jueves, 17 de abril de 2014

Vidas atormentadas en el Municipal

En esta tercera edición del Festival de Teatro de Caracas, hay una particularidad y es que en el mismo escenario, en distintas fechas, coincidirán dos espectáculos que giran en torno a biografías de mujeres que han transformado a la humanidad con sus artes, por un lado la célebre estrella de Hollywood Bette Davis (encarnada por Luis Fernández) en Todo sobre Bette y por el otro la legendaria pintora mexicana Frida Kahlo (interpretada por Prakriti Maduro) con la pieza Frida Kahlo, ¡Viva la vida!

Todo sobre Bette
Resume la vida de la actriz Bette Davis, inspirada en la biografía que escribiera su hija y transformada en pieza teatral por la dramaturga norteamericana Camilla Carr. Dirigida y protagonizada por Luis Fernández, este monólogo llama la atención por su extraordinaria dramaturgia. Lo más complejo del género es lograr que el personaje “accione” con la palabra y que narre pero con acción y no sólo “eche el cuento”. En el caso de Todo sobre Bette, esta premisa se logra a cabalidad, aunado a una limpia y correcta puesta en escena de Fernández quien corona su espectáculo con una desgarradora, convincente y fascinante interpretación. La estética cinematográfica está presente en la totalidad del montaje, reforzado por la potente atmósfera creada por José Jiménez en la iluminación. Todos los elementos se conjugan para entregarle al público caraqueño un espectáculo cuidado, limpio y redondo que impacta por su realización bien orquestada, y logra conmover al espectador. Sentimos que con esta performance, Fernández se apunta un peldaño más en su ascendente madurez como intérprete.
El pincel de la angustia

El próximo 23 y 24 de abril, el mismo escenario dará albergue a la historia de la pintora más famosa de México, aquella que vivió signada por la tragedia y el dolor para volcarlo en el lienzo. Frida Kahlo ¡Viva la vida! Es el monólogo escrito por Humberto Robles que cumple temporada actualmente en la Sala Plural del Trasnocho Cultural y formará parte de esta fiesta teatral caraqueña.
Dirigido por Juan José Martín y protagonizado por Prakriti Maduro, este monólogo fascina por las imágenes que se logran a partir de la puesta en escena y la interpretación, apoyados al universo pictórico y la rica imaginería de las tradiciones mexicanas. A diferencia de Todo sobre Bette, la vida de Frida en cuanto a dramaturgia ofrece mucho más narración, trabajo titánico que supone a la actriz para “hacer con la palabra” tarea que Maduro logra sortear con éxito. Envueltos en la dirección de arte del cineasta Diego Rízquez, la producción impecable de Yehilyn Rodríguez, logra conectar al espectador con el hilo conductor de todo el drama: el dolor y la muerte que rondaron a la artista durante su corta existencia.
Dos vidas, dos mujeres, dos artistas entregadas a sus pasiones, en dos monólogos que no pueden pasar por alto ya que son muestra que el teatro venezolano está dando señales de intensa recuperación para revivir a una nueva época de oro.


