viernes, 18 de noviembre de 2011

El Arca de Noelia zarpó desde la Sala Rajatabla


La Barraca, con una trayectoria incansable por el desarrollo del teatro venezolano es una de las pocas agrupaciones que lucha desde su espacio en la ciudad de Puerto Ordaz en el Estado Bolívar, con más de treinta años de labor, se han convertido en una referencia importantísima cuando hablar de teatro regional en Venezuela se refiere, y eso gracias al tesón de su director y fundador Juan Pagés, quien no ha desmayado en su afán por formar y llevar al público guayanés lo mejor de la dramaturgia universal.

Esta vez nos traen a la capital una sencilla puesta en escena del texto dramático del escritor mexicano Humberto Robles que cuenta la historia de una pequeña familia pueblerina enfrentada a la homofobia y a la terrible realidad que uno de sus miembros contrae el virus del HIV.

El título: El arca de Noelia, alude simbólicamente y de una manera inteligente, a la historia bíblica del castigo que Dios manda a los habitantes de la tierra por sus pecados “lloverá por 40 días y 40 noches” este pasaje le funciona perfectamente al dramaturgo para a través de él hablarnos del pecado y de cómo seremos “castigados” por las desviaciones que podemos cometer. Así como en aquel tiempo el diluvio ocurrió para “renovar” a los seres vivos que debieron resguardarse en el arca de Noé, ahora en la actualidad tendrán que protegerse en el Arca de Noelia aquellos que incurran en las desviaciones de las que habla la pieza.

Crítica a nuestra sociedad contemporánea, llamado de atención en cuanto a la homofobia y el rechazo a las minorías que piensan y accionan distinto, al igual que a los que indiscriminadamente dañan nuestro planeta (el autor alude el diluvio que vendrá al calentamiento global que sufrimos actualmente).

Con esta pieza Juan Pagés (su director) confirma que La Barraca es un grupo teatral que no deja de estar en sintonía con los temas de interés de nuestra realidad, apoyado en su planta de actores, logra entregar un espectáculo limpio, correcto en movimientos y puesta en escena; las veteranas Sonia Prieto (Noelia) y Lourdes Rojas (Genoveva) dan muestra de su oficio de actrices y fascinan al espectador con su performance, siendo las dos miradas contrapuestas del problema que se les avecina, la primera, la madre homofóbica, la segunda, la abuela comprensiva, que ama sin prejuicios a su nieto. Por su parte la planta actoral masculina (más jóvenes y por lo tanto menos expertos sobre las tablas) cumple cabalmente con su objetivo de encarnar la contraparte que detona el conflicto de la obra. Luis Gabriel Ramírez (Alejandro) el hijo de Genoveva y quien sufre la debacle de la enfermedad y Alejandro Bertho (Esteban) en el inquilino que llega a poner la nota reconciliatoria en la casa y ser el personaje que salva de alguna manera a Alejandro ofreciéndole comprensión amor.

En síntesis es un placer admirar el trabajo sin descanso que colectivos de las regiones de nuestro país realizan en materia teatral, con El arca de Noelia, esta agrupación guayanesa, demuestra que existe la posibilidad de realizar teatro profesional, de altura y de contenido profundo en temáticas que cautiven al espectador. Nuestro aplauso para ellos.

Luis Alberto Rosas

Caracas, 18/11/2011

Crónicas Palahniuk: Un encuentro con la transgresión


El pasado martes, en la continuación del Festival de Teatro de Caracas, la Sala Rajatabla albergó el montaje del colectivo Teatro Forte, quienes han cautivado al público caraqueño con sus transgresores montajes, bajo la tutela de su director Vladimir Vera.

Esta vez ofrecieron su adaptación teatral (estrenada en 2010) de los relatos del estadounidense Chuck Palahniuk, polémico narrador contemporáneo que ha causado estupor por sus temas retorcidos. Sus libros, describen personajes que han sido marginados de una u otra forma por la sociedad, y que a menudo reaccionan con agresividad autodestructiva, lo que el mismo autor denomina “ficción transgresiva”.

Los relatos escogidos por Vera (Asfixia y Fantasmas), recrean a seres que descubren sus costumbres sexuales calificadas de aberraciones por la sociedad, son fanáticos obsesivos de prácticas poco comunes de auto placer o relaciones retorcidas con otros.

