miércoles, 14 de abril de 2010

Aunque no estés siempre estarás…




No hay forma de resistirse al amor, no hay manera de detener la pérdida. Hasta ahora el ser humano no ha podido paralizar aquello que llamamos “destino”, desde la tragedia griega hasta nuestros días, continuamos tratándonos de explicar los designios de ese “algo” que determina la existencia de nuestra vida en esta tierra.

Un hombre y una mujer, la decisión de vivir juntos y construir un hogar, en donde todo “aparentemente” funcione bien, aunque existan agentes sobre naturales que se los impidan, Ana y Fran han descubierto que puede ser una posibilidad viable decidir vivir juntos, lo que no tienen previsto es que el espacio en el que resuelven instalarse ya está ocupado por algún “ente” (que ellos llamarán Claudio) que trata por todos los medios de hacer respetar su lugar dentro de ese sitio. Asimismo no pensaban que el “destino” haría una de las suyas.

Lo anterior responde a la anécdota que nos cuenta la pieza teatral original del dramaturgo Javier Daulte, ¿Estás ahí? Tragicomedia en dos actos estrenada en 2004 y representada por primera vez en Venezuela, bajo la dirección del mismo autor, en el marco del Festival Internacional de Teatro de Caracas 2006 y que hoy podemos disfrutar, gracias a la lectura escénica del Grupo Teatral Séptimo Piso, en las Sala de Teatro 1 del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), bajo la dirección de Dairo Piñeres y la protagonización de Crisol Carabal y Luciano D’ Alessandro.

Javier Daulte, uno de los más importantes dramaturgos contemporáneos de nacionalidad argentina, hila fino en su entrega textual y nos proporciona una profunda reflexión en tono aparente de comedia acerca de las relaciones de pareja y la dependencia. Con su pieza, ¿Estás ahí?, asistimos a la construcción de un texto dramático, lúdico, divertido, mordaz, inteligente y de sobremanera sorprendente para el espectador, en donde a medida que avanza la acción escénica, el público va construyendo el imaginario escénico de manera tal que al final puede encontrarse frente a una exquisita comedia dramática o a una tragicomedia que apuesta por la importancia de trascender los límites del melodrama cuando nos enfrentamos a un destino fatal, la gran moraleja de todo se resume en la frase: “la vida debe continuar”.

La lectura escénica de Piñeres, no dista mucho de la pieza original estrenada por su autor, que en la última edición del Festival de Caracas, logró causar furor entre los espectadores y se transformó en la sorpresa latinoamericana de ese 2006. El director la ubica en un espacio similar (la sala de un apartamento venido a menos en plena mudanza) y los trucos o efectos especiales que requiere la puesta en escena para representar la presencia del personaje “fantasma”, no varían. Aquí lo verdaderamente interesante de evaluar es el desempeño de los dos histriones que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de dar cuerpo y alma a los tres personajes de Daulte.

Crisol Carabal, da muestra de su madurez como actriz, entregándonos un doble papel: Ana (compañera de Fran) y Renata (Aspirante a asistente de show de Fran), respectivamente, gracias a su delicada figura y su ductilidad como actriz, permite diferenciar claramente los dos caracteres y entrega un performance comprometido y limpio que la revela como una comediante de altura, que no se deja contaminar por su trabajo en televisión. Una responsabilidad compleja es la que debe asumir la actriz que lleva adelante estos roles, en tanto debe en principio, comprender muy bien los dos papeles y en segundo lugar lidiar con los efectos especiales necesarios para interactuar con el personaje fantasma que Daulte introduce en la pieza, y que requieren de una concentración y disposición actoral particular que Carabal resuelve exitosamente demostrando su crecimiento como intérprete.

Una grata sorpresa fue encontrarnos sobre las tablas con el actor Lucianno D’ Alessandro, a quien hasta el momento no habíamos visto sino en la pantalla chica, donde es muy difícil dar rienda suelta al histrionismo de una actor. En este montaje D’allessandro demuestra un indiscutible talento que engancha inmediatamente al espectador, en un papel no sencillo por su extensión textual, ya que prácticamente lleva sobre sus hombros toda la primera parte de la pieza, con grandes monólogos en donde cualquier actor puede flaquear, sin embargo D’ Alessandro asume el reto de la mejor manera y cumple a cabalidad con lo exigido en el texto, para entregarnos un Fran, creíble, auténtico y divertido que nos hace concluir que puede desarrollar una importante carrera sobre las tablas si así se lo propone, habrá que verlo en otros retos dramáticos sobre el escenario.

En síntesis ¿Estás ahí? Es un espectáculo de altura, que refresca de sobre manera la cartela teatral en Caracas, plagada de CO.LI. COS (Comedias Ligeras Comerciales) Séptimo Piso, de la mano de Piñeres, demuestra la tesis que una vez nos planteábamos al poner en el tapete la eterna diatriba entre teatro comercial y teatro de autor, una vez más afirmamos la fórmula de un cartel de estrellas televisivas acompañados de un sólido texto de un inteligente autor, logra un teatro de alta factura, ojalá los productores teatrales del país se den cuenta de este detalle y comencemos a transformar la marquesina teatral caraqueña con propuestas más pensadas y elaboradas como la que concreta Piñeres junto a su equipo con ¿Estás ahí?...

Caracas, 28 de Octubre de 2009

Los cerezos de Souki







Todo proceso creativo es una decisión individual, en el teatro esa individualidad se transforma necesariamente en colectivo para poder concretar una puesta en escena, pues para ello no solamente necesitamos decidir lo que queremos llevar a las tablas, sino contar con las capacidades de producción y artísticas que supone representar hoy en día en Caracas un espectáculo.

La revisión de los clásicos, es necesaria. Todo artista que se comprometa seriamente con su profesión, debe mirar atrás para comprender cómo esos textos dramáticos catalogados por los estudiosos como clásicos, causaron en su momento importantes sismas y cambios fundamentales en las dinámicas de las escenas mundiales. Antón Chéjov, ignorado en un principio y glorificado después gracias a las interpretaciones de sus piezas en la Rusia de Stanislavski, entra en esta galería al ser el acompañante silente del naciente “naturalismo” sobre el escenario. El teatro se adelantaba a su época e infringía los caducos y cansones códigos actorales de finales del siglo XIX. De una forma profética los dramas “chejovianos” adelantaban lo que posteriormente serían las actuaciones en uno de los inventos más trascendentes de la historia de la humanidad: la televisión.