@rosasla
17/04/2014

domingo, 13 de abril de 2014

Dos amores intentan amar a un bicho

Sin duda alguna Gustavo Ott se ha convertido en nuestro más aventajado  dramaturgo-cronista. Como ya nos tiene acostumbrados toma las anécdotas de los sucesos de la realidad, reflejados en la prensa y los convierte en poesía teatral, para hablarnos de nosotros. El Grupo REPICO, liderado por Consuelo Trum llevó a escena, en la sala Anna Julia Rojas de Unearte, en el marco de este tercer festival, su obra teatral Dos amores y un bicho, escrita a comienzos de los dos mil y en donde el autor realiza un contundente y hermoso tratado acerca de la homofobia.
Un hombre ha asesinado a su perro ya que el can tenía prácticas homosexuales con otro perro, luego de quince años de ocurrido el suceso, éste vuelve a relucir en una visita que padre y madre hacen a su hija en el zoológico de la ciudad donde la misma trabaja. Y comienza a desencadenar todo tipo de conflictos, verdades y razones, que llevarán al límite a los personajes.
Esa es la anécdota que Gusta Ott nos cuenta en una obra con una dificultad mayor al ser escenificada, pues  hay mucho de información necesaria, de “echar el cuento” de lo que les sucedió en el pasado a estos personajes. Este recurso se hace más complejo a la hora de resolverlo en escena, pues el teatro es acción, los personajes hacen, no narran lo que hacen y Consuelo Trum, hábilmente, logra resolver  en una puesta en escena minimalista el hacer y decir de los personajes.
Karolins Rodríguez (Madre); Adolfo Nittoli (Padre) y Miling Cabello (Hija) son los protagonistas de este drama de humor negro en donde nos enfrentamos a los lados más oscuros del ser humano y ver hasta dónde son capaces de llegar cuando la intolerancia maneja sus vidas. Rodríguez como la madre, estructura un carácter contenido, que poco a poco se va desmoronando hasta lograr estallar y repeler al monstruo que tiene al lado como esposo; su ejecución es limpia y sobria con contundencia en el decir. Nittoli dibuja un padre aterrador, que justifica sus conductas bajo ataques de pánico y resulta siendo un peligro, un asesino, su performance, logra hacer que podamos detestar al personaje, es el objetivo. Por su parte Miling Cabello, da rienda suelta a su talento innegable y construye una hija que en buscas de respuestas se confronta consigo misma, logrando conmover al espectador.

En definitiva una sobria y cuidada puesta en escena, que demuestra la veteranía de Consuelo Trum como una de nuestras mejores directoras actuales, al igual que una estética de iluminación impecable de Lina Olmos, que marca la atmósfera del drama, aunado a unas aplomadas y bien resueltas interpretaciones, hacen de Dos amores y un bicho de REPICO una extraordinaria muestra de nuestro teatro venezolano con calidad de exportación.  

@rosasla
Caracas,13/04/2014

viernes, 4 de abril de 2014

Y encima se nos muere Gustavo…

                                                                 Foto cortesía Venevisión

No hay forma de digerirlo, no hay manera de entenderlo, la noticia del miércoles 02 de abril en la noche nos dio un duro golpe y nos dejó sin aliento: “se murió Gustavo” inmediatamente comenzó la búsqueda incesante en las redes sociales colapsadas y las llamadas para poder confirmar y creer lo impensable. Y digo impensable porque los que tuvimos la dicha de conocer a Gustavo Rodríguez, compartir con él algo más que trabajo, después del primer golpe de enterarnos de su enfermedad en diciembre, no podíamos dar crédito a su  partida de forma tan rápida y sin poder despedirnos.
Gustavo era talento, talento y más talento, un maestro, no sólo como actor nos deslumbró con su particular tono de voz, sus gestos, sus emociones, su verdad, sino con su humanidad. Y creo eso es lo que más nos duele, que se nos vaya el amigo, dispuesto siempre a brindar una sonrisa, un chiste, un comentario jocoso, o una anécdota que nos permitía no parar de reír.
Entregó su vida a su trabajo, a tiempo completo: teatro, cine, televisión, cualquiera que fuese el medio, su histrionismo y capacidad interpretativa se perdían de vista. Su forma de transmitir lo aprendido cuando trabajaba como maestro de actores era desde la asertividad, buscando siempre que sus alumnos pudieran brillar con luz propia. Era un gran padre, esa era otra de sus aficiones sus cuatro hijas, “sus ojos” como les decía “mis cuatro mujeres” afirmaba.
Sus compañeros de trabajo y amigos hablan de un ser espléndido, bondadoso, sencillo y con “don de gente”, nunca Gustavo perdía consciencia de ser figura pública y por eso el público lo adoraba, siempre había disponibilidad para una foto, un autógrafo. Gran contador de historias en la escena a través de sus personajes, y de sus vivencias, detrás de cámaras o tras el telón. Esa era su gran enseñanza.
Nació en 1947 en Bolívar y desde la primaria ya sabía que quería estar sobre un escenario, llegó a Caracas y comenzó su formación en el Teatro Universitario de la UCV de la mano del Maestro Nicolás Curiel y de Cabrujas, para luego desarrollar los más importantes personajes del teatro universal desde El Nuevo Grupo, bajo la tutela de Chocrón, Chalbaud o José Ignacio. Para pasar a la pequeña pantalla donde se consagró con personajes inolvidables como aquel Pedro Estrada de Estefanía, o el marido de Natalia de 8 a 9 dos telenovelas que aún quedan en el inconsciente colectivo del venezolano. Su recorrido por las artes escénicas fue impecable y lleno de una disciplina titánica. Que le permitía estar haciendo al mismo tiempo una pieza teatral, filmando una película, grabando una telenovela y  dictando un taller. No paraba, alguna vez se quejó del cansancio, pero respiraba fuertemente, y continuaba para adelante sin desmayo.
Le preocupaba su país, amo profundamente a Venezuela, le dolía nuestra situación, tenía muy claras sus convicciones políticas y siempre hablaba de lo que se merecía nuestra tierra, le molestaba profundamente la ignorancia y la mediocridad, era un tema que no podía superar.
Hoy que ya no podremos sentarnos a conversar con él de lo que nos pasa, a pedirle un consejo, una opinión o una crítica; a campanear cualquier vaso de licor entre anécdotas y carcajadas aderezadas con boleros que le encantaba cantar, en medio de este panorama incierto que nos brinda nuestro país, al caer la tarde sólo nos queda su entrañable recuerdo, el suspiro y la reflexión: Y encima se nos muere Gustavo…
@rosasla               
Caracas, 04 de abril de 2014


