la acción se comprende claramente la intención del dramaturgo, que a nuestro modo de ver, realiza una profunda revisión crítica acerca de la sociedad moderna: el consumismo, la perversión, el fanatismo, el individualismo, la enajenación de los medios de comunicación, son entre otros los temas que Soler toca en su propuesta dramática. Un mundo que no consigue esperanza mientras no se devore a sí mismo es su conclusión, si es que hay que pensar en una.

La puesta en escena de Martín, resulta adecuada para el diminuto e incómodo espacio donde el grupo escogió su representación. Un depósito escenográfico debajo del escenario de la Sala Anna Julia Rojas donde pueden entrar sólo 40 espectadores. Quizás se conformaron con el espacio asignado pretendiendo hacer hincapié en lo sórdido de la obra, creemos sin embargo que pudo ser mejor aprovechado en función de lo anterior.

Las actuaciones resultaron naturalistas, en contraste con lo planteado en la puesta en escena, a pesar del apoyo escenográfico realizado por Héctor Becerra que podría suponer un riesgo mayor en cuanto a planteo escénico e interpretación cónsona con lo que se dice en el texto. Nos referimos a las acciones realistas frente a un espacio que no lo es, acompañados de un texto que busca la trasgresión per se.

Aunque siempre es bueno volver sobre los temas que atormentan al ser humano en su existencia sobre la tierra, creemos que el discurso no sorprende y tal vez pueda agotarse. Hablamos de la vuelta la crítica contra el progreso y sus consecuencias nefastas sobre la humanidad y la “verdadera esencia humana” quizás ya un lugar común que no sorprende en los tiempos que corren.

En síntesis podemos apreciar un espectáculo profesional, cuidado en su producción y que nos gustaría disfrutar en otro espacio escénico en donde el público pueda realmente sentirse incómodo por lo propuesto escénicamente y no obligado a estarlo por las características del dispositivo escénico.

L. A. R

jueves, 5 de mayo de 2011

Blanche baila reggaeton





El pasado mes de abril se estrenó en Caracas, en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el clásico contemporáneo del Teatro Estadounidense: Un tranvía llamado deseo, bajo la producción del grupo Teatro del Contrajuego, junto a Hebu Teatro y la dirección del veterano Orlando Arocha, protagonizada por Diana Volpe, Ricardo Nortier y Rossana Hernández, a propósito del centenario de su autor: Tennessee Williams. Pieza que auspiciada por la embajada norteamericana en Caracas, forma parte de una programación amplia que presentará varias obras teatrales, cines foros y cuentos dramatizados del escritor.

Enfrentarse a un clásico teatral no es tarea fácil, más aún cuando ese clásico no sólo ha logrado quedar en la memoria colectiva de las personas que conocen al autor o de los cinéfilos por el recordado film de 1951, dirigido por Elia Kazan y protagonizado por Vivien Leigh y Marlon Brando, en una de sus más célebres caracterizaciones encarnando a Stanley Kowalski.

Hoy Orlando Arocha, uno de nuestros directores teatrales más reconocidos, se enfrenta al clásico y lo re-interpreta haciendo una lectura escénica “latina”; trasladando el drama de Blanche Dubois a un barrio latinoamericano y lo saca de su contexto original del Sur de los Estados Unidos. Los más conservadores podrán pensar que es una aberración, en tanto se trata de un clásico de la dramaturgia que con su teatro cambió los paradigmas de la escena y fundó el teatro psicológico, dando un vuelco total al teatro norteamericano de la segunda mitad del siglo XX. Los menos conservadores, podrán acercarse a esta versión encontrándola arriesgada y trasgresora del autor.