Hoy en día, detenerse frente a un texto catalogado como clásico no implica hacer teatro de “museo”, teatro antropológico, aquel que gusta montar a la usanza de la época que lo creó sin modificar comas, puntos y con la misma forma de representar del momento, pensar en eso luego de las transgresiones escénicas y las rupturas de las vanguardias, significaría retroceder el avance vertiginoso de la humanidad, más cuando en este instante podemos estar conectados igualmente con Rusia que con China o podemos saber lo que ocurre en vivo en el Cairo. Echar atrás es imposible, no hay manera, por lo tanto escenificar El jardín de los cerezos en la Caracas de 2009, no sólo se transforma en una lectura propicia (más aún con el tema que envuelve la pieza) si no que se traduce en una aventura titánica, lograr acercar a este autor, a veces tan hermético, a un público que ya se rindió en las fauces del teatro comercial en donde noche a noche evade su realidad a mandíbula batiente.

La recién creada agrupación Imaginarios de Venezuela, liderada por el joven director Juan Carlos Souki, asumió el reto y concreta en la Sala de Teatro 1 del Centro de Estudios Latinoamericano Rómulo Gallegos (CELARG) su lectura de El Jardín de los cerezos, producida por Daniela Tugues, con las interpretaciones de: Marialejandra Martín y Adolfo Cubas, acompañados de un elenco conformado por: Reinaldo Rivas, Virginia Lancaster, Gabriel Blanco, Nathalia Paolini, Adriana Romero, Giovanny García, Carmen La Roche y Víctor Romero.

La original historia escrita hacia 1904 y fechada como la última pieza del dramaturgo ruso, cuenta la anécdota de una familia y de su hacienda, en el tránsito de los siglos XIX al XX. La heredera, Liubov Andréievna Ranévskaia (Marialejandra Martín) regresa de París, arruinada, y encara el dilema de vender o no la propiedad para que se torne un centro vacacional, como aconseja el mercader Ermolái Alexeievich Lopajín (Adolfo Cubas) un antiguo criado.

Souki en su versión dramatúrgica y escénica, conserva el hilo principal de la acción dramática de Chejov, sin embargo, apuesta por centrar su atención en las relaciones eróticas que según él unen a los personajes. El Jardín… es una pieza eminentemente política y social, ella, refleja una sociedad decadente donde la burguesía cae estrepitosamente, para dar paso a un nuevo orden social (antesala a la Revolución Rusa de principios de Siglo XX) lo interesante de los personajes “Chejovianos” resulta ser cómo estos personajes “aparentemente” están ajenos a lo que sucede, creen que todo está bien y normal, lo conmovedor es cómo el dramaturgo ruso, lleva esa transformación y erupción externa al interior de sus caracteres.

Lo importante, creemos, no es que haya una lectura erótica y que estos habitantes de la hacienda se deseen de una manera desenfrenada, no, lo resaltante es cómo aún teniendo esos deseos irrefrenables no puedan concretarlos, así como no encuentran una solución a su deleznable situación económica. Allí es donde pensamos cae la versión de Souki. Sentimos que la carga erótica y el desnudo sin cortapisas no significan trasgresión alguna, más en los tiempos vividos, y con esto no queremos indicar que exista un alejamiento y equivocación de interpretación, creemos más bien que el foco de atención en este momento político y social exclusivo venezolano, es otro y no el erotismo.

Ahí donde los personajes se tocan, se besan, hacen el amor frente al espectador, dan rienda suelta a sus pasiones, ahí es donde no hay aroma a Chejov, y no lo puede haber. No se trata de traiciones ni academicismos dogmáticos, en lo absoluto, pero ¿Si Hamlet no dudara, qué sería de él? ¿Qué es válido?, pues es obvio, por lo que acotábamos al principio, es una lectura una visión que añade un punto de honor a tal tarea de revisar a un Chejov. Interesante sería ver cómo esos terratenientes de la Rusia finisecular se desplomaban y daban paso a un nuevo orden social en yuxtaposición a una Venezuela en donde se pregona una supuesta revolución. Cómo una nueva clase política irrumpe en el poder y hace desmoronarse todo el sistema hasta el momento mantenido.

Esta lectura de El jardín de los cerezos añade sin embargo códigos escénicos importantes a resaltar: un cuidado estético en cuanto a la iluminación crea atmósferas encantadoras para el espectador, la dinámica de dirección en la puesta en escena, activa el ritmo y genera interés en el público contemporáneo. Insistiríamos un mayor rigor en la línea estética del montaje en cuanto a vestuario y elementos escénicos, lo que nos hace dudar de dónde nos encontramos, ¿La obra ocurre en Rusia? ¿Ocurre en Caracas? ¿De qué época estamos hablando? Al parecer el lenguaje de los personajes nos acerca a un “venezolanismo” pero se comenta y exigen rublos y no bolívares, hay realmente un querer acercar el tema a los venezolanos o simplemente cambios y sacrificio de escenas por no hacer el clásico “un ladrillo” como se suele decir de este tipo de textos en el argot teatral.

En cuanto a los intérpretes, se nota un nivel acorde con las exigencias del montaje y una sólida amalgama de histriones, resaltando los trabajos de Adriana Romero, Reinaldo Rivas y Giovanny García. Es de destacar dos particulares momentos escénicos, la escena de la gran fiesta que organiza la familia y que Souki inteligentemente traslada al baño de la casa para que los personajes usen el sitio como especie de confesionario, que expiará sus atormentadas mentes, asimismo, la escena final en donde Marialejandra Martín y Adolfo Cubas sin emitir frase alguna se enfrentan por última vez antes que la protagonista abandone su casa.

