jueves, 18 de agosto de 2016

Microcríticas de Microteatro ( I )



La fiesta del microteatro Venezuela arribó en este mes de agosto a su 8va edición brindándole a la ciudad de Caracas el disfrute de 28 nuevas propuestas que abordan variopintos temas y dan la posibilidad de pasearse por disímiles géneros, permitiendo así que productores, dramaturgos, directores, actores y estetas puedan mostrar su talento en los espacios del Urban Cuplé por iniciativa de los gerentes teatrales: Malala Dubuc, Dairo Piñeres y Robert Chacón. A continuación nuestra apreciación crítica de las micropiezas  que hemos podido disfrutar:


La Licenciada Sala #1
El clan Escalona vuelve a la contienda con un fresco y divertido monólogo a cargo de Nacarid Escalona y dirigido por Angélica Escalona, esta vez José Simón se aleja del tema erótico y prefiere irse por el tema sexista para contar la historia de una mujer llamaríamos “arrecha” que se presenta en la corporación donde trabaja a dejar en claro que por ser mujer y gerente ningún “macho” va a venir a pisotearla y así va relatando la historia de su vida y cómo logró llegar a ese cargo sometiendo al mal llamado sexo fuerte. Nacarid es una veterana primera actriz y aquí logra enganchar al espectador con una facilidad impactante producto del talento que posee, la puesta en escena es sencilla sin muchas posibilidades de juego escénico por la disposición del elemento escénico, sin embargo esto no resta brillo a la cuidada producción a las que nos tienen acostumbrados los hermanos Escalona.  


Por cierto…Sala #3
Escrita y dirigida por Mónica Montañés, resulta un muy inteligente texto que la escritora ya había estrenado al comienzo de los 2000 en la Sala Horacio Peterson del antiguo Ateneo de Caracas con notable éxito. Pero esta vez no tuvo la misma suerte, sentimos que lamentablemente la falta de una correcta dirección hace que lo divertido que pudiera ser la propuesta de cómo se arma un chisme se perdió. Flojas actuaciones y poca creatividad en la resolución escénica, resalta del grupo de noveles actores Grecia Augusta Rodríguez que logra levantar algo el ritmo por su conocida experiencia como actriz. Una visión de un director (a) que sepa del oficio pudo haber arrojado otro resultado. Como reza el dicho popular “zapatero a sus zapatos”.


La loca de Chaillot Sala #4
Original de Gladys Prince, esta micropieza es un monólogo dirigido e interpretado por la misma autora y por la actriz Neo Rodríguez, tuvimos la oportunidad de disfrutarlo con la segunda, ésta es una hermosa propuesta, sencilla y contundente con impecable producción que envuelve al espectador en los devaneos mentales de una actriz. Neo Rodríguez echa mano de su sapiencia del oficio, cautiva y conmueve. Su construcción del personaje deja en el público la sensación de encontrarse con un trabajo bordado fino, de lo visto ha sido una de las mejores sorpresas que podemos apreciar en esta 8va temporada.


Boleto al Exilio Sala #5
Bajo la dirección de Maigualida Gamero y la dramaturgia de Jan Thomas, boleto al exilio es un híbrido entre comedia y drama que cuenta los devaneos de una pareja de actores de televisión inmigrantes. Desiré y Mario Sudano son los actores encargados de dar vida a la pareja que lucha por abrirse camino en el difícil mundo de la tv fuera de su país de origen y luchan para que su hijo pueda también reunirse con ellos. Inteligente puesta en escena logra Gamero apoyada por el talento de la pareja Sudano veteranos de las tablas, el texto busca enganchar al espectador con la comedia y la sátira de los personajes para luego dar un giro hacia el drama que no termina de amalgamarse en ninguno de los dos géneros, sin embargo el público disfruta y aplaude con entusiasmo.  