Pensamos que ciertamente Arocha recurre a elementos que puedan acercar al público caraqueño común a la anécdota que plantea Williams más aún en los tiempos que corremos donde la anarquía y lo marginal se impone en una sociedad donde cada individuo dicta sus propias reglas y donde el respeto por el otro es historia. Blanche llega al barrio a intentar vivir como una burguesa del pasado y no ha entendido que las cosas se transforman, pero las máscaras se caen y esa burguesía ya no importa, enloquece y se disloca chocando con la realidad de un “gueto” que impone sus costumbres y formas desenfadas de vida y del cual debe salir. También podríamos preguntarnos: ¿qué puede decirnos el mundo de New Orleans de los años ’50 a los caraqueños de 2011? Quizás mucho en el sentido que las formas importan poco cuando el contenido es contundente, como ciertamente lo es el mundo dibujado por Tennessee Willians en su Tranvía llamado deseo. Pero por otro lado pensamos: ¿Por qué no romper la línea clásica y re-pensar lo conocido para replantear el discurso? Lo que sí estamos seguros es que en cualquier caso cuando se hacen adaptaciones de este tipo peligra la conexión con el espectador al intentar forzar una estructura tan sólida en otro molde por querer ser contemporáneos o esnobistas, este no es el caso.

Sentimos que la adaptación de Orlando Arocha logra su cometido en algunas partes, pudiendo en otras replantear y ajustar detalles, por ejemplo creemos que llamar a los personajes por sus nombres originales y no localizarlos, produce un choque que nada tienen que ver con el entorno donde se desenvuelven, quizá un detalle menor pero que a nuestro parecer puede limpiar la propuesta, si ya se fue en contra de lo pedido por el autor pues trasgredir ese detalle quizás pudiese resultar en una mayor empatía con el público, al igual que las referencias a lugares, si es latino pues que sea latino.

Creemos también que jugó en contra de la buena idea de la dirección las dimensiones de la sala asignada para el montaje, en tanto el aparataje escenográfico, bien pensado, pero no resuelto, obliga a los actores a trabajar doble en un dispositivo escénico que va en su contra en vez de apoyarlos como creemos debería ser, sólo algunos ajustes y quizás un escenario más amplio podría solventar lo imbricado de la escena y realizar la esperada comunión armónica entre espacio y actores.


En cuanto a las actuaciones creemos es el gran hallazgo de esta lectura de Un tranvía llamado deseo; el elenco en su totalidad luce bien orquestado y dirigido. Encabezados por Diana Volpe, en Blanche Dubois muestra los vaivenes de la locura de manera sutil, bien elaborada hilando como veterana que conoce la técnica del actor, sí pensamos que el vestuario y principalmente el calzado van en su contra y esto resta posibilidades a la actriz, más aun en medio de la complicada planta de movimientos dentro de esa disposición escenográfica. Por su parte Ricardo Nortier da muestras de su talento innegable y se ve a un actor trabajando duro por conseguir su rol, y lo consigue, ofrece un detestable Kowalski inmigrante brasilero que potencia su calidad como intérprete. En el caso de Rossana Hernández sorprende su madurez escénica, creemos que con esta interpretación de Stella, logra pequeños detalles que inmediatamente conectan al espectador con el drama y lo conmueve entregándonos un carácter sublime que otorga a esta actriz un importante estatus dentro de las intérpretes nacionales.

El resto del elenco conformado por: Simona Chirinos, Javier Figuera, Dallas Aguiar, Djamil Jassir, Paul Gámez, Jesús Cova y Pablo Andrade, permiten al espectador entrar adecuadamente en el sórdido mundo de un barrio latinoamericano, destacando el trabajo que siempre reconocemos de la actriz y cantante Simona Chirinos y tenemos que hacer notar que del elenco de soporte, el actor Djamil Jassir llega a conmover con su cuidad interpretación en el papel de Mitch.