miércoles, 12 de febrero de 2014

Entre sacos de arena y oraciones

Foto: Cortesía de Williams Marrero.

400 Sacos de arena se titula la más reciente pieza teatral escrita y dirigida por Luigi Sciamanna que pertenece a un tríptico en el que ha estado trabajando el dramaturgo, actor y director en los últimos años sobre la relación poder-arte y cómo el primero, a través de la historia, siempre ha intentado reprimir, acabar y silenciar al segundo como vehículo eficaz de expresión del ser humano.
El espectáculo de Sciamanna, resulta en su conjunto un derroche de excelente producción y pulcra puesta en escena, pero con desniveles en actuaciones y debilidades en la dramaturgia.
La anécdota cuenta el hecho histórico ocurrido en la Italia de los años de la segunda guerra mundial, cuando la población de Milán fue azotada por los bombardeos. Un militar llega a un convento del mencionado lugar para advertir a las monjas que lo habitan el hecho que ocurrirá en 24 horas y la urgencia de abandonar el sitio. Lo particular es que en el sótano de dicho convento se encuentra una de las obras de artes más impactantes del renacimiento: La última cena de Da Vinci, a la que las religiosas deben proteger para que no sufra los embates del bombardeo.
En medio de este conflicto central de la pieza, se desarrolla una sub-trama entre el militar (Martin Peyrou) y una de las hermanas (Mariaca Semprún) quienes se enamoran, e incluso pasan a mayores consumando ese enamoramiento fugaz, bajo la protección y anuencia de la Madre Superiora (Elba Escobar) sin embargo es aquí donde sentimos los cabos de la dramaturgia quedan sueltos, pues esta pasión se resuelve sin ningún obstáculo a la vista del público y lo que es peor con el consentimiento de todo el clan de religiosas. Siendo éstas unas “monjas de clausura” como lo aclaran al principio de la pieza, es extraño que reciban con tanta ligereza y fogosidad a un hombre extraño y de las características de este soldado (hombre musculoso y muy bien formado) y no exista ningún prurito ni impedimento para que el amor se consuma.
Sciamanna logra amarrar de manera eficaz su conflicto central (el poder destruyendo el arte) hasta llegar al final de la historia cuando vemos luego del bombardeo que la obra en cuestión protegida por las religiosa logra salvarse.
No cabe duda que el mayor logro “efectista” del director es recrear a través de sonido el bombardeo al convento, uno de los mejores momentos de este espectáculo, sumado a la creación de la atmósfera de clausura y recogimiento que puede existir dentro de un convento de este estilo.
Otra de los aciertos es la dirección músico-coral de la maestra Isabel Palacios (también actriz del montaje) junto a la Cameratta Barroca de Caracas, que refuerzan el clima necesario para un montaje de este tipo.
Sentimos que Sciamanna en su afán por intentar que el público caraqueño vuelva a apreciar verdadero teatro de arte se suma un punto a su favor como lo hizo con sus dos anteriores título: La novia del gigante y El gigante de mármol; pero es menester señalar que siempre el cuidado en la síntesis textual y de representación contribuye a ganar más adeptos al espectáculo teatral en tanto el público de hoy en día no se encuentra preparado para distender su atención a casi tres horas de espectáculo.
El lenguaje teatral además de entretener, debe plantear conflictos que mantengan al público atento pegado de sus asientos y en donde los personajes tengan la necesidad de accionar para resolver los mismos. En 400 Sacos de arena, éstos lucen débiles, lo que hace que el espectador se siente a disfrutar más de una misa teatralizada y de una estética escénica que lo ubique en un claustro de hermanas para observar su cotidianidad.