Fedora Freites, Nadeschda Makagonov, Elvis Chaveinte, Larissa Costas y Jesús Sosa, son los encargados de interpretar cinco monólogos que intimidando al público que ríe nerviosamente por los relatos, transgreden su intimidad y revelan el lado más oscuro innegable que tenemos todos los seres humanos.

Sus actuaciones demuestran el talento de los actores venezolanos, correctamente dirigidos en la interpretación del texto, el quinteto se luce y consigue su objetivo: hacer que el público se incomode, carraspee, tosa por las situaciones insólitas en las que se ven involucrados los personajes, quizás porque se reconocen en las acciones contadas.

Destacan particularmente los desempeños de Fedora Freites, contundente y avasallante, Nadeschda Makagonov, demostrando una extraordinaria madurez y crecimiento actoral que la sitúan como una de nuestras más talentosas intérpretes y Jesús Sosa, veterano histrión de nuestro teatro, demuestra que no equivocó la elección de su oficio. Nos complace mucho volver a ver sobre las tablas caraqueñas a la actriz Larissa Costas, quien estuvo un tiempo alejada de nuestros escenarios, por su parte Elvis Chaveinte realiza un difícil trabajo a propósito de decir la totalidad de un texto con la boca llena de comida, que dificulta a veces su interpretación y desconcentra su acción.

En síntesis, Crónicas Palahniuk, da muestras del avance de nuestro teatro, con propuestas arriesgadas y contundentes que deberían mantenerse en temporada más tiempo y no sólo por dos funciones a propósito de la fiesta teatral caraqueña.

Luis Alberto Rosas

Caracas 16/11/2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Murió Nuestro Patriarca


De madrugada, en silencio, sin estertores dramáticos, ya hacía un tiempo se había retirado de la vida pública, pero con qué vacío nos deja a todos: a los que recibimos su enseñanza en las aulas de la Escuela de Artes de la UCV, a los que actuamos sus piezas, a los que dirigimos sus textos, a los que disfrutamos de sus narraciones, a los que nos conmovimos con sus personajes, a los que vestimos y maquillamos a sus personajes, a los que reímos con su inigualable humor, a los que soñamos con su ejemplo, a los que nos maravillamos con su sabiduría, a los que agradecimos su gerencia, a los que supimos leerlo entre líneas y sorprendernos por su verbo incisivo, a los que aprendimos de él que la familia escogida es la más importante, a los que le agradecemos haber compartido con nosotros este plano y habernos legado su talento detrás de esa pícara sonrisa y esa mirada inolvidable.

Ayer en la madrugada se fue el patriarca de nuestro teatro, se fue el maestro Isaac, se fue le enfant terrible, como lo calificaban algunos en sus comienzos. Lo sobreviven sus letras, sus personajes eternos, sus conflictos profundos y su crítica precisa. Quedan con nosotros: Mónica y el Florentino (1959), Amoroso o una mínima incandescencia (1961), El Quinto Infierno (1961), Animales Feroces (1963) Asia y el lejano Oriente (1966), Tric-Trac (1967), Okey (1968), La Revolución (1971), Alfabeto para analfabetos (1973) La máxima felicidad (1976), El Acompañante (1978) Mesopotamia (1979), Simón (1980), Clipper (1987) Solimán, el magnífico (1991) Escrito y Sellado (1993) Uno Reyes Uno (1996), Volpone y El Alquimista (1996), Tap Dance (1999), Los Navegaos (2001); una meteórica obra dramática que dibuja un país, un sentir venezolano una opinión certera sobre nosotros.

Su dramaturgia movilizó los cimientos de nuestro arte teatral y los refundó desde una mirada mucho más interna, sus personajes, viajeros incesantes, se trasladaban por los conflictos frente al “otro” enfrentándose al país que los paría, a la familia donde nacían, a los afectos que construían o a las religiones que decidían pregonar: “consecuencia inmediata [el teatro de Isaac Chocrón] es un teatro en el que el individuo es en forma creciente, una mónada existencial con escasas referencias sociales, que en sus últimas obras se enfrenta, casi exclusivamente, con el horizonte de la muerte y con la reconciliación espiritual y religiosa”. (Azparren 1997: 161)[1].