En síntesis aplaudimos el riesgo del Contrajuego y Hebu teatro de trabajar sin descanso por la puesta en escena de los clásicos contemporáneos, ya lo hicieron con La casa de Bernarda Alba, en ocasión anterior y con varios textos que se pudieran considerar impensables en el panorama teatral caraqueño apegado al teatro comercial, lo que nos hace respaldar su labor, sí creemos en las propuestas arriesgadas y aunque pensemos que estamos muy lejos del mundo del Sur de los Estados Unidos de los cincuenta, no olvidemos que el lenguaje universal del teatro posibilita que escuchemos un reggaeton aunque preguntemos por Los Campos Elíseos y recordemos a Belle Reve.

L.A.R
Caracas 05 de mayo de 2011.

lunes, 25 de abril de 2011

Resucita el teatro de arte: "Un informe sobre la banalidad del amor" y "Acto cultural"

No se puede negar que este año arrancó con buen pie en materia teatral y el segundo trimestre del año no se queda atrás, las propuestas que se estrenaron desde marzo de 2011 y hasta el momento, reflejan el resurgimiento del teatro de arte en las salas caraqueñas, un buen síntoma que permite afirmar que poco a poco retomamos los rumbos de un teatro preocupado más por su contenido que por su forma y nos alejamos de la risa fácil a mandíbula batiente.

De filosofía y amores prohibidos


La Asociación Cultural Humbolt, auspició y produjo un particular espectáculo que batió records de taquilla bajo la batuta del primer actor Luigi Sciamanna como protagonista y director, junto a la joven actriz Mariaca Semprum, quienes se encargaron de fascinar al público caraqueño con su lectura escénica del texto escrito por el argentino Mario Diament intitulado: Un informe sobre la banalidad del amor. Este montaje, toca las fibras más sensibles del espectador, al contar la historia de amor que vivieron los filósofos Martin Heidegger y su alumna Hannah Arendt; enmarcados en la nefasta época en que Alemania entraba en el Nazismo de Hitler. Ella Judía, él Pro Nazi y lo demás es historia, podemos imaginar cómo por décadas estos dos titanes del pensamiento filosófico moderno pudieron sortear los obstáculos de una amor imposible.

Lo más impactante de este espectáculo es ver cómo en el escenario se conjugan una dramaturgia inteligente, junto a un director excepcional, coronado por dos actores que más que representar viven su drama y es lo que definitivamente hace que el espectador se lance a la ovación como pocas veces hemos disfrutado en nuestro teatro. Un informe sobre la banalidad del amor, en su versión caraqueña es una de esas joyas de nuestro teatro que debemos observar y prestarle atención no sólo por la excelencia de su equipo de artistas, sino por su contenido y temática que justifican plenamente su puesta en escena en esta Caracas en tiempo de “revolución”.

El Acto cultural de Cabrujas aun sigue vivo.

No es de gratis que el Grupo Actoral 80 después de más de 30 años sobre las tablas continúe siendo una de las agrupaciones más importantes del país y su actual director, Héctor Manrique, uno de los más respetados puestistas de la actualidad, y es que el grupo que supo formar el maestro argentino Juan Carlos Gené, ha apostado siempre a producir el teatro adecuado para el tiempo que vive. Hoy convulsionan a Caracas con una nueva lectura del texto de nuestro dramaturgo más importante: José Ignacio Cabrujas y su apología sobre ser venezolano con Acto Cultural, pieza fechada en 1976 y que se ha transformado ya en un clásico del Teatro Venezolano.

La celebración del cincuentenario de la Sociedad Luis Pasteur de San Rafael de Ejido, a mediados de los años 20 del siglo pasado, es la anécdota discursiva donde Cabrujas centra a sus personajes, la conmemoración se llevará acabo con la representación del drama histórico: Colón Cristóbal, el genovés alucinado, escrito por el presidente de dicha Sociedad, Amadeo Mier. En medio de la representación se van cruzando y descubriendo las precarias vidas de estos seis personajes, sus miedos, carencias, frustraciones y el intento de una vida mejor pero la imposibilidad de alcanzarla.