Caracas, 12 febrero de 2014.
@rosasla
  

lunes, 30 de diciembre de 2013

El Top 10 teatral de 2013

Se cierra un ciclo y siempre hay que mirar atrás para evaluar, aprender de los errores y aprovechar los aprendizajes durante el año. 2013 fue un año variopinto en materia teatral, creo que lo más importante es que se nota una disposición del teatro independiente de autor a no abandonar el esfuerzo conseguido en años de trabajo y tratar de recuperar los espacios perdidos.
Siento que el teatro de arte, el que hacemos los grupos independientes está despertando de nuevo, aún falta mucho terreno que ganar, que cedimos al teatro comercial debido a las grandes carencias y necesidades económicas del país y del medio teatral, se ha sacrificado calidad por taquilla y la TV se metió en el teatro.
Todo el teatro debe ser comercial, y las Comedias Ligeras Comerciales (CO.LI.CO) deben existir, debe haber para todos los gustos, el problema es que sólo exista y se programe en las salas espectáculos comerciales y con "figuras" de cartel. Siento que este año 2014 eso irá cambiando en la medida que nosotros los mismos teatreros hagamos el esfuerzo por re-conquistar nuestros espacios perdidos y los programadores de las salas entiendan que el dinero no puede estar por encima de la calidad y el arte porque irrespetan al espectador.
Por otro lado es necesario ir educando de nuevo al público venezolano. Enseñarle que no sólo al teatro se va a reír sin pensar, el problema a superar es que la formación en nuestro país está en unos niveles lamentables y cuesta mucho hacer entender al público de a pié que el teatro no es sólo actores de Tv, stand up o problemas sexuales. Hay muchos artistas del teatro que continuamos trabajando por un mejor nivel teatral tenemos muchos ejemplos de grandes y talentosos actores de “cartel” que se han comprometido en piezas de alto valor artístico, hacia eso hay que apuntar: risa bien hecha más un texto inteligente que les hará reflexionar, con impecables actuaciones.
A continuación la lista de los 10 acontecimientos teatrales más importantes que a mi criterio llamó la atención en 2013:

10.- Stop Kiss, de la mano de la productora Ananás, liderada por Reinaldo Cervini, la directora Consuelo Trum logró conmover a los espectadores de la Sala Plural del Trasnocho Cultural y nos entregó una cuidada reflexión acerca de la homofobia, producción impecable y soberbias actuaciones de Sheila Monterola y Karina Velásquez. Un reto de dirección con un texto que fue pensado para la TV. O el cine.

9.- Profundo, en la misma sala, revivió el verbo cabrujiano bajo la batuta de Héctor Manrique, para comprobar que José Ignacio Cabrujas es nuestro clásico más universal. Entender que lo contado en Profundo parece definirnos en nuestra idiosincrasia y que seguimos en el mismo punto histórico es una dolorosa realidad. Manrique, puso atención en la dirección de actores y logró orquestarlos de una manera extraordinaria, cada uno en su rol descolla de forma contundente su carácter sobre la escena. La solidez del equipo artístico ofreció interpretaciones determinantes que pasearon al público desde el humor negro hasta la risa que se transformó en mueca, con soberbias actuaciones de Luis Abreu y las veteranas Tania Sarabia y Violeta Alemán. Junto a los talentosos Prakriti Maduro, Daniel Rodríguez y Angélica Arteaga.   