Sus personajes al verse derrotados en sus metas comienzan a pensar en huir, hacia otros destinos o apostar a la muerte. Estar cercanos a ella los transforma o los revive, les hace tomar conciencia del cambio o simplemente los arroja a un inexorable peregrinar, como Mónica en Mónica y el Florentino o Betsy en El quinto infierno, también Luis en Escrito y sellado o Sol, la cuestionada madre de Animales feroces, por ejemplo. Son caracteres que quedarán para siempre entre en nosotros, recordándonos que en algún momento hubo alguien que se preocupó por hablar desde su universo íntimo para explicarnos nuestra existencia.

Es hora de no olvidar y por ello es hora de releer la obra “chocroniana” para darnos cuenta que en su teatro, en su narrativa o en sus ensayos, habita un alma deseosa de pensarnos y vernos mejor, con crudeza, sí, sin rodeos, claro y directo, tensando el arco apuntando al objetivo, hacia ese país que nos duele, que nos suspende en un suspiro ahogado. Junto a Isaac y sus personajes debemos quitar el velo y asomarnos a ver la realidad, aunque duela, quizás allí encontremos un mejor camino, escuchando la voz de nuestro patriarca.

¡Feliz viaje Maestro!

L. A. R

Caracas, 07 de noviembre de 2011.

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com


[1] Azparren, L. (1997) El teatro en Venezuela, ensayos históricos. Alfadil Ediciones. Caracas.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Cuando las Excusas son el motivo.


El Grupo Actoral 80 con más de treinta años de labor por el teatro venezolano, vuelve a escena en la Sala Plural del Trasnocho Cultural, para entregarnos la comedia contemporánea Excusas, original de los escritores catalanes: Joel Joan y Jordi Sánchez, que cuenta la historia de dos parejas tratando de superar los escollos de la vida cuando se tienen 30 y la sociedad obliga a tomar otras responsabilidades de gente “adulta”.

Lo interesante de esta propuesta, es que no estamos frente al elenco tradicional del GA 80, si no que, como agrupación profesional preocupada por la formación de nuevas generaciones, el colectivo teatral da paso a su novel camada de actores profesionales y les permite afrontar la responsabilidad de formar parte de su elenco estable. Angélica Arteaga, Jesús Cova, Wadih Hadaya y Ana Alicia Pérez, son los histriones que llevan en sus hombros la tarea de cautivar al espectador caraqueño y conmoverlo con una historia que inmediatamente atrapa a propios y extraños.

Y es que uno de los ganchos más importantes de este espectáculo está en su dramaturgia, el planteamiento de la comedia cotidiana con visos de drama, conectan inmediatamente al público con una etapa de la vida que, en los que ya la han pasado pulsa en sus recuerdos y en los que aún están por llegar, los invita a reflexionar acerca de la difícil época por venir, donde una sociedad estructurada en la familia y el reconocimiento económico, empuja a dar respuestas de “lo que se tiene” al llegar a la treintena.

No sólo es una excelente oportunidad para corroborar que nuestro teatro está vivo y con generaciones de extraordinarios talentos que son los que conducirán nuestro arte escénico los próximos 20 años, sino que además, el Grupo Actoral 80 posibilita la formación de nuevos directores. Es el caso que con Excusas dan la batuta a la arrojada Melissa Wolf para que asuma la dirección del espectáculo. Actriz, productora, modelo y directora, Wolf en su reciente desarrollo profesional, se ha perfilado como una de las directoras venezolanas con visión y talento innegables, que aseguramos dejará muy bien parado al Grupo Actoral 80 cuando se escriba la historia de la agrupación en el siglo que vivimos. Su lectura escénica del texto catalán, resulta fresca, sincera, ajustada a lo que exige la dramaturgia y apoyándose en el talento de sus actores. Su planteamiento de hiper realidad (propuesta nada fácil hoy en día) nos demuestra que sabe lo que hace con un libreto de este calibre en la mano. Dinámica, sin pretensiones de grandes espectacularidades, pero correcta en el manejo técnico de los efectos que pide el texto, Melissa Wolf se anota otro punto a su favor en su desenvolvimiento como directora, amén de cuidar correctamente las transiciones de sus actores con una dedicada conducción de interpretación.