Nunca hubo un mejor momento para enfrentar al público venezolano de 2011 con la triste y patética realidad de los habitantes de San Rafael de Ejido, quienes intentan representar algo que no son, y la falsedad, la máscara se cae, para definitivamente asumir que la realidad es tan contundente y patética que es insuperable.

Samantha Castillo, Juvel Vielma, Melisa Wolf, Angélica Arteaga, Daniel Rodríguez y Juan Vicente Pérez, son los encargados de fascinar al espectador con esa realidad escénica que trasciende a las tablas y nos refleja de forma irrevocable. Extraordinario acierto del visionario Manrique y su equipo a quien supo conducir para entregarnos un espectáculo pleno de categóricas actuaciones que conmueven.

En síntesis dos espectáculos que no se pueden dejar pasar por alto y a los que por su contenido y alta factura de dirección, producción, actuaciones y estética, dan un gran empuje a nuestro golpeado teatro que se resiste desde su trinchera, el escenario, contando por fin lo que nos pasa.

L.A.R

Caracas, 25 de abril de 2011.

martes, 12 de abril de 2011

Cuando los Trastornos son Obsesivos y Compulsivos


Trastornos Obsesivos Compulsivos, es lo que traduce las siglas TOC y que inspiraron al dramaturgo galo, Laurent Baffie, para contarnos la historia de seis personajes que por casualidad deben esperar a ser atendidos en la antesala del consultorio de uno de los más famosos psiquiatras de la ciudad donde habitan, quién curará sus problemas, a saber: La incontrolable emisión de señales y palabras obscenas; la manía de constantemente estar sacando cuentas; repetir dos veces cada frase que se diga; la obsesión por el contagio de enfermedades; la tendencia obsesa de desesperarse y comprobar diez veces el gas, la luz y el agua antes de salir de casa y finalmente el TOC con la simetría, que produce la incapacidad de pisar las líneas del suelo. Estos pacientes en vista de que el doctor se retrasa, deciden realizarse ellos mismo la terapia, convirtiendo la situación en una hilarante comedia donde el público asistente no para de reír a mandíbula batiente.

Lo anterior es el argumento de la comedia teatral Toc-Toc, que gracias a la producción de Sonia Villamizar y Eduardo Fermín, bajo la batuta de dirección de Juan Carlos Souki, se presenta actualmente en la Sala Principal del Complejo Trasnocho Cultural.

Alejo Felipe, Rafael Romero, Eulalia Siso, Lourdes Valera, María Antonieta Duque, Guillermo García y Melisa Álvarez, son los encargados de encarnar a estos seres que no pueden controlar sus obsesiones y tratan de sobrevivir con sus males en una sociedad cada vez más cargada de exigencias y estrés.

El planteo escénico de Souki, invita a un espectáculo realista, concentrado en el texto y el desplazamiento de sus actores, aunado al vertiginoso ritmo que este tipo de dramaturgia exige a propósito de tratarse de una comedia. Creemos este es el reto más fuerte para la planta actoral, en tanto hacer reír es mucho más complejo que hacer llorar y el director sabe su oficio y logra su objetivo con claridad.

El nivel actoral, tratándose de veteranos de las tablas (la mayoría del elenco son de reconocida trayectoria en teatro y televisión) es extraordinario y justo en su tono para la comedia, personajes sólidos, bien construidos, donde destacan: Eulalia Siso, en su complejo personaje de Blanca, obsesionada por el contagio con bacterias y Lourdes Valera, con una composición de una beata trastornada por verificar constantemente los servicios que puedan causar una catástrofe en su casa. Sin embargo el elenco de jóvenes como Guillermo García y María Antonieta Duque, menos corridos en las tablas, logran colocarse en el estatus de los más veteranos e igualmente encantan al público con sus hilarantes interpretaciones.