Pequeños detalles que permiten conformar un todo y que muchas veces por querer impresionar descuidamos. No solamente la atención se centra en el “espectacularidad” de la escena, en su forma, también los contenidos que yacen detrás de ella son fundamentales, en síntesis, creemos es una buena posibilidad de acercarse a un teatro bien producido y con novedosas lecturas, que estamos seguros acercará al espectador al mismo, sin embargo cabría preguntarse si ese espectador sale de la sala conociendo un drama “chejoviano” o simplemente encantado por las carnosidades que estaban frente a sus ojos… habría que hacer una encuesta.

L.A.R.

Caracas, 21 de Septiembre de 2009

viernes, 9 de abril de 2010

Cuando de relaciones humanas se trata...

En los últimos dos meses la marquesina teatral caraqueña se ha plagado de obras y personajes que por tiempo y espacio no hemos podido comentar. Haciendo un análisis en frío de las propuestas de varios grupos que bajaron ya su temporada o que aún continúan ofreciendo al público caraqueño lo mejor de sus repertorios, notamos que las relaciones humanas están a la orden del día.

El teatro, arte caracterizado por su afinidad social por excelencia, a través de la historia ha reflejado la sociedad que lo produce y ha sido espejo fiel de los procesos por los cuales la humanidad ha transcurrido, es por esto que a continuación realizaremos el análisis crítico de cómo se muestran estos vínculos entre personajes que buscan imitar las acciones de los hombres y entregarnos frente a la platea una radiografía de lo que somos a través de las piezas: Historias de apartamento; Incidente en Vichy; La pareja dispareja y La golpista, presentadas en distintas salas de la ciudad.

Bagazos cumplió 30

Hace ya 30 años, un visionario de la educación, decidió que el teatro era una vía de acceso fácil a las inquietudes artísticas de una comunidad educativa en el Colegio el Ángel de Caracas. Fue así como Gerardo Blanco, logró sembrar la semilla que hoy se ha transformado en Roble y ha traspasado los límites del colegio, para transformarse en uno de los grupos de teatro venezolano de referencia a la hora de relatar la historia contemporánea de nuestro arte escénico.

El pasado mes de junio estuvieron celebrando sus tres décadas en la Sala 1 del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos- CELARG con un collage de piezas enmarcadas en un solo espectáculo llamado: Historias de apartamento y que abarca los textos dramáticos: La llamadita; Atados por; Tiempo rojo y El marido de mi marido, escritos por: Mónica Montañés, Sandra Bruzón, Natalia Valecillos y Marcela Sánchez, respectivamente. Las tres últimas ganadoras del Premio de Dramaturgia “Chela Atencio” que promueve la misma agrupación Bagazos y que es producto del Taller de escritura dramática que dicta Montañés, cada año.

Cómo los seres humanos nos enfrentamos al amor en esta sociedad moderna, podría ser la premisa del espectáculo total, cada pieza plantea las relaciones de amor y odio que pueden ocurrir cuando nos confrontamos los unos con los otros.

En La llamadita, pieza que es presentada por Gerardo Blanco (Director) en fragmentos durante todo el espectáculo, cuenta la historia de un hombre que decide esperar el tiempo que sea necesario al teléfono para realizar un reclamo de una factura de un servicio cualquiera, mientras espera, debe someterse a la voz de la operadora que le repite a cada instante las instrucciones y los tiempos de espera que debe respetar, sin embargo, el hombre de tanto insistir en su llamada, termina enamorado de la dichosa voz. Jocosa propuesta de Montañés que sorprende gratamente con su audacia como dramaturga, toma un hecho quizá cotidiano para muchos y lo teatraliza para entregarnos una exquisita ironía de la vida contemporánea. Sus actores: Geisy Rojas y Luis Andrés Figueroa, nóveles intérpretes con mucho futuro si se proponen a seguir en la profesión.

Sandra Bruzón, nos entrega su ópera prima: Atados por; de los cuatro textos quizá el más poético y el menos sorprendente, en tanto problematiza sobre un tema harto explotado: el hastío de una relación marital de más de 20 años. El reclamo de la esposa por más amor y atención y el desinterés del marido que ha olvidado su rol. Francis Romero y Elio Palencia se encargan de batallar con un texto extremadamente difícil de decir con verdad, en tanto tropieza con frases de tanto vuelo poético que si no se cuida se puede perder hacia el abismo de la cursilería. Más aún con la propuesta de dirección que jugó a la no acción (característica de Blanco a la hora de realizar sus puestas en escena) decisión que obliga a los actores a realizar doble esfuerzo para mantener la atención.

Tiempo rojo hurga en la vida de una adolescente, Zara, interpretada por Erika Santiago, quien ha perdido a su madre y comienza a descubrir el mundo adulto junto a un despreocupado padre, encarnado por Elio Palencia, un texto reflexivo, de tono dramático exacerbado, aparentemente sencillo en su literalidad pero profundo en su subtexto. Sentimos que Tiempo rojo, pudo ser mejor aprovechado por los intérpretes y la dirección, el texto deja entrever visos de imágenes oníricas que se confunden con la realidad, y su interpretación, si no es cuidada desde la puesta en escena, se puede desvirtuar. Es importante que les demos oportunidad a los actores que han desarrollado su carrera en la televisión, como el caso de Erika Santiago, sin embargo, también se hace necesario que se entiendan los códigos teatrales y haya un mayor rigor en manejar la técnica para pararse en un escenario, que es muy distinto a tener una cámara enfrente.

Finalmente, Marcela Sánchez, plantea con El marido de mi marido, una comedia de mucho humor negro, en la que un matrimonio trata de sortear las desviaciones fetichistas del marido quien gusta usar ropa íntima de mujer para lograr tener placer. Elio Palencia y Francis Romero, logran con su veteranía y manejo de la comedia una exquisita representación que logra hechizar al público y además de divertirlo le presentan una realidad oculta, un secreto a voces de muchos “machos” que temen sacar a flote sus verdaderas inclinaciones, la mente humana da para todo.

En síntesis, Historias de apartamento, ofrece al público caraqueño un refrescante e hilarante producto escénico que deja buen sabor de celebración de los primeros 30 años de Bagazos, Gerardo Blanco prefirió acercarse al público con una propuesta sencilla, sin espectacularidad, dejando todo el peso a la interpretación actoral, que como dijimos en algunos casos funciona y en otros no, pero que amalgamando el conjunto se puede disfrutar de un teatro profesional y correctamente resuelto.