Por su parte las caracterizaciones en Excusas, lucen aplomadas, el cuarteto está muy a nivel, cada rol que desempeñan es creíble y de muy fácil identificación. Angélica Arteaga avanza avasallante a convertirse en una de nuestras actrices más aventajadas, ya en el aplaudido montaje dirigido por Héctor Manrique de Acto Cultural, de José Ignacio Cabrujas, hizo alarde de su innegable don; con su papel de Begoña en Excusas plena de matices emocionales, sube otro peldaño en el desarrollo de su carrera. Jesús Cova (Pareja de Arteaga en el montaje) construye un personaje de forma eficaz, el típico venezolano conformista, varón domado y manipulado por su mujer, pero que al final se revela y estalla en una excelente transición que dan cuenta de su versatilidad como actor. Debutando en el teatro profesional caraqueño, Wadih Hadaya plantea un antagonista de altura, al revelarse insoportable para la pareja protagónica y lo mismo consigue en el público, dibuja su interpretación de forma convincente llegando a exasperar por las acciones que acomete en el drama. Por su parte la actriz Ana Alicia Pérez, no se queda atrás y en su complejo papel demuestra seguridad y aplomo permitiéndonos disfrutar de su estampa escénica y augurarle un sólido futuro en el oficio actoral.

En síntesis esta nueva propuesta escénica del Grupo Actoral 80 nos revela, en principio, el compromiso que con nuestro teatro siempre ha tenido este colectivo escénico, comandado por Héctor Manrique, al dar oportunidad que se muestren las nuevas generaciones de actores y directores, y por otro lado nos reconcilia con la marquesina teatral caraqueña que al parecer va retomando poco a poco los trabajos de teatro de arte que anhela el público cada vez más. Definitivamente no hay Excusas para no disfrutar de este sólido espectáculo los sábados y domingos a las 4 de la tarde en el Espacio Plural del Trasnocho.

L. A. R

Caracas, 03 de noviembre de 2011.

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com

viernes, 21 de octubre de 2011

Son 16 sin José Ignacio


Hoy 21 de octubre, vuelve a la mente de todos los intelectuales venezolanos la ausencia infinita de una de nuestras voces más lúcidas, hoy conmemoramos dieciséis años de la desaparición de nuestro José Ignacio Cabrujas. Víctima de un infarto, Cabrujas dejó de existir en la Isla de Margarita dejándonos, como acostumbraba, atónitos a todos los que desgraciadamente vivimos la experiencia de recibir la noticia por televisión o por una llamada telefónica. Justo en el momento que corría la temporada de su pieza teatral Sonny, diferencias sobre Otelo el moro de Venecia en el recinto de su Teatro Paraíso, que se convertiría en su epílogo de vida. Finalizaba 1995 y el golpe de la noticia paralizó la vida cultural del país, nos dejó como contemplando un paisaje atónitos en Fiésole.

José Ignacio, como todos los genios, se fue muy pronto, nos legó un cúmulo de extraordinarias reflexiones sobre nuestra idiosincrasia, sobre cómo somos, de dónde venimos e irónicamente vislumbraba hacia dónde iríamos. A través de sus piezas teatrales, ensayos, artículos y telenovelas, ha sido el autor que mejor ha radiografiado el Ser venezolano. Su obra dramática es hoy por hoy una de las más importantes de la América Latina y sus ensayos son objeto de varias ediciones constantes. Y es que no puede ser menos, pues Cabrujas supo poner el ojo en el punto preciso de nuestra conciencia y sintió, sufrió y vivió a este país desde lo más Profundo de su querencia.

Su vida siempre giró en torno a la cultura, desde ese primigenio encuentro con Los miserables, de Víctor Hugo en la platabanda de su casa en Catia en su alocada adolescencia o desde la oscuridad de la Sala de Cine de la plaza escondido, viendo los dramas mexicanos de la época, su vocación se entregó al Acto Cultural y su motor de vida fue la historia y la revelación de ésta a través de su teatro, nos hablaba de nuestro pasado para advertirnos de nuestro presente, se sintió guerrero e Insurgente como Juan Francisco de León y aventurero como Simón el malo en su extraño viaje, pero no descansó nunca de señalarnos con férrea insistencia que el camino escogido no era el adecuado. Su extraordinaria lucidez lo llevó a formar parte de ese Triángulo maravilloso llamado La Santísima Trinidad del Teatro Venezolano, junto a sus más fieles compañeros de escena y vida: Isaac Chocrón y Román Chalbaud, creando ese proyecto inolvidable que fue El Nuevo Grupo, donde hizo realidad sus más fervientes deseos de decirle al país su verdad. Como un tango de Gardel, como El día que me quieras, siempre esperaba el despertar de la nación y era la “piedrita” que molestaba en los zapatos de la dirigencia política a quienes no desamparaba en su labor de recordarles cada día los errores que cometían en Los días de poder, para no permitir el sacrificio del país y que nuestra nación fuese una Venezuela barata.