8.- Los enemigos del Pueblo, Este año asistimos a dos versiones de Un enemigo del pueblo, de Ibsen, el Grupo Teatral Emergente de Caracas, bajo la égida del inteligente Jesús Delgado, logró una brillante puesta en escena, cuidada en detalles estéticos y en sus actores, destacaron del colectivo: Antonio Delli, Claudia Nieto, Wilfredo Cisneros y Jesús Hernández. Por otro lado Skena, dirigidos por el arriesgado Armando Álvarez, mostró un espectáculo centrado en la denuncia mediática, la versión que del texto realizó el maestro Ugo Ulive centró la atención en el personaje del Alcalde, en este caso Jorge Palcios quien se lució como primer actor, sin dejar de lado a Basilio Álvarez en el papel del Dr. Stockman, Disímiles versiones igual contundencia y riesgo artístico.  

7.- El Hombre más aburrido del mundo, Gustavo Ott, nuestro autor más internacional, logra en este elaborado texto de teatro-periodismo, cautivar al público con una historia épica de un hombre que logra burlar a los servicios secretos de ambos bandos en la segunda guerra mundial a través de su histrionismo y amor por el teatro. La puesta en escena de Luis Domingo González, supo sacar el jugo a sus actores y el mayor peso cae en su protagonista José Gregorio Martínez, que con este trabajo, demostró su madurez y talento actoral.

6.- El Gigante de Mármol, en el marco del XVIII Festival Internacional de Teatro de Caracas, que arribó a sus 40 años de existencia, pudimos disfrutar del filosófico e texto y puesta en escena de Luigi Sciamanna, que intituló El gigante de Mármol, aquí, se pusieron en discusión de forma muy inteligente por parte del dramaturgo, grandes temas como la libertad de creación, el artista defendiendo su idea, la castración del poder, venga de donde venga y los intereses económicos que han persistido a través del tiempo. Protagonizado por: Elvis Chaveinte, Jorge Palacios, Marcos Moreno, Armando Cabrera y el propio Sciamanna. Esta obra viene a cerrar el díptico del autor acerca de El David de Miguel Ángel, junto con la pieza La novia del gigante, estrenada el año pasado en el Teatro Trasnocho.

5.- Margburg, Aníbal Cova, Newman Vera y Giovanna Sperandei, son los jóvenes líderes de Dram-on que emprendieron la idea de llevar a cabo este proyecto y convocaron a uno de los directores más sobresalientes del país, Juan José Martín quien a su vez logró amalgamar un casting de primera línea encabezado por los veteranos: Diana Volpe, Guillermo Díaz (Yuma), Eulalia Siso y Elio Petrini, en compañía de los jóvenes Ana Melo, Markel Méndez, Louani Rivero y los mismos “Dram-ones”: Cova y Vera. Iniciaron la aventura apasionados por la historia y desafiando todos los escollos que puede significar realizar un montaje teatral de autor frente a la marquesina actual caraqueña donde pululan las risas y los actores con escasas prendas de vestir y hermosos cuerpos. Pero lo lograron y Margburg, se transformó en un espectáculo cuidado con calidad de exportación y una producción impecable.

4.-  Tierra Santa, El Taller Experimental de Teatro (TET) arribó a sus primeros 40 años y apostaron por llevar a escena el más reciente texto del dramaturgo venezolano Elio Palencia, uno de nuestros más altos valores de las letras dramáticas. Lo importante de este espectáculo a mi juicio, es cómo Palencia logra hablarnos de nuestra idiosincrasia desde lo masculino, y resalta el problema de la paternidad irresponsable en las voces de dos hermanos (Gullermo Díaz (Yuma) y Ludwing Pineda) que en su vejez, tratan de reconciliarse con un nefasto pasado de abandonos, en un remoto pueblo de nuestra geografía nacional. Dirección inteligente de Costa Palamides y pulcra producción de Karla Fermín.