Un anillo para Patty Sala #6
Divertida e inteligente comedia escrita por Oswaldo Maccio que encierra la más popular idiosincrasia del ser venezolano, José trabaja en el baño de un restaurante y es el típico dicharachero aparentemente impertinente, pero termina resolviéndote tus rollos mentales y hace que tomes las decisiones correctas. Juan Carlos Lira destaca en su interpretación de este “asistente de baño”, crea un carácter que conecta inmediatamente con el espectador y el imaginario popular de nuestra ciudad. ¿Quién no se ha tropezado alguna vez en su vida con un José?  Anthony Castillo, como el indeciso cliente que va a comprometerse con Patty esa noche, resulta veraz. Correcta y dinámica es la puesta en escena lograda por Luis Spinetta. Una de las opciones de comedia que recomendamos.


La Ganadora Sala #7
Escrita y dirigida por Yanosky Muñoz, esta comedia travesti hace una ironía sobre el mundo escénico nacional y los intríngulis que ocurren detrás y delante de cámaras en la entrega de un premio del espectáculo. La Alpargata de Oro es el galardón y dos actrices “amigas” son las rivales nominadas y las protagonistas del show. Verdades, chistes, interacción con el espectador y sobre todo mucho humor negro hacen pasar 15 minutos de risa a mandíbula batiente. La función vista estuvo a cargo de Manuel Bastos, veterano en este tipo de comedias y Pedro Padilla, una dupla que no decepciona a sus asiduos seguidores junto a una cuidada producción de Juan Carlos Attale.


La Muerte de Safo Sala #8
Con texto y dirección de Dairo Piñeres, esta micro pieza logra contar la historia de dos mujeres lesbianas que intentan dar rienda suelta a su amor en la Venezuela de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Una afecta al General e incluso agente de la policía política del régimen, la Seguridad Nacional. La otra una poetisa afecta a la causa de la democracia y a la lucha clandestina en contra del dictador. Surge el conflicto cuando intentan escapar. La historia está inteligentemente escrita y juega a mostrar la anécdota con elipsis temporales, correcta puesta en escena que permite la utilización de las cuatro esquinas de la sala y juega con el punto de vista del espectador. Patricia Amenta y Andreína Mesa, son las encargadas de dar vida a las mujeres que desafiaron una época pero que vieron truncados sus anhelos por las diferencias ideológicas. Muy buen nivel actoral, sin embargo una producción poco cuidada, pero la  historia y actuaciones hace que esta opción de la 8va temporada microteatro sea una de las más visitadas.   


Happy Birthday Mr. President Sala #9
La anécdota y dramaturgia original de esta pieza es de José Luis Useche, quien con el tiempo ha pulido su técnica de escritura y cuenta la versión que supuestamente ocultaron a los medios del asesinato de Marilyn Monroe encomendado al jefe de la CIA del momento, diciendo que fue un suicidio. Valentina Garrido y Wilfredo Cisneros fueron los actores encargados de encarnar a los protagonistas. Garrido hace gala de su talento como intérprete y se mete en la piel de la Monroe de una forma que seduce al público, su mirada y gestos dan muestra de una cuidada construcción del personaje. Cisneros por su parte muestra su veteranía de actor y cumple con su rol de antagonista. La dirección de Dairo Piñeres luce correcta y dinámica, permitiendo que la bi-frontalidad del espacio ayude a contar la anécdota y que ningún espectador pierda detalle de lo que ahí acontece. Altamente recomendada.  

En la siguiente entrega estaremos comentando las demás opciones, de este primer grupo en general observamos riesgo en los textos, originalidad en las puestas en escena y producciones bien logradas, aun hay mucho que ver y dos semanas más de micro piezas.

@rosasla
Instagram: @luisalbertor 

lunes, 15 de agosto de 2016

Rojo pasión contra Negro razón


Conocí al actor Basilio Álvarez por allá en los primeros años de la década de los noventa cuando apenas se daban los primeros pasos del Festival de Teatro Estudiantil "José Ángel Porte Acero" del Ateneo de Caracas. Él lideraba, como lo sigue haciendo, a la agrupación Skena del Colegio Champagnat y yo daba mis primeros pasos como actor en el Taller de Teatro para Adolescentes del Ateneo. Me sedujo un montaje llamado La Noche en donde la interacción con el público y los efectos escénicos fascinaban al espectador. Desde ese momento hablar de Basilio era hablar de Skena, durante todos los años noventa y la llegada del nuevo siglo no dejaron de resaltar con sus montajes atrevidos y su preocupación por formar a las nuevas generaciones de actores, productores, directores y dramaturgos. A lo largo de los años continuamos encontrándonos en pasillos, teatros, premiaciones, estrenos y la vida nos ha demostrado que no equivocamos la profesión. 