Séptimo Piso crece

Dairo Piñeres, líder de esta agrupación, es quizás hoy por hoy el director joven más reclamado de la escena caraqueña, su vinculación al teatro de corte comercial, le ha dado la posibilidad de trascender el anonimato y a través de sus comedias ligeras, ha logrado posicionarse y poder realizar los proyectos de teatro de arte que se proponga con su agrupación Séptimo Piso.

Esta vez nos atrapó con su lectura del texto del clásico contemporáneo del Teatro Norteamericano Arthur Miller, Incidente en Vichy, que narra la historia de la captura y posterior ejecución de varios judíos en la Alemania Nazi.

El espectáculo conduce al enfrentamiento de cómo el ser humano pierde las perspectivas por las ansias de poder y cómo el deseo de dominio total lo hace cometer atrocidades. Una puesta en escena clara, limpia y una cuidada dirección de actores permiten afirmar que con este montaje Séptimo Piso entra en la madurez y consolidación como agrupación profesional que busca un discurso, que propone un lenguaje escénico, creemos es el camino correcto.

Destacan de sobremanera las interpretaciones de: Carlos Díaz, Jesús Miguel Das Merces, Javier De Vita, Alexander Rivera (quien obtuvo el Premio Municipal de Teatro 2009, como Actor de Reparto, por su rol en esta pieza), Neiron Medina y José Manuel Peña. Acompañados por el correcto desempeño de Federico Moleiro, Najun Guillen, José Manuel García, Gleinson Medina, Juan Pablo García, Julio Riobo, Sokrates Papadopoulos, Yorvis De Los Santos y Javier Figuera.

Una excelente producción que invita a la reflexión acerca de la imposición y la intolerancia de las ideas y la necesidad de respetar las diferencias, un texto muy acertado junto a su puesta en escena para estos momentos convulsos de la sociedad venezolana.



Skena También con 30

A finales de los años 70, en Caracas se puso de moda la inclusión del teatro en las escuelas y liceos. Desde el Colegio Champagnat, ubicado en el Este de la ciudad, se instauró un taller de teatro que decantó en lo que hoy conocemos como el grupo profesional de teatro Skena. Liderado por Basilio Álvarez, Skena se ha convertido, en una importante referencia de nuestra escena, su compromiso sobre las tablas los ha llevado a construir un lenguaje propio, característico, siempre vinculado a la realidad social de nuestro país. Por ello es que se han transformado en un colectivo que sabe darle al público lo que el público desea ver con elaboradas y cuidadas producciones.

Para la celebración de su 30 aniversario, han decidido por la lectura escénica del texto estadounidense La pareja dispareja, original de Neil Simon, versionada y dirigida por Armando Álvarez bajo la producción de Basilio.

Armando Cabrera, Luigi Sciamanna, Alexander Solórzano, Juan Carlos Ogando, Alexandra Malavé y Sthephanie Cardone, son los encargados de dar vida a esta comedia sobre las relaciones humanas, tolerancia y la amistad. Dos entrañables amigos se ven e la necesidad de brindarse apoyo a causa del divorcio y deciden vivir juntos cuando son diametralmente opuestos en costumbres y formas de vida, allí sobreviene el conflicto y la comedia, para terminar con la enseñanza de reconocer y aceptar al otro con sus pecados y virtudes.

Este espectáculo, que aun se mantiene en cartelera en el Teatro Trasnocho, resulta una impecable producción donde destaca de sobremanera la interpretación del Primer Actor Luigi Sciamanna, quien da rienda suelta a su vis cómica y encanta al espectador con su inigualable talento. Acompañado de Armando Cabrera y un elenco de menos experimentados intérpretes, que no desentonan, Skena sopla las velas de los 30 con excelente teatro para divertirnos y reflexionar acerca de las diferencias del otro y cómo superarlas. Una mayor atención a la fuerza e interpretación de los papeles femeninos afianzaría la calidad del espectáculo, sin embargo la propuesta de Armando Álvarez en su rol de director, resulta correcta y sencilla apoyándose en el histrionismo de sus actores y en las cómicas situaciones por las cuales transitan los personajes.

Sin duda alguna una demostración clara de teatro de altura que pone en evidencia una vez más, que estos primeros 30 años de Skena, han sido de constante y fervoroso amor por el arte teatral.



Golpe a Golpe…

Irónico título que deja mucho que pensar al no conocer el contenido del más reciente monólogo escrito por el reconocido Javier Moreno, La golpista, atrae la atención por no saber si se trata de una mujer que participa de un golpe de Estado o es una fémina desesperada que para conseguir el amor golpea a diestra y siniestra; en este caso es lo último. Sí, Gladys una mujer clase media, nos relata su historia de vida amorosa con el hombre que le ha “movido el piso” pero que se ha instalado en su casa para no dejarla en paz. Una relación dependiente y sádica donde la típica “violencia doméstica” se voltea y es el hombre quien recibe más palos que una gata ladrona, como reza el dicho popular.

Uno de los alimentos preferidos para la dramaturgia a través de la historia son las relaciones de pareja, novios, esposos, concubinos, amantes, han sido objeto de innumerables cuentos que han cautivado y cautivan al “monstruo de mil cabezas” –el público- risas, llantos, molestias, logran identificar al espectador con lo narrado, y así sucede en el monólogo interpretado por la talentosa actriz Karla Fermín, que aún se mantiene en cartelera, en el Teatrino del Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, esta apología a las relaciones violentas y que cada vez vemos con mayor frecuencia en nuestra sociedad. El macho doblegado por la hembra, o la hembra doblegada por el macho, es la eterna historia.

Moreno, produce un texto hilarante, agresivo y a la vez cuidado en su escritura, no se trata del mismo show comercial, al que nos tiene acostumbrado la marquesina teatral caraqueña, de mujeres insatisfechas y frígidas por culpa de un hombre, no, se trata de una crónica de una mujer que gusta obsesivamente hacerse respetar a través del “tortazo” que le propina a su consorte. Justificada o no Gladys es feliz dominando, haciendo alabanza a los grandes símbolos de femineidad recia del imaginario colectivo venezolano como Doña Bárbara o María Lionza.