3.- Rondó Adafina, La producción de este delicioso espectáculo estuvo en manos de la productora Image Class a cargo de Carlos Scoffio y Sonia Whitman, impecable en detalles y guiados correctamente por la sapiencia de Edwin Erminy, su autor y director, quien supo rodearse de un extraordinario elenco artístico encabezados por el maestro Francisco (Pancho) Salazar, Oswaldo Maccio, el hilo de la historia, descollando talento actoral y conmoviendo con su hermosa voz a los espectadores, acompañado por las veteranas Gladis Seco y Carolina Leandro, junto a los jóvenes: Vera Linares, Mónica Quintero y Pastor Oviedo, todos demostrando un gran nivel y comprensión de lo que el creador Erminy necesitaba para su espectáculo: intérpretes integrales, actores, bailarines, cantantes con la sensibilidad a flor de piel para lograr conmover al público con sus performances.

2.- Jazmines en el Lídice, es un  trabajo que todo caraqueño, y extenderíamos a todo venezolano debe ver, allí encontrará una terrible y hermosa radiografía de nuestra convulsa sociedad, tragada por la violencia y la pérdida del respeto por “el otro”. Seis mujeres coinciden en la casa de una de ellas Meche, son hermanas, cuñadas, madres, amigas, vecinas un solo hilo las une, el dolor por la pérdida de sus hombres en mano de la violencia. Sus hijos, maridos, primos, cuñados, amigos, vecinos, han caído uno a  uno dejándolas solas rumiando su dolor. Las primeras actrices Gladys Prince y Omaira Abinadé, lideran el elenco que secundan Rossanna Hernández, Patrizia Fusco, Samantha Castillo y Tatiana Mabo, todas bajo la correcta visión escénica de Jesús Carreño, quien logró una realista puesta jugando a ratos con los imaginarios surrealistas de lo que podría ocurrir en las mentes de estas féminas rasgadas por la injusticia y la impunidad. La dramaturga Karin Valecillos, logró alzarse con el Premio Isaac Chocrón en su primera Edición, entregado este año y junto a su colectivo Tumbarrancho Teatro, logran colocarse como una de las agrupaciones más sólidas e interesantes del panorama teatral venezolano, en tanto mantienen el trabajo de “grupo” perdido hace ya muchos años en el país lo que los lleva a producir estos resultados.  


1.- La caja de fósforos, presenciar lo que ocurrió durante 2013 en la antesala de la Concha Acústica de Bello Monte, era estar frente a un acontecimiento que pocas veces se ha dado en nuestra golpeada ciudad en los últimos tiempos. Tres colectivos teatrales de reconocida trayectoria profesional en las tablas venezolanas: Contrajuego, Circuito Arte Cénica y Hebú Teatro, dirigidos por Orlando Arocha, Ricardo Nortier y Diana Volpe, respectivamente; salvando todos los obstáculos posibles y apoyándose en su constante trabajo, lograron levantar una nueva “sala teatral de bolsillo” a la que han llamado La caja de fósforos.
Nos parece increíble esta hazaña en tanto el país-económico que vivimos no es el más adecuado para tales fines. Donde más bien las agrupaciones deben bajar sus “santamarías” por no poder costear sus gastos. Éstos férreos artistas, lucharon hasta hacerse de un nuevo lugar y brindarle a toda la comunidad aledaña y en general a la urbe, una exclusiva sala de cincuenta y cinco puestos.
La oferta fue variada desde su apertura en mayo de este año con el polémico montaje de Macbeth dirigido por Arocha; luego le siguieron: Saverio el cruel, clásico contemporáneo argentino; un extraordinario festival de talento emergente que denominaron El piquete; a lo que siguió la puesta en escena de Agreste, conmovedora historia sobre la homofobia en un pueblo del Norte de Brasil, dirigida por Ricardo Nortier y cerrando el año, la contundente pieza Celebración basada en la película danesa Festen, en versión teatral inglesa, dirigida por Volpe.
Junto a las propuestas infantiles que consistieron en la puesta en escena de Mi amiguito Frankenstein  y El día que cambió la vida del Señor Odio. Los proyectos llevados adelante no tuvieron desperdicio alguno y el batallón de artistas que han conseguido una tribuna para expresar sus inquietudes es innegable. Para mí este es el más importante evento de 2013.  
¡Feliz 2014! ¡Se abrirán los telones y veremos!