Este introito me permite no solo hablar del génesis de Skena, si no de reseñar el trabajo de Basilio como actor en el montaje Rojo, acompañado de Gabriel Agüero y bajo la dirección de Daniel Dannery que cumple funciones en la Sala El Dedal de la Concha Acústica de Bello Monte y se enmarca en el II Festival de Teatro Estadounidense que realiza La Caja de Fósforos. Rojo narra la historia de vida del pintor Mark Rothko (Lituano-Estadounidense) quien desarrolla su trabajo artístico entre los años 20 y los 70 del siglo pasado, siendo considerado uno de los mayores representantes del Expresionismo Abstracto. La acción dramática que estructura el autor, John Logan, coloca al personaje central entre 1957 y 58 cuando realiza un contrato millonario para decorar un prestigioso restaurante de Manhattan y contrata a un asistente para dicho fin, un joven aspirante a pintor que se transformará a medida que entiende los preceptos artísticos del maestro en su mayor antagonista.

Pero ustedes se preguntarán ¿Por qué introducir los orígenes de Basilio Álvarez y Skena si se trata de la pieza Rojo, que no la produce esta agrupación? La respuesta es muy sencilla, apreciar el trabajo artístico de un actor fuera de su zona de confort (su agrupación habitual) resulta una aventura extraordinaria y es que con este montaje, Basilio Álvarez ha logrado hilar fino un atormentado Rothko que dista mucho de los caracteres antes realizados y creemos que con éste ha logrado una madurez actoral y un cambio sustancial que le hace conquistar otro peldaño en su carrera y conseguir un peso y madurez al permitirse salir de sus acostumbrados códigos bajo la carpa de Skena.



Todo lo anterior es gracias a la inteligente dirección de Daniel Dannery, quien supo conducir a sus intérpretes y crear un sutil espectáculo en el que la influencia cinematográfica determina la acción teatral. Dannery construye cuadros, fotogramas con su puesta en escena y logra que el espectador visualice a través de los ojos de sus personajes lo que no existe en la escena, difícil tarea de creación que da muestra de conocer hacia dónde se quiere orientar un texto dramático.

La hiperrealidad del montaje facilita la prevalencia de la acción y la utilización excepcional del silencio y el manejo orgánico de los objetos en escena, que convierte al espectador en un voyeurista real del enfrentamiento de dos fuerzas que inevitablemente chocan: la razón encarnada en el maestro pintor versus la pasión implícita en su asistente con el ímpetu de la juventud.

Por su parte la sutilidad y el mundo interior que crea Gabriel Agüero al encarnar al joven aprendiz, da cuenta de una correcta línea de trabajo que demuestra la inteligencia y el talento de un intérprete que sabe medir los matices de su creación; sin extralimitarse Agüero permite que el personaje fluya de forma natural y va mostrando la evolución de un personaje antagónico que logra su objetivo: hacer suyo los conocimientos del maestro y poder lograr que él mismo "pise tierra" y enfrente la realidad de un ego desgastado con el paso al ocaso de su fulgurante carrera aceptando la diversidad de las nuevas propuestas artísticas de las nacientes generaciones.  Amén de lograr exorcizar su violento pasado.

Una compleja propuesta dramática que vincula el mundo de las artes plásticas al del teatro, en donde debe prevalecer lo visual y que Dannery lo resuelve a través del poder de la palabra y la organicidad actoral en composiciones de cuadros cinematográficos que es lo que resulta de la puesta en escena de esta pieza ganadora en 2010 de un Premio Tonny a mejor obra dramática.

Todo artista veterano y en formación debe encontrarse con esta propuesta que re-plantea la eterna problemática de que el arte sea un producto comercial al servicio del lucro o responda a la pasión y el sentir del artista movido por lo que realmente quiere comunicar sin ningún interés que interfiera en su producción artística.