La dirección llevada adelante por el mismo Javier Moreno, conduce asertivamente a la actriz a la identificación total con su personaje y en consecuencia a la complicidad con el público que se solidariza o se sorprende de la insólita anécdota que Gladys nos cuenta. Por su parte Karla Fermín da muestras de su crecimiento como intérprete, cómoda, incisiva, veraz y en feliz comunión con su público, disfrutando a plenitud su momento de “dominatrix” al reivindicar al supuesto sexo débil.

De relaciones vive el ser humano, en tanto ser social, es inevitable, la búsqueda de la felicidad es la constante y el teatro no puede estar ajeno a esa búsqueda, estas cuatro propuestas dan fe de lo anterior, pero no solamente de esto, sino de que a pesar de todos los contratiempos el teatro venezolano actual se muestra vigoroso y deseoso de mostrarse para cautivar a propios y extraños.



Caracas, 1 de Septiembre de 2009

martes, 6 de abril de 2010

La última y la Primera: Cuando quiero llorar no lloro y La visita de las generales

La última

Hablar de Rajatabla, es hablar de la historia teatral del país contemporáneo, en 1971 de la mano del director Carlos Giménez, comienzan sus actividades gracias al apoyo de María Teresa Castillo en la antigua casa que albergaba el Ateneo de Caracas, poco a poco se fueron transformando en el grupo de referencia fuera y dentro de nuestras fronteras con sus arriesgadas y espectaculares puestas en escena de ese visionario que se llamó Carlos Giménez. Pero Giménez dejó un legado, formó, transmitió su sapiencia del oficio de las tablas y los frutos de esa siembra los vemos en la actualidad, gracias a Francisco Alfaro, quien se encargó de guiar los destinos de la acéfala agrupación, debido al fallecimiento prematuro de Giménez.

Hoy nos entregan una cuidada versión del clásico literario contemporáneo Cuando quiero llorar no lloro, novela, escrita a finales de los años ’70 que irrumpió en la consciencia colectiva, como una válvula de escape y reflejo de la atribulada sociedad de entonces. Reeditada y traducida a varios idiomas, adaptada para cine, televisión y ahora para teatro. Este texto de MOS, nos muestra una realidad que hasta hoy no ha cambiado mucho: la violencia, separada por clases sociales. Sus tres protagonistas Los Victorinos, “conforman un sólo personaje, convertido en el emblema de una juventud condenada a muerte, en una Venezuela donde los sueños se frustran cada día por la dinámica social. Este drama colectivo, infortunadamente -con cambios de época- sigue ocurriendo”.

Bajo la dirección de José “Pepe” Domínguez, quien además realiza la adaptación teatral, se ofrece un espectáculo dinámico, cuidado, profesional y pleno de bondades escénicas que logra elevar de nuevo a Rajatabla al sitial que había perdido en esta última etapa sin Giménez a la cabeza. La razón es que vuelven a sus raíces, miran de nuevo a su estética particular a ese “espectáculo Gimeniano” que bien les supo heredar su progenitor y aciertan, porque no se trata de una copia de la puestas de Giménez, sino una re-dimensión de sus lecturas escénicas, a través de las cuales, Pepe Domínguez, se concentra en el movimiento del colectivo actoral junto al multifuncional aparato escénico, acompañado de la música en vivo. Y consigue el éxito. Bien se dice que volver los ojos al origen siempre es necesario, no para repetir esquemas, como acotábamos, sino para reinterpretarlos y trascenderlos.

Junto al director, sus actores no lo abandonan y forman una llave eficaz, un colectivo donde pocas individualidades pueden resaltar, cuenta la historia de manera convincente y dramáticamente correcta. El infortunio de los Victorinos cada uno en su “habitad” resulta coherente y va llevando al espectador a engancharse inmediatamente con la historia.

Destacan: Gabriel Agüero, Elvis Chaveinte y Abilio Torres como Los Victorinos, este último, sorprende como una revelación teatral que no habíamos visto sobre las tablas, un fresco y sentido trabajo de interpretación, demuestra el ímpetu de las nuevas generaciones teatrales del país, acompañados de Francisco Alfaro, Pedro Pineda, Gerardo Luongo, Rolando Giménez, Dora Farías, Rufino Dorta, Yurahy Castro, Simona Chirinos, Soraya Orta, Rossana Hernández, Demis Gutiérrez, Adriana Bustamante, Tatiana Mabo, Jean Carlos Rodríguez, Verlú Briceño, Johnny Torres y Mariana Calderón, entre muchos otros, además de la participación especial del Taller Nacional de Teatro, los actores asumen la altura del compromiso que se les presenta, teniendo en cuenta que esta es la cuarta obra de MOS llevada al teatro por Rajatabla. La primera fue Fiebre (1973), luego Casas Muertas (1987) para posteriormente completar una trilogía en 1992 con Oficina Número 1, todas dirigidas por Carlos Giménez.

Detalles por cuidar en la producción estética del montaje serían de provecho, como un diseño de vestuario más elaborado y el entrenamiento más rígido de los actores que se estrenan por primera vez en las tablas y que conforman el conjunto de reparto.

En síntesis, un merecido cierre con broche de oro para la Sala Anna Julia Rojas, bajo la administración del Ateneo de Caracas, suponemos similar a como fue su inauguración.



La Primera

UNEARTE, proyecto que desde 2008 fusiona los antiguos institutos universitarios de música, danza, teatro y artes plásticas en una sola universidad llamada: Universidad Nacional Experimental de las Artes, ocupa ahora el edificio que en otrora servía de casa al Ateneo de Caracas, aún es incierto los destinos de oficinas, salas de conferencias, salas de teatro y cine, salas de exposiciones, librería, entre otros espacios que por 26 años estuvieron promoviendo y ofreciendo una programación ininterrumpida de las distintas manifestaciones del arte en nuestra ciudad.

Hasta el momento lo único que queda claro es que el nuevo recinto universitario no cobrará entrada a los espectáculos que allí se presenten, desconocemos qué mecanismos se aplicarán para que los grupos puedan cubrir los beneficios de ganancias por el trabajo realizado.