Los Testimonios, de la gente que lo rodeó, que trabajó con él o que simplemente gozaban de la cercanía de la amistad, siempre tienen una palabra positiva de su genio, de su verbo, de su humor negro que nos hacía beber como una Sopa de piedras y de su gusto culinario, amén de su gran amor: la ópera, género que estudió, dirigió y cultivó como erudito.

También nos deleitó como si estuviéramos en Una noche oriental con sus interpretaciones actorales, los que lo disfrutaron como actor-comentan- que su transformación en el escenario era increíble, lo que le valió el reconocimiento inmediato del público. Multifacético, integral, magnífico como un Artista de barba y pumpá desde el escenario, la pantalla chica o la grande y desde las letras de los diarios más importantes del país, José Ignacio Cabrujas defendió su pensamiento a capa y espada como un púgil sobre el cuadrilátero, como Sonny León, luchó por una mejor Venezuela, esa que deseaba y anhelaba en cada personaje que escribía. Hoy que nos parece mentira su partida hace ya dieciséis años, seguimos creyendo que José Ignacio Cabrujas es Un Americano Ilustrado.

L. A. R.

Caracas, 21/10/2011

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com

viernes, 14 de octubre de 2011

Sexo en rojo en el Ateneo



Fue finalizando los años 80 que el reconocido dramaturgo venezolano José Gabriel Núñez, ideó dos monólogos que estrenó en la Sala Juana Sujo de La Casa del Artista, a saber: Soliloquio en negro tenaz y Soliloquio en rojo empecinado, los mismos causaron tanta impresión, que rápidamente llegaron a la cúspide del éxito e incluso nos representaron en varios países fuera de nuestras fronteras, se trataba de dos actrices en un solo espectáculo, el primero lo representaba la célebre Gladys Cáceres (hoy residenciada en Miami) y el segundo estaba a cargo de la versátil Virginia Urdaneta. Con el correr del tiempo, estos monólogos se han convertido en casi un clásico de nuestro teatro, y dan muestra de las características fundamentales de la dramaturgia de Núñez: el mundo femenino, donde ellas se desatan y muestran sus más recónditos deseos, frustraciones, amores y desamores, pero sobre todo sus perversiones a voz en cuello.

Después de ese exitazo, las actrices, cada una por su cuenta, decidieron tener en su repertorio cada monólogo y lo comenzaron a representar individualmente. El Rojo empecinado, cumplió temporada en la Sala Rajatabla, repitiendo el éxito del público y de crítica frente al discurso de Magdalena, una mujer frustrada que no sabe qué hacer con su frigidez y acude al psiquiatra a hacer un recuento de su terrible problema, que como ella misma define es: “una terrible mezcla entre sexo y finanzas” .

Hoy vuelve a las tablas, pero esta vez el Soliloquio en rojo empecinado, encuentra una actriz madura, con más experiencia, con otra visión de la vida que cuando lo estrenó y quien confiesa sentirse muy conmovida al enfrentarse de nuevo a un monólogo tan difícil como éste de José Gabriel Núñez, y es que el lenguaje de José Gabriel no es nada fácil, confiesa la actriz, “si no dices la palabra que él ha escrito, como la escribió, se te olvida todo”. Porque nada está de gratis, nada sobra, nada falta, en esta historia de vida de una mujer enfrentada al troglodita de su marido después de 30 años de casada y que decide sanarse.

Desde el pasado fin de semana, Virginia Urdaneta, engalana la nueva Sala María Teresa Castillo, en el Ateneo de Caracas, con su performance, haciendo reír y reflexionar a los asistentes acerca de los temas más trascendentes de la femineidad: el respeto, los roles en el matrimonio, el maltrato, el deseo carnal, la falta de consideración de los esposos, las fórmulas más eficaces para liberarse de la rutina, la infidelidad, la maternidad y crianza de los hijos y cómo evitar el hastío de una relación marital agotada.