Hoy en día que el teatro venezolano está rendido ante la tentación de las Comedias Ligeras Comerciales (CO.LI.CO), como las hemos llamado, en donde prevalece el chiste fácil y la falsa mueca o grosería para hacer reír, Toc- Toc se aleja de este tipo de género para entregarnos un texto de altura con un cuidado trabajo de dirección y producción donde ningún detalle se escapa y se obtiene una uniformidad de alta factura teatral. Además de venir respaldada por un extraordinario éxito internacional en países como: Francia, Brasil, México, España, Chile y Argentina, entre otros.

En síntesis Toc- Toc nos reconcilia con el teatro de comedia realizado en las tablas caraqueñas, una excelente opción para el espectador venezolano que cada vez se identifica más con las situaciones que los artistas del arte teatral le ponen ante sus ojos.

Luis Alberto Rosas.

Caracas, 11 de abril de 2011.

Obra: Toc-Toc

Autor: Laurent Baffie.

Director: Juan Carlos Souki.

Intérpretes: Alejo Felipe, Rafael Romero, Eulalia Siso, Lourdes Valera, María Antonieta Duque, Guillermo García y Melisa Álvarez.

Producción: Sonia Villamizar y Eduardo Fermín.

Temporada: Teatro Trasnocho. Viernes y sábados a las 8 pm. Domingos 6 pm. Desde el viernes 18 de marzo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Baraka o la apología de la amistad.



Siempre se ha dicho que a medida que el ser humano avanza en la vida, crece y madura va adquiriendo amistades más sólidas y duraderas, eso que el dramaturgo venezolano Isaac Chocrón llamó: “La familia escogida”. Los amigos son necesarios, a ellos los empleamos para revelar cosas innombrables frente a nuestras familias o parejas, les pedimos consejos, los justificamos, somos cómplices y se “calan” todo por cuanto pasamos tratando de ser mejores seres humanos.

Desde el mes de febrero el Teatro Trasnocho viene presentando, gracias a la producción del Grupo Actoral 80, la tragicomedia: Baraka, original de la dramaturga holandesa María Goos, drigida por Héctor Manrique y protagonizada por Javier Vidal, Carlos Cruz, Iván Tamayo y el mismo Manrique.
Cuatro amigos acuden al llamado de auxilio de uno de ellos para que lo ayuden a solventar un percance inesperado que le puede hacer perder todo su patrimonio y caer en la miseria. Un politiquero “balurdo”, un abogado drogadicto, un director teatral venido a menos y un gay trabajador público de una dependencia de una Alcaldía son los involucrados en el drama que a nuestro parecer lejos de hablar de la amistad habla de cómo se puede quebrantar la misma por los intereses individuales hasta llegar incluso a la muerte.

La autora plantea en tono de comedia negra la relación aparentemente inquebrantable de estos cuatro seres patéticos que lo que les preocupa es cómo hacer para tener más y figurar más. Creemos que la dramaturga juega a adentrarnos en la decadencia de una clase media que intenta sobrevivir a sus tormentos, y por supuesto fracasa estrepitosamente.

La propuesta escénica de Manrique no busca espectacularidad, sólo intenta llevar al espectador a través de cada cuadro al fatal desenlace. Sentimos que lo más difícil de representar un texto como Baraka, es tratar de sobrellevar el ritmo textual, que, en apariencia pareciera ser comedia, para luego asestar el golpe final, y los veteranos actores están conscientes de ello. Quizás la síntesis del texto hubiese aportado mucha más contundencia a la acción de los intérpretes y sorprender en mayor medida al espectador.

Hay que resaltar el trabajo característico del actor Iván Tamayo, quien construye un complejo carácter y se luce a sus anchas acompañado por supuesto de sus compañeros que no lo dejan solo y afilan sus interpretaciones para hacer reír y reflexionar a un público caraqueño que no deja de querer evadirse frente al escenario. También debemos destacar el trabajo de producción a cargo de Carolina Rincón sin perder detalle de un cuidado y limpio desempeño detrás de bastidores.

Caracas, 24 de marzo de 2011.
Luis Alberto Rosas.