Con este panorama, la agrupación de Teatro el Duende, liderada por Gilberto Pinto, abre la nueva etapa del edificio, sin embargo, no porque ellos así lo hayan determinado, sino por haber ya estados programados por la antigua administración y les ha tocado, casualmente, protagonizar este forzado génesis. Pero como creemos que nada es casual, Gilberto Pinto estrena su premiado y polémico texto más reciente llamado La visita de los generales, en el que nos cuenta la historia de un país en el que se ha secuestrado la consciencia y el que la persecución y las libertades se encuentran conculcadas, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Un físico nuclear llamado Arthur Zenning (Carlos Márquez) debe abandonar su trabajo colaborando en la construcción de armas de destrucción masiva, debido a su creciente deterioro de salud. Sin embargo, los personeros militares del régimen de su país lo intentan obligar a continuar con su oficio torturándolo y vejándolo sin importar su estado. Pero Zenning no sucumbe y hace que la inteligencia y los valores individuales prevalezcan ante la barbarie y la ignorancia, como siempre ocurre.

La importancia de este texto y este montaje, estriba precisamente en el momento histórico, político y cultural en el que le toca aparecer. En él, Gilberto Pinto volcó su agudo pensamiento de hombre de teatro, de artista, de pensador, de político, de hombre que le duele su país y observa cómo sus instituciones se van desvaneciendo por caprichos ideológicos que no tienen asidero. Así lo demuestra a través de su anécdota, donde hila fino y con una extraordinaria lucidez y riqueza de lenguaje produce un drama insertado en una anécdota aparentemente foránea y que no nos toca como sociedad, pero que análogamente apunta a nuestras consciencias. Quien tenga ojos que vea, reza el dicho popular. Con La visita de los generales, Pinto se convierte en uno de los dramaturgos venezolanos con más lucidez política actual y que esperábamos, añorábamos con ansia desde hace ya una década. Quizá era necesario haber superado el tiempo transcurrido para poder decantar en una pieza teatral de este calibre una realidad tan contundente como la que se ve reflejada en la pieza de Pinto.

Su elenco, encabezado por el Primer Actor Carlos Márquez y la Primera Actriz Francis Rueda que impactan por su precisión y conocimiento de nuestro arte. Más que actuaciones sobre el escenario observamos intérpretes que dictan cátedra a través de su talento: Germán Mendieta, Vito Lonardo, Daniel Jiménez, Alexis Farías, completan un cuadro de lujo, que pocas veces hemos podido disfrutar en un montaje teatral. Y no podía ser menos, pues una pieza de este calibre merece actores que respalden el mismo.

Estamos seguros que La visita de los generales, marcará un hito en la historia dramática de nuestro país, marcará un antes y después, como lo hicieron en otrora: Lo que dejó la tempestad de Rengifo; El día que me quieras de Cabrujas o La revolución de Isaac Chocrón. No sólo por estrenarse en las condiciones que ya describimos, sino, porque como documento dramatúrgico, abre el camino si pudiéramos llamarlo con algún nombre: “ La Dramaturgia de la Reivindicación ”, en donde el autor a partir de un acontecimiento político determinado, impulsa su pensamiento y sentir acerca de la situación actual de una sociedad determinada y fija su posición, elevando su grito de protesta, de la manera más inteligente que podemos hacerlo los artistas: a través de nuestras creaciones.

L. A. R. *

Caracas, 7 de Julio de 2009

viernes, 12 de marzo de 2010

Un Geranio que florece en la locura



Desde el pasado 17 de abril el Espacio Plural del Teatro Trasnocho, exhibe, la comedia Geranio, original de la dramaturga venezolana Xiomara Moreno, bajo la batuta escénica de Javier Vidal y las interpretaciones de Nacho Huett, Antonio Delli, Gerardo Soto y Raúl Hernández; junto a la producción general de KJC Producciones.

Hablar de la locura, como estado de enajenación del ser humano, es hablar de la debilidad del hombre, los escondrijos de la mente, muchos aun indescifrables, por la ciencia que los estudia, han llenado algunos vacíos, pero otros han quedado huecos; aún hay numerosas interrogantes por responder de la conducta humana y sus reacción ante distintas situaciones. La locura parece ser una de las consecuencias más conocidas para la evasión, el hombre se elude detrás de ella, opinan algunos, esquivan responsabilidades, acciones, juicios y sobre todo se escapan de sí mismos.

En el año 1988, la joven dramaturga Xiomara Moreno, irrumpió en el mundo escénico venezolano de la mano del Grupo Theja, para dejar a todos atónitos con un texto llamado Geranio, que como dice su actual director: se ha convertido en “la panoplia heráldica a la autora”[1]. Hablar de Moreno como dramaturga es hablar de Geranio, un drama cómico que invita a descifrar los laberintos de las acciones humanas y sus consecuencias. Su protagonista (un contador explotado por su tío en una empresa aduanera) es “lanzado” a un psiquiátrico donde se encuentra con tres desquiciados que le ayudarán a determinar si está realmente fuera de la realidad o no.

Hábilmente, Xiomara Moreno invita al espectador – observador- voyeur a que establezca cuál de los cuatro personajes es el que está realmente enajenado, quién tiene la verdad, cuáles de sus discursos es el más coherente o cuál de ellos merece salir de ahí, aunque la puerta nunca esté cerrada, mejor dicho “siempre ha estado abierta” como indica uno de los personajes. Una metáfora de la humanidad, ciertamente, un país, una sociedad que se encuentra o ya está inmersa en la locura.

Más pertinente no puede haber sido la decisión tomada por KJC Producciones, por iniciativa del actor Nacho Huett, de llevar a cabo esta nueva puesta en escena de Geranio- que ha dado la vuelta al mundo y ha sido traducida al portugués y al italiano- cuando el adjetivo calificativo más idóneo para la realidad nacional sea la locura. Hoy 20 años después de su estreno, este texto nos ofrece un claro espejo de las situaciones actuales, lo que lo convierte en un clásico – contemporáneo (aunque suene a opuestos) Geranio, quiere demostrar que no está loco, pero con sus acciones y relato, hace todo lo contrario, se encierra en su discurso, en sus divagaciones y no logra diferenciar entre la realidad o la demencia. En su situación, en su mundo todo se justifica frente a los otros tres personajes, pero ante sus acciones esa realidad se desploma ¿Parece algo parecido a la circunstancia política del país actual? Usted juzgue y diga.