@rosasla / Instagram: @luisalbertor



lunes, 8 de agosto de 2016



Ni siquiera Cristo aguanta 

Hasta el día de ayer domingo 7 de agosto, se estuvo presentando en la Sala Experimental del BOD la pieza teatral No hay Cristo que aguante original del dramaturgo brasileño Augusto Boal, bajo la correcta e inteligente dirección de la actriz Valentina Garrido, quien orquesta al nuevo Grupo Miradas, en representación de la Universidad Nacional Experimental de las Artes UNEARTE, en el marco de la segunda edición del Festival de Teatro Universitario organizado por el BOD. 

Este nuevo ensamble teatral demuestra de forma determinante que el teatro venezolano se encuentra vivo y respaldado por una nueva generación de creadores que se lanzan a la difícil tarea de ser el relevo necesario, y lo realizan de manera profesional y sin tapujos. El texto de Boal, le permite a Garrido denunciar una realidad social contundente: cómo la necesidad conlleva a la manipulación del sistema político, esa es la premisa que desata la trama de No hay Cristo que aguante adaptándola a la realidad venezolana el texto sufre modificaciones y se convierte en espejismo del país. 

Con un ritmo rutilante y una resolución escénica dinámica, la directora logra enganchar al espectador con la historia del obrero José y sus múltiples peripecias para lograr conseguir el pan para él y su familia, hasta morir de hambre. En cuanto a anécdota y estructura la pieza se asemeja a la escrita por José Ignacio Cabrujas en 1962 El extraño viaje de Simón el Malo, donde Cabrujas critica duramente a un sistema corrupto y viciado que arrastra todo a su paso. Así como Simón, José debe sortear gran cantidad de situaciones donde se verá enfrentado a su honestidad y su condición de obrero aunado a la voracidad del sistema consumista y los intereses políticos y electorales. 

La dirección comprende que al ser una pieza de teatro político y épico, debe desprenderse de una propuesta realista por lo que logra resolver los elementos escénicos de manera eficaz apoyada en la escenografía movible y los elementos escénicos que manipulan los actores para crear cada uno de los espacios por los que se desarrolla la acción.

Sentimos y creemos es lo más importante de este montaje, cómo el conjunto de intérpretes, orquestados por su directora logra funcionar como un engranaje casi perfecto para conseguir un cautivador montaje, pleno de caricaturescos personajes.   

Al igual que lo anterior, sentimos que el desempeño actoral es de primera línea, permitiendo a los intérpretes lucir su talento e histrionismo al asumir varios personajes (estas piezas teatrales por contar la travesía de un protagonista en el tiempo gusta de tener una lista amplia de caracteres)  Alberto Rodríguez, Omar Ochos, Malhoa Marcano, Alejandra Ridell, Angélica Ruiz, Martin Moreno, Santiago Osuna, Carlos Mendoza y Sergio Pérez, son los jóvenes estudiantes que tienen la responsabilidad de encarnar a los personajes de Boal resaltan por su versatilidad en escena. No en vano se convierten en los ganadores de esta Edición del Festival de Teatro Universitario. 

En síntesis, este montaje inyecta ímpetu a la escena venezolana y demuestra que con formación, constancia, disciplina y talento se puede orquestar un proyecto contundente y que vaya acorde con lo que la escena venezolana necesita decir. 
@rosasla
Instagram: @luisalbertor

jueves, 17 de abril de 2014

Vidas atormentadas en el Municipal

En esta tercera edición del Festival de Teatro de Caracas, hay una particularidad y es que en el mismo escenario, en distintas fechas, coincidirán dos espectáculos que giran en torno a biografías de mujeres que han transformado a la humanidad con sus artes, por un lado la célebre estrella de Hollywood Bette Davis (encarnada por Luis Fernández) en Todo sobre Bette y por el otro la legendaria pintora mexicana Frida Kahlo (interpretada por Prakriti Maduro) con la pieza Frida Kahlo, ¡Viva la vida!