Lo anterior, podría sonar a temas muy serios, pero en la pluma de José Gabriel Núñez, esta trascendencia se transforma en fino humor negro que el público agradece, un texto inteligente en boca de una primera actriz, como lo es Virginia Urdaneta no puede más que convertirse en un plato delicado y gustoso de ingerir. En un manjar que nadie debe perderse, menos aún en la estricta intimidad de este nuevo espacio teatral, ganado para nuestra golpeada ciudad, donde se tiene la posibilidad de una cercanía inusual con el artista.

Por donde quiera que se mire, Soliloquio en rojo empecinado, en su nueva temporada, llega renovado, con nuevos bríos y resulta ser un teatro de texto sumamente comercial, en el que no hay desperdicio alguno, sino un espectáculo redondo que ninguna mujer que pase por Caracas debería obviar y hasta llevar a sus parejas para que juntos piensen acerca de lo importante que es mantener una relación entre dos y no en soliloquio.

L.A.R

Caracas, 14 de Octubre de 2011

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com

jueves, 6 de octubre de 2011

Amén: ilumina nuestros lados oscuros


El pasado domingo 2 de octubre, culminó la primera temporada de la polémica pieza teatral llamada Amén original del catalán Carlos Bé, uno de los más laureados dramaturgos de la actualidad y que fue llevada adelante en su lectura escénica venezolana por el Grupo Teatro Forte, liderado por Wladimir Vera, en la Sala Experimental del CELARG.

Carlos Bé, decidido y sin tapujos apuesta esta vez por apostatar de la iglesia, y a partir de los acontecimientos, sórdidos acerca de los abusos sexuales por parte de personeros eclesiásticos, desarrolla un recorrido dramático a través de la violación de derechos humanos a homosexuales a través de la historia.

Lorca, quien en 1936 fue fusilado por su condición homosexual, el encarcelamiento de cinco mil personas en España en 1954 por mostrar una orientación sexual diferente, el asesinato de dos hombres iraníes, por sus preferencias homosexuales o el escándalo en 2005 de la iglesia católica cuando se hizo público los abusos a menores de edad, son los cuadros por los que nos pasea Amén en casi una hora de espectáculo que intenta mover las fibras más íntimas de la sensibilidad del espectador.

El Grupo de Teatro Forte con sus espectáculos presentados hasta el momento, se han montado en la palestra de la polémica, no sólo por los temas tratados, sino por la crudeza y desfachatez a la hora de llevaros a escena. Su director, Wladimir Vera, confeso perverso, pretende develarle al espectador el lado oscuro de los seres humanos, lado que todos tenemos y ocultamos en nuestras esferas públicas.

Con este montaje, Vera logra pulsar la sensibilidad del espectador de un tema que ofrece varias y delicadas aristas por donde plantearlo, él ha preferido un dispositivo escénico bi-frontal y una sala íntima donde el público logre mayor conexión con los actores y evidentemente con el tema. Apoyado con el juego técnico de luces y videos, el espectáculo se adentra en los abusos de derechos humanos a los gays pero sin tomar posición, es decir, es una vitrina para que el espectador saque sus propias conclusiones.

Por su parte la parte histriónica del espectáculo conformada por: Fedora Freites, Yurubí Soto, Elvis Chaveinte y Paul Gámez, luce cómoda y disfrutando de unos personajes que quizás puedan resultar cuesta arriba para cualquier actor que no haya tenido la experiencia homosexual, escenas subidas de tono, besos, caricias, provocaciones, forman parte de la performántica que el director exige a los actores, pero de eso se trata, el actor debe ser dúctil y desprejuiciado y ellos lo logran de forma convincente.

En cuanto a la estética de la puesta en escena, a cargo de Fedora Freites, logra recrear el mundo oscuro de los temas tratados, ingenioso vestuario que corrobora una vez más el compromiso artístico y la integralidad de los artistas de Teatro Forte.

Una mayor rigurosidad con el foco actoral, en el sentido de la consciencia de la bi frontalidad, sería la guinda que colocaría a este espectáculo el final feliz, y el cuido del ritmo escénico, en tanto para cada transición en las historias hay cambios de vestuarios y elementos, que estamos seguros fueron corregidos durante la temporada.

Una buena opción para conocer los caminos de la dramaturgia ibérica en Caracas y una oportunidad brillante para que este colectivo con diez años de trabajo, pueda continuar iluminándonos acerca de los resquicios oscuros de nuestros deseos y sombras…

L. A. R.

Caracas, 06/10/2011