Gracias a la veteranía de Javier Vidal como hombre de teatro, es que de nuevo podemos disfrutar de este extraordinario texto de nuestra dramaturgia. Vidal con inteligencia, dispone de un mínimo espacio de representación: el encierro, obliga a sus personajes a transitar en un diminuto espacio, bi-frontal y vacío, una mínima sala de reclusión en donde los diálogos fluyen de la más absoluta tranquilidad, a la histeria colectiva propia de los personajes en cuestión. Muy cerca del espectador, lo que le permite como puestista crear el efecto necesario, Geranio es una pieza intimista, un teatro de texto que hay que escuchar, no hay otra manera, en un espacio mayor, sería un desperdicio. La dirección de actores hila fino, compone, desarticula y ofrece cuatro tipos de locura perfectamente diferenciados y justos para rematar las actuaciones de los intérpretes.

Los actores por su parte disfrutan estar ahí en ese reducido espacio escénico y dan rienda suelta a su talento que sin límites se desborda sobre las tablas, unos más veteranos que otros, evidentemente por los años de experiencia pero todos a un nivel de compromiso superior y de sapiencia del oficio: Huett en su encarnación de Geranio, sorprende por su enajenación constante y violencia escénica. Delli representando a Nicolás, logra conmover de una forma sublime al espectador con un personaje bordado fino que demuestra su increíble madurez como actor, al igual que Gerardo Soto y su retórico y olvidadizo Guy, este par hace una llave perfecta que demuestra el nivel de excelencia del actor venezolano comprometido con su oficio, coronando el grupo Raúl Hernández con un divertido Guillermo, multi-sonante y coqueteando con la disociación de personalidades, coloca la chispa más hilarante del conjunto.

No hay mucho que analizar en este espectáculo, esto ocurre cuando se escoge el texto adecuado, con los actores idóneos, más una dirección de altura, acompañados de una cuidada y ajustada producción que no pierde detalle para ofrecer al espectador caraqueño teatro profesional del bueno y demostrar que, aunque los círculos cada vez intenten cerrarse más, siempre hay un resquicio que permita exponer la calidad del arte escénico venezolano, producido por nuestros profesionales especialistas y conocedores del medio.

Se ha dicho que los que vivimos de este mundo escénico, ciertamente estamos un poco dementes, por querer constantemente ser otros, es verdad, lo peor es que la locura al parecer no sólo es exclusividad del artista, traspasa a otros ámbitos y se funde con la realidad para desdibujar la raya divisoria, por eso ¿Quién estará más loco?

[1] Tomado del programa de mano de la pieza.

L. A. R. *

Caracas, 13 de Junio de 2009

¿Teatro Pedagógico?



Desde el mes de Enero, una de las salas de teatro más populares de Caracas, el Teatro Trasnocho, exhibe en cartelera sendas propuestas escénicas con textos foráneos que han deleitado al público por más de tres meses y llegan a su fin de temporada. Dichos montajes centran su atención en el tema de la educación, Educando a Rita y Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna, ofrecen al espectador interesantes visiones de las sociedades en decadencia de mitad del Siglo XX hasta nuestros días.



Las malas y buenas costumbres

Gracias a este montaje llevado adelante por el reconocido hombre de teatro, Orlando Arocha, asistimos al nacimiento de un nuevo colectivo teatral, liderado por la primera actriz Diana Volpe, quien ya desde hace un buen tiempo se ha radicado en nuestro país para no dejar de producir teatro de altura. Esta vez, Volpe convoca a Arocha y juntos ponen en las tablas un texto del dramaturgo francés: Jean-Luc Lagarce que se intitula: Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna. Dicho texto (originalmente escrito como monólogo) es tomado por Arocha y resuelto escénicamente por tres grandes actrices venezolanas: Haydde Faverola; Carolina Leandro y la misma Diana Volpe, un lujo contar con tamaño elenco de “señoras actrices” a quienes hemos visto en innumerables piezas teatrales, largometrajes y telenovelas.

Tres mujeres identificadas como: Dama 1, 2 y 3, pretenden dictar una conferencia con las reglas de comportamiento y urbanidad en ciertos acontecimientos importantes de la vida, desde el nacimiento, pasando por el bautizo, cortejo y matrimonio, hasta llegar a un velorio. Una suerte de Manual de Carreño escenificado, resulta la representación de estas mujeres que “encopetadas” y exageradamente teatrales, logran llevar al público a la hilaridad irremediable en vista de pretender educar con normas estrictas a una sociedad, la de hoy, en evidente descomposición.

El montaje resulta sencillo, sobrio y acorde con lo presentado, el apoyo mayor, lo realiza Orlando Arocha en sus actrices, y cómo no hacerlo teniendo el privilegio de reunir a estos tres talentos en una sola obra. Ellas como es de esperar, dan rienda suelta a su sapiencia del oficio y entregan hora y media de normas de comportamiento intentado educar al espectador.

Lo más resaltante es como orquesta el director a este coro de primeras actrices, creemos que la caracterización es acertada y cada una de ellas tiene su momento estelar, quizá si dosificáramos la mueca y el rictus exagerado, junto a “venezolanizar” mucho más el texto, realizando una versión criolla, partiendo de lo ya escrito, el público pudiese sentirse mucho más identificado. Esto, obviamente no resta nada al conjunto que ofrece un espectáculo de altura donde el espectador se divierte con esta suerte de “obsesivas por la moral y buenas costumbres” que termina encantado. Junto a lo anterior, el extraordinario trabajo de caracterización de las actrices se ve realzado por el vestuario de Raquel Ríos, uno de nuestros mejores talentos a la hora de vestir a los actores en la escena teatral.

En síntesis, Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna, ofrece un compendio de buenas noticias para la escena venezolana, no sólo por el nacimiento de este nuevo colectivo teatral (Hebu Teatro), sino por confluir en él una acertada dirección, con un buen texto y unas actuaciones de lujo.