Obra: Baraka
Autora: María Goos
Director: Héctor Manrique
Producción: Carolina Rincón
Intérpretes: Iván Tamayo, Javier Vidal, Carlos Cruz y Héctor Manrique.
Temporada: Viernes y sábados 10 pm. Domingos 8 pm Teatro Trasnocho.

jueves, 17 de marzo de 2011

Rajatabla celebra 40 con insomnio






El 28 de febrero de 1971, se marca el inicio de una nueva etapa en el teatro contemporáneo venezolano y es que esta fecha señala el nacimiento de la agrupación Rajatabla, cobijada en las instalaciones de la Quinta “Ramia” antigua sede del Ateneo de Caracas, es donde el recién llegado director y puestista de origen argentino, Carlos Giménez, irrumpió junto con Julio Miranda y sus poemas, para decirnos: Tu país está feliz, performance que sirvió de carta de presentación de la agrupación y revolucionó al público de la época en tanto recogía el espíritu reaccionario y de protesta que caracterizó a la juventud de ese tiempo.


Hoy 40 años después, es mucha agua la que ha pasado por debajo del puente, desde la internacionalización del teatro venezolano gracias a Rajatabla y la creación de instituciones que en los años ochenta fueron capitales para el desarrollo teatral en nuestro país, y que se idearon como apéndices de la agrupación, pasando por el añorado Festival Internacional de Teatro de Caracas, hasta la desaparición física de su líder fundador Carlos Giménez, que cierra una etapa de oro, quizás, hasta el momento una de las más productivas de nuestro teatro.


Ramos Sucre y su obra


Desde hace ya dos ediciones, Rajatabla ha creado el Concurso de Dramaturgia Nacional, que cada año se dedica a un dramaturgo distinto, el año pasado homenajearon al maestro Gilberto Pinto y este año le tocó el turno a Rodolfo Santana. El concurso convoca a dramaturgos venezolanos y de la selección de piezas ganadoras, la agrupación se nutre para planear sus montajes en el año. Además del reconocimiento de la pieza el premio consiste en que la misma sea montada por el elenco de Rajatabla.


Para esta oportunidad fue seleccionada la pieza Mi reino por un sueño, original del dramaturgo José Antonio Barrios, quien desde hace más de cinco años, viene trabajando constantemente en la búsqueda de un lenguaje dramatúrgico que lo identifique y le haga sobresalir del común de escritores que se aventuran en el mundo del arte escénico.


Mi reino por un sueño, es la historia biográfica del poeta cumanés José Antonio Ramos Sucre, una suerte de recorrido a través de su vida y obra que pretende señalar los intríngulis de la atormentada existencia del escritor. Su infancia y adolescencia, sus relaciones familiares y sobre todo sus tormentos por sufrir constantemente de insomnios.


Bajo la batuta del experimentado director Costa Palamides, es que se logra poner en escena esta alegoría poética, decimos alegoría, porque nos cuesta encontrar la acción dramática en el texto de Barrios, no porque no sea “teatro” como tal, sino que al orientarse por un temática biográfica y además de un poeta suele ser mucho más cuesta arriba no estar tentado por quedarse en el ripio poético y dejar de lado la acción dramática y es lo que le pasa al escritor. El problema más grave que vemos de este planteo textual, es que si el espectador no tiene ningún referente acerca del poeta no comulgará con la historia y no se enterará que ocurrió en la vida del atormentado artista.


Palamides por su parte, concentra el montaje en formas y tradiciones de la puesta en escena griega, coro, moiras invaden el espacio y cantan, creemos recurso excesivo, constantemente las loas de Ramos Sucre.


Los actores tienen muy poca oportunidad de lucirse, eso porque no están preparados para el decir poético, lo que resulta una interpretación forzada y poco creíble, hay que resaltar el trabajo de los veteranos: Simona Chirinos, Demis Gutiérrez, Pedro Pineda y Gerardo Luongo y de los jóvenes: Gabriel Agüero y Abilio Torres.