Todo sobre Bette
Resume la vida de la actriz Bette Davis, inspirada en la biografía que escribiera su hija y transformada en pieza teatral por la dramaturga norteamericana Camilla Carr. Dirigida y protagonizada por Luis Fernández, este monólogo llama la atención por su extraordinaria dramaturgia. Lo más complejo del género es lograr que el personaje “accione” con la palabra y que narre pero con acción y no sólo “eche el cuento”. En el caso de Todo sobre Bette, esta premisa se logra a cabalidad, aunado a una limpia y correcta puesta en escena de Fernández quien corona su espectáculo con una desgarradora, convincente y fascinante interpretación. La estética cinematográfica está presente en la totalidad del montaje, reforzado por la potente atmósfera creada por José Jiménez en la iluminación. Todos los elementos se conjugan para entregarle al público caraqueño un espectáculo cuidado, limpio y redondo que impacta por su realización bien orquestada, y logra conmover al espectador. Sentimos que con esta performance, Fernández se apunta un peldaño más en su ascendente madurez como intérprete.
El pincel de la angustia

El próximo 23 y 24 de abril, el mismo escenario dará albergue a la historia de la pintora más famosa de México, aquella que vivió signada por la tragedia y el dolor para volcarlo en el lienzo. Frida Kahlo ¡Viva la vida! Es el monólogo escrito por Humberto Robles que cumple temporada actualmente en la Sala Plural del Trasnocho Cultural y formará parte de esta fiesta teatral caraqueña.
Dirigido por Juan José Martín y protagonizado por Prakriti Maduro, este monólogo fascina por las imágenes que se logran a partir de la puesta en escena y la interpretación, apoyados al universo pictórico y la rica imaginería de las tradiciones mexicanas. A diferencia de Todo sobre Bette, la vida de Frida en cuanto a dramaturgia ofrece mucho más narración, trabajo titánico que supone a la actriz para “hacer con la palabra” tarea que Maduro logra sortear con éxito. Envueltos en la dirección de arte del cineasta Diego Rízquez, la producción impecable de Yehilyn Rodríguez, logra conectar al espectador con el hilo conductor de todo el drama: el dolor y la muerte que rondaron a la artista durante su corta existencia.
Dos vidas, dos mujeres, dos artistas entregadas a sus pasiones, en dos monólogos que no pueden pasar por alto ya que son muestra que el teatro venezolano está dando señales de intensa recuperación para revivir a una nueva época de oro.


@rosasla
17/04/2014

domingo, 13 de abril de 2014

Dos amores intentan amar a un bicho

Sin duda alguna Gustavo Ott se ha convertido en nuestro más aventajado  dramaturgo-cronista. Como ya nos tiene acostumbrados toma las anécdotas de los sucesos de la realidad, reflejados en la prensa y los convierte en poesía teatral, para hablarnos de nosotros. El Grupo REPICO, liderado por Consuelo Trum llevó a escena, en la sala Anna Julia Rojas de Unearte, en el marco de este tercer festival, su obra teatral Dos amores y un bicho, escrita a comienzos de los dos mil y en donde el autor realiza un contundente y hermoso tratado acerca de la homofobia.
Un hombre ha asesinado a su perro ya que el can tenía prácticas homosexuales con otro perro, luego de quince años de ocurrido el suceso, éste vuelve a relucir en una visita que padre y madre hacen a su hija en el zoológico de la ciudad donde la misma trabaja. Y comienza a desencadenar todo tipo de conflictos, verdades y razones, que llevarán al límite a los personajes.
Esa es la anécdota que Gusta Ott nos cuenta en una obra con una dificultad mayor al ser escenificada, pues  hay mucho de información necesaria, de “echar el cuento” de lo que les sucedió en el pasado a estos personajes. Este recurso se hace más complejo a la hora de resolverlo en escena, pues el teatro es acción, los personajes hacen, no narran lo que hacen y Consuelo Trum, hábilmente, logra resolver  en una puesta en escena minimalista el hacer y decir de los personajes.
Karolins Rodríguez (Madre); Adolfo Nittoli (Padre) y Miling Cabello (Hija) son los protagonistas de este drama de humor negro en donde nos enfrentamos a los lados más oscuros del ser humano y ver hasta dónde son capaces de llegar cuando la intolerancia maneja sus vidas. Rodríguez como la madre, estructura un carácter contenido, que poco a poco se va desmoronando hasta lograr estallar y repeler al monstruo que tiene al lado como esposo; su ejecución es limpia y sobria con contundencia en el decir. Nittoli dibuja un padre aterrador, que justifica sus conductas bajo ataques de pánico y resulta siendo un peligro, un asesino, su performance, logra hacer que podamos detestar al personaje, es el objetivo. Por su parte Miling Cabello, da rienda suelta a su talento innegable y construye una hija que en buscas de respuestas se confronta consigo misma, logrando conmover al espectador.