Caracas, 30 de diciembre de 2013.
@rosasla 


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Una degustación Sefardí

El recinto mágico y lúgubre de la antigua capilla de la Congregación de Hermanos de La Salle, hoy sede de la Escuela de Enfermería de la Universidad Central de Venezuela, se devela imponente e intimidante al caer la noche. Su hermosa arquitectura que recuerda las enormes casonas de fincas de finales del Siglo XIX y principios del XX, no deja más que éxtasis y añoranza por los amplios espacios, las columnas, los balcones y los pisos de mosaicos que luchan por no desaparecer en el tiempo.

Un enorme salón con remembranzas de una iglesia gótica se descubre ante la mirada incrédula y la sensación de que miles de ojos de antepasados te están siguiendo en tu recorrido. La mezcla de elementos escénicos modernos junto a la estructura arquitectónica, es en sí misma un generoso espectáculo, amén de la utilería dispersa en escena que habla por sí sola de viaje, de recorrido, de inmigración, de épica y trasatlántico.

El leit motiv de todo este introito es la migración Judía Sefardí que se remonta a Marruecos en el siglo XV hasta llegar a la Vela de Coro, en suelo patrio, entre los siglos XIX y XX, a través de un aventurero personaje llamado Haím Benatar (Oswaldo Maccio), quien deseoso de conocer el mundo se despide de su familia y sacrifica su amor (al que encuentra en alucinaciones) que va descubriendo en su recorrido: Sefarad (España), Portugal, Holanda, Brasil y Curazao, hasta llegar a Venezuela.

Mezcla de religiones, razas, olores, sabores, lenguas y sonoridades, es esta suerte de canto épico que traslada los sentidos del espectador a la vida de estos hombres y mujeres que huyeron a través del Atlántico buscando un mejor estilo de vida, dejando atrás a sus ancestros, a sus costumbres, a su paisaje.

Esta pintura escénica con olores, cuentos, sonidos y sabores viene de la mano de uno de los maestros venezolanos más connotados en arquitectura escénica y a quién la mente insaciable del creador no dejó descansar hasta producir su segunda “ópera trasatlántica” como él mismo la llama, se trata de Edwin Erminy, quien ya en 2000 nos había deleitado con la historia de Variaciones sobre Concierto barroco basado en los relatos de Carpentier y la insaciable búsqueda de El Dorado en sus Pasos perdidos. Antes fueron los conquistadores del nuevo mundo, ahora con Rondó Adafina, que es como se intitula esta segunda propuesta, son los errantes judíos tratando de hacerse un espacio en el mundo.

La producción de este delicioso espectáculo está en manos de la productora Image Class a cargo de Carlos Scoffio y Sonia Whitman, impecable en detalles y guiados correctamente por la sapiencia de Erminy quien supo rodearse de un extraordinario elenco artístico encabezados por el maestro Francisco (Pancho) Salazar, Oswaldo Maccio, el hilo de la historia, descollando talento actoral y conmoviendo con su hermosa voz a los espectadores, acompañado por las veteranas Gladis Seco y Carolina Leandro, junto a los jóvenes: Vera Linares, Mónica Quintero y Pastor Oviedo, todos demostrando un gran nivel y comprensión de lo que el creador Edwin Erminy necesitaba para su espectáculo: intérpretes integrales, actores, bailarines, cantantes con la sensibilidad a flor de piel para lograr conmover al público con sus performances.

Rondó Adafina es un espectáculo teatral, ciertamente, pero también es un canto a la tolerancia, al recuerdo, a la memoria; es un relato de persecuciones políticas, religiosas; es un musical poético sobre una comunidad dispersa en el mundo que supo alimentar el crisol de este mestizaje que somos los venezolanos.