En síntesis un montaje con pretensiones de “espectacularidad” pero que se pierde en el ritmo y en la incomprensión del texto, para terminar en una interpretación carente de intensidad emotiva que preserva la forma sobre el contenido.


Obra: Mi reino por un sueño.
Autor: José Antonio Barrios
Director: Costa Palamides.
Elenco: Elvis Chaveinte, Demis Gutiérrez, Rosana Hernández, Simona Chirinos, Dora Farías, Pedro Pineda, Gerardo Luongo, Abilio Torres, Miriam Pareja y Gabriel Agüero.
Temporada: Sala Rajatabla de jueves a sábados a las 8 de la noche y los domingos a las 6 de la tarde hasta el 27 de marzo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Los Artistas Parias



Desde el 27 de enero el Teatro Luis Peraza, sede del Taller Experimental de Teatro (TET), ubicado en Los Chaguaramos, alberga el más reciente montaje de la agrupación Teatro La Bacante, liderada desde el año 1996 por Diana Peñalver, actriz, productora, dramaturga, directora y maestra de actores. Esta nueva propuesta lleva por nombre Paria, y toca las fibras de la relación arte- política y cómo esta comunión no deja nunca buenos resultados.

Un pueblo alegre ha sido oprimido, se llama ahora país triste, y su capital es la ciudad del miedo, y en ella, a pesar de todo, funciona un circo, espacio ideal para el arte, la creación y la libertad. La política intenta manejar los destinos de todos los habitantes e imponer un pensamiento único, una sola forma de hacer las cosas. Los artistas, como debe ser, transgreden y en la figura de Paria (músico del circo) intentan salvar la música para que no muera nunca. En este conflicto Paria se convierte en la víctima al traspasar la norma y con ello conseguir la muerte, por no seguir las reglas.

Diana Peñalver Denis es la autora, directora y protagonista de esta lectura escénica acerca de la intolerancia, en la que percibimos sin remilgos la identificación inmediata con la realidad política y social venezolana, y no puede ser de otra manera, el teatro es un arte social por excelencia, necesita un público frente a él para ser representado y que ese espectador se sienta identificado. No hay otra forma y aquí, La Bacante ha acertado: teatro coreográfico, físico, es al que nos tiene acostumbrados Peñalver, y este montaje concentra toda su madurez de investigadora escénica, para dar como resultado, un exquisito performance en donde la limpieza escénica, en cuanto a movimientos e interpretaciones, producen una contundente reflexión del papel del artista en una sociedad, y cómo el poder gusta de juegos represivos para lograr imponer sus ideas.

Una puesta en escena que no se puede dejar de ver, menos cuando con optimismo observamos cómo nuestro teatro finalmente va entendiendo cuál es el papel que debe jugar como protagonista de una sociedad en crisis y en represión. Los artistas de la Bacante (Marco Suniaga, Orlando Paredes, Jericó Montilla, Abel García y Lismar Ramírez) inteligentemente han volcado su talento para gritar desde su tribuna, la escena, su posición y ese mensaje de ¡Despertar! Ojala sea escuchado.

Mención especial merece la actriz Lismar Ramírez por su interpretación de una conmovedora y tierna bailarina de circo, casi muda, llamada Almitamía que acompaña a Paria en sus números musicales y que al final se convierte en el receptáculo de las vejaciones y a la vez en la esperanza de un mejor futuro.
Espectáculo: Paria
Grupo: La Bacante
Autor y director: Diana Peñalver
Actores: Marco Suniaga, Orlando Paredes, Jericó Montilla, Abel García y Lismar Ramírez y Diana Peñalver.
Lugar: Teatro Luis Peraza – Los Chaguaramos
Temporada: viernes, sábados: 7pm. Domingos: 6 pm. Hasta el 20 de febrero.