En definitiva una sobria y cuidada puesta en escena, que demuestra la veteranía de Consuelo Trum como una de nuestras mejores directoras actuales, al igual que una estética de iluminación impecable de Lina Olmos, que marca la atmósfera del drama, aunado a unas aplomadas y bien resueltas interpretaciones, hacen de Dos amores y un bicho de REPICO una extraordinaria muestra de nuestro teatro venezolano con calidad de exportación.  

@rosasla
Caracas,13/04/2014

viernes, 4 de abril de 2014

Y encima se nos muere Gustavo…

                                                                 Foto cortesía Venevisión

No hay forma de digerirlo, no hay manera de entenderlo, la noticia del miércoles 02 de abril en la noche nos dio un duro golpe y nos dejó sin aliento: “se murió Gustavo” inmediatamente comenzó la búsqueda incesante en las redes sociales colapsadas y las llamadas para poder confirmar y creer lo impensable. Y digo impensable porque los que tuvimos la dicha de conocer a Gustavo Rodríguez, compartir con él algo más que trabajo, después del primer golpe de enterarnos de su enfermedad en diciembre, no podíamos dar crédito a su  partida de forma tan rápida y sin poder despedirnos.
Gustavo era talento, talento y más talento, un maestro, no sólo como actor nos deslumbró con su particular tono de voz, sus gestos, sus emociones, su verdad, sino con su humanidad. Y creo eso es lo que más nos duele, que se nos vaya el amigo, dispuesto siempre a brindar una sonrisa, un chiste, un comentario jocoso, o una anécdota que nos permitía no parar de reír.
Entregó su vida a su trabajo, a tiempo completo: teatro, cine, televisión, cualquiera que fuese el medio, su histrionismo y capacidad interpretativa se perdían de vista. Su forma de transmitir lo aprendido cuando trabajaba como maestro de actores era desde la asertividad, buscando siempre que sus alumnos pudieran brillar con luz propia. Era un gran padre, esa era otra de sus aficiones sus cuatro hijas, “sus ojos” como les decía “mis cuatro mujeres” afirmaba.
Sus compañeros de trabajo y amigos hablan de un ser espléndido, bondadoso, sencillo y con “don de gente”, nunca Gustavo perdía consciencia de ser figura pública y por eso el público lo adoraba, siempre había disponibilidad para una foto, un autógrafo. Gran contador de historias en la escena a través de sus personajes, y de sus vivencias, detrás de cámaras o tras el telón. Esa era su gran enseñanza.
Nació en 1947 en Bolívar y desde la primaria ya sabía que quería estar sobre un escenario, llegó a Caracas y comenzó su formación en el Teatro Universitario de la UCV de la mano del Maestro Nicolás Curiel y de Cabrujas, para luego desarrollar los más importantes personajes del teatro universal desde El Nuevo Grupo, bajo la tutela de Chocrón, Chalbaud o José Ignacio. Para pasar a la pequeña pantalla donde se consagró con personajes inolvidables como aquel Pedro Estrada de Estefanía, o el marido de Natalia de 8 a 9 dos telenovelas que aún quedan en el inconsciente colectivo del venezolano. Su recorrido por las artes escénicas fue impecable y lleno de una disciplina titánica. Que le permitía estar haciendo al mismo tiempo una pieza teatral, filmando una película, grabando una telenovela y  dictando un taller. No paraba, alguna vez se quejó del cansancio, pero respiraba fuertemente, y continuaba para adelante sin desmayo.
Le preocupaba su país, amo profundamente a Venezuela, le dolía nuestra situación, tenía muy claras sus convicciones políticas y siempre hablaba de lo que se merecía nuestra tierra, le molestaba profundamente la ignorancia y la mediocridad, era un tema que no podía superar.
Hoy que ya no podremos sentarnos a conversar con él de lo que nos pasa, a pedirle un consejo, una opinión o una crítica; a campanear cualquier vaso de licor entre anécdotas y carcajadas aderezadas con boleros que le encantaba cantar, en medio de este panorama incierto que nos brinda nuestro país, al caer la tarde sólo nos queda su entrañable recuerdo, el suspiro y la reflexión: Y encima se nos muere Gustavo…
@rosasla               
Caracas, 04 de abril de 2014


miércoles, 12 de febrero de 2014

Entre sacos de arena y oraciones

Foto: Cortesía de Williams Marrero.