Afortunadamente existió un pueblo llamado Coro que en el Mar Caribe pudo dar cobijo a estos inmigrantes que con cariño llamamos en un principio “turcos” con sus telas al hombro o en grandes maletas, marchantes eternos sintiéndose propios y extraños en esta vastedad del trópico que supo abrigarlos.

La experiencia de realizar este viaje escénico-sensorial es única y estoy seguro que usted, estimado lector, estará de acuerdo conmigo cuando al final del espectáculo pruebe el sabor de ese caldo La Adafina, y entenderá un poco más de qué estamos hechos y que aún este país continúa siendo esa tiera de las posibilidades que una vez nuestros abuelos y los que llegaron de lejos soñaron.

L.A.R/ @rosasla

Caracas, 13/11/2013       

viernes, 8 de noviembre de 2013

La familia celebra



Las relaciones familiares son siempre caldo de cultivo para interesantes conflictos. Ya por el hecho de estar ligados a unas personas por vínculo consanguíneo, sin haberlo escogido, obliga al ser humano a tener que lidiar con los miembros de un clan quiera o no.

Los grandes dramaturgos y escritores en general encuentran en este particular grupo un reservorio tentador para alimentar sus historias y es que los cuentos familiares siempre esconden secretos, intrigas, verdades no dichas y revelaciones que a medida que el hombre avanza en edad va develando poco a poco o nunca se entera.

Así lo hizo el cineasta danés Thomas Vinterberg, cuando escribió y dirigió en 1998 el célebre film Festen, que inauguró el aclamado movimiento cinematográfico independiente llamado Dogma y que fuese adaptada por el inglés David Eldridge al teatro y esta vez traducida y dirigida por la primera actriz venezolana Diana Volpe, quien con este espectáculo arriba a su segundo trabajo de puesta en escena.

Inteligentemente, Volpe se hace de un extraordinario elenco de jóvenes pertenecientes a la agrupación Deus ex machina y a otros colectivos teatrales: Gabriel Agüero, Rossana Hernández y Elvis Chaveinte, acompañados por Djamil Jassir, las veteranas: Citllali Godoy y Matilda Corral, junto a los jóvenes: Giovanny García,  Nakary Bazán, Germán Manrique, Ángel Pájaro, Layla Vargas, Antonio Ruíz y Julio César Marcano.  

Lo interesante y relevante de este montaje no es solamente su gran y trastornadora historia: En el cumpleaños del patriarca de la familia, uno de sus hijos revela delante de toda la familia que él y su hermana gemela (quien se ha suicidado) fueron abusados sexualmente en su niñez por el homenajeado padre, lo que genera todo el conflicto central de la acción dramática y enfrentará a la familia disfuncional para finalmente execrar a su progenitor. Sino la síntesis de dirección que logra Volpe, entregando una sencilla pero contundente puesta en escena, concentrándose en la dirección correcta de sus talentos en los que se destacan: Gabriel Agüero, quien con este trabajo se convierte a nuestro juicio en uno de los actores jóvenes más importantes de la escena venezolana; al igual que Rossana Hernández y Elvis Chaveinte quienes proponen unos caracteres complejos e hilados con transiciones contundentes. Sin desmerecer el trabajo del elenco de soporte que logra un nivel conmovedor de interpretación haciendo que el público viva la terrible historia apasionadamente.
Mención aparte merecen Matilda Corral en la caracterización de la tía depresiva y alcohólica, una clase de actuación junto a Citllali Godoy, quien construye una madre pasiva y contenida hasta que el volcán de su impotencia estalla.
Definitivamente este espectáculo merece atención en el panorama escénico caraqueño de este final de año, no hay que dejar de verlo, en la Caja de fósforos de la Concha Acústica de Bello Monte,  no sólo por su calidad artística y su cuidada dirección, sino porque representa un producto de exportación y revela que el teatro profesional y de arte venezolano alberga infinito talento amén de estar trabajando sólo autofinanciándose como pueda… 

@rosasla /@avencrit
Caracas, 08/11/2013