400 Sacos de arena se titula la más reciente pieza teatral escrita y dirigida por Luigi Sciamanna que pertenece a un tríptico en el que ha estado trabajando el dramaturgo, actor y director en los últimos años sobre la relación poder-arte y cómo el primero, a través de la historia, siempre ha intentado reprimir, acabar y silenciar al segundo como vehículo eficaz de expresión del ser humano.
El espectáculo de Sciamanna, resulta en su conjunto un derroche de excelente producción y pulcra puesta en escena, pero con desniveles en actuaciones y debilidades en la dramaturgia.
La anécdota cuenta el hecho histórico ocurrido en la Italia de los años de la segunda guerra mundial, cuando la población de Milán fue azotada por los bombardeos. Un militar llega a un convento del mencionado lugar para advertir a las monjas que lo habitan el hecho que ocurrirá en 24 horas y la urgencia de abandonar el sitio. Lo particular es que en el sótano de dicho convento se encuentra una de las obras de artes más impactantes del renacimiento: La última cena de Da Vinci, a la que las religiosas deben proteger para que no sufra los embates del bombardeo.
En medio de este conflicto central de la pieza, se desarrolla una sub-trama entre el militar (Martin Peyrou) y una de las hermanas (Mariaca Semprún) quienes se enamoran, e incluso pasan a mayores consumando ese enamoramiento fugaz, bajo la protección y anuencia de la Madre Superiora (Elba Escobar) sin embargo es aquí donde sentimos los cabos de la dramaturgia quedan sueltos, pues esta pasión se resuelve sin ningún obstáculo a la vista del público y lo que es peor con el consentimiento de todo el clan de religiosas. Siendo éstas unas “monjas de clausura” como lo aclaran al principio de la pieza, es extraño que reciban con tanta ligereza y fogosidad a un hombre extraño y de las características de este soldado (hombre musculoso y muy bien formado) y no exista ningún prurito ni impedimento para que el amor se consuma.
Sciamanna logra amarrar de manera eficaz su conflicto central (el poder destruyendo el arte) hasta llegar al final de la historia cuando vemos luego del bombardeo que la obra en cuestión protegida por las religiosa logra salvarse.
No cabe duda que el mayor logro “efectista” del director es recrear a través de sonido el bombardeo al convento, uno de los mejores momentos de este espectáculo, sumado a la creación de la atmósfera de clausura y recogimiento que puede existir dentro de un convento de este estilo.
Otra de los aciertos es la dirección músico-coral de la maestra Isabel Palacios (también actriz del montaje) junto a la Cameratta Barroca de Caracas, que refuerzan el clima necesario para un montaje de este tipo.
Sentimos que Sciamanna en su afán por intentar que el público caraqueño vuelva a apreciar verdadero teatro de arte se suma un punto a su favor como lo hizo con sus dos anteriores título: La novia del gigante y El gigante de mármol; pero es menester señalar que siempre el cuidado en la síntesis textual y de representación contribuye a ganar más adeptos al espectáculo teatral en tanto el público de hoy en día no se encuentra preparado para distender su atención a casi tres horas de espectáculo.
El lenguaje teatral además de entretener, debe plantear conflictos que mantengan al público atento pegado de sus asientos y en donde los personajes tengan la necesidad de accionar para resolver los mismos. En 400 Sacos de arena, éstos lucen débiles, lo que hace que el espectador se siente a disfrutar más de una misa teatralizada y de una estética escénica que lo ubique en un claustro de hermanas para observar su cotidianidad.

Caracas, 12 febrero de 2014.
@rosasla