Rita quiere cambiar

Paralelamente al lanzamiento de Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna; se estrenó Educando a Rita, esta vez se trata de un texto del autor inglés Willy Russel, donde una peluquera de profesión (Catherina Cardozo) decide hacer algo por ella misma y busca la superación intelectual, inscribiéndose en un curso particular de literatura con un profesor de la materia, venido a menos y con problemas de alcoholismo, encarnado por el Primer Actor Alejo Felipe.

Moisés Guevara, gerente del Teatro Trasnocho, es el responsable de la puesta en escena de este hermoso texto que deja un sabor de reflexión, en cuanto a la transformación del ser humano a través de sus relaciones. Su resolución escénica es acertada, junto a la estética del maestro Fernando Calzadilla, los artistas, nos colocan como voyeurs de una oficina dentro de una universidad donde el “impenetrable” profesor-poeta (Fleming), intenta huir de sí mismo, refugiado en el alcohol, y a donde llega esta ordinaria mujer pretendiendo cambiar su estilo de vida.

Los actores cumplen con su labor, haciéndonos acompañarlos en el transcurrir del tiempo que supone el cambio de oruga en mariposa al que se somete la protagonista femenina.

Cardozo, además de producir el espectáculo, encarna a Rita, en principio pudiésemos decir que el personaje fue resuelto desde el exterior al interior, pretendiendo caracterizar a una mujer de bajos recursos, ordinaria quizá, sin embargo, en momentos descuida la interioridad del personaje y se queda sólo en la forma, acercándose a ratos al cliché conocido de la fémina ordinaria. No obstante, esto no impide que enganche a su público y a medida que avanza la acción y en consecuencia su transformación, convence y atrapa la atención. Por su parte Alejo Felipe, logra desplegar su veteranía de primer actor y luce seguro, imponente y pleno de matices que permite el disfrute inmediato de su caracterización.

Quizá ajustando un poco más la interpretación textual del personaje de Rita, permitiendo que no sólo aparezca ante nuestros ojos el cambio a través del vestuario y poniendo más atención a la movilización interna necesaria en este complejo personaje, estaríamos frente a un exquisito espectáculo, que estamos seguros puede crecer a lo largo de las futuras temporadas que realice.

Dos espectáculos que llegan a su fin de temporada y que el público venezolano no puede perderse, para apreciar el incansable trabajo de los teatreros venezolanos, que pese a las adversidades económicas y faltas de salas de representación, continúan dando la lucha por presentar sus puestas en escena. Estos montajes dan muestra de ello además de realizar excelente teatro sin necesidad de venderse a la risa fácil, ni a los astracanes del COLICO comercial.

L. A. R. *

Caracas, 12 de Abril de 2009

También nos quitan el corazón cultural de la ciudad



Hace 20 años, en 1989, existía en la calle Los Mangos de la Florida , exactamente donde ahora está la sede de una famosa cadena de farmacias, una quinta llamada “Lourdes”, ahí funcionaba EDUCREARTE, una institución encargada de formar a artistas en distintas disciplinas: teatro, música, fotografía, entre otras. La academia, estaba dirigida en ese momento por el maestro José Ángel Porte Acero, a quien vimos fallecer víctima de un infarto en ese mismo lugar y posteriormente por Gerardo Blanco, para terminar hasta su mudanza, dirigida por Anita Fasulo.

Esa casa era un apéndice del Ateneo de Caracas. La llamaban El Ateneo de La Florida. Un buen día mi tía “la culturosa” llegó con un recorte de prensa y se lo dió a mi madre (que no hallaba qué hacer conmigo en las tardes) un Taller de Teatro para Adolescentes, que se dictaba lunes, miércoles y viernes de 2 a 6 de la tarde por Pilar Ciscar, Oriette Saade y Olga Gutiérrez. Mi madre me inscribió, me cambió la vida, durante dos años, consecutivos, ahí entré por primera vez en contacto con eso que llaman actuar, con las mariposas en el estómago mientras entra el público, ahí descubrí mi vocación… El teatro. Como es de esperarse, estos talleres montajes culminaban con una puesta en escena y como el instituto era dependiente del Ateneo, pues ¿Dónde más nos íbamos a presentar? En mis incipientes 14 años, no entendía la magnitud del hecho. La primera vez que pisé unas tablas lo hice ahí, en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, aun sin conciencia de lo que eso representaría después. Escenificábamos un collage de piezas de teatro venezolano y a mí me tocaba cerrar con un fragmento del monólogo Madame Pompinette, de José Gabriel Núñez, que catapultó a Pedro Marthan como uno de los mejores actores de este país… ¡Qué osadía! 14 años y haciendo Madame Pompinette, era un cierre de taller y por presidir la institución estaba entre el público, apoyando, Doña María Teresa Castillo. Recuerdo que subió al escenario y nos entregaron certificados y todo lo que eso conlleva, obvio que yo no sabía quién era esa señora, y qué representaba, sólo que era la Presidenta de esa institución donde yo me estaba formando. El segundo año se hizo lo propio, otra pieza y las mismas tablas, ya nos eran familiares. El pasillo de los camerinos comenzaba a darle a uno creencia que era “artista” porque estabas dentro del Ateneo de Caracas y el compromiso mayor porque “ya saben, la Señora María Teresa va estar en la sala”.

Corría el año 90 y mi primer Festival Internacional de Teatro, ahí, en el Ateneo, con mi poca experiencia tenía la oportunidad de ver lo que hacían los grupos de afuera. Además, me topaba sin mucha claridad aún de quiénes eran, con Carlos Giménez, con Cabrujas, con Verdial, con los actores de aquel Rajatabla, me tropecé en las colas con María Cristina Lozada, Tania, y le pedí un autógrafo a Amalia Pérez Díaz. Claro, ya en los 15 tenía una convicción absoluta que quería esta profesión para mi vida…

Después se inició el Festival de Teatro Estudiantil José Ángel Porte Acero, en homenaje al fallecido maestro, que dirigía el Ateneo de la Florida. Allí conocí a Freddy Mota, su primer coordinador, después me enteraría y disfrutaría de su talento como uno de los mejores imitadores de la eterna “Lupe”. En esos primeros Festivales fue donde comenzamos a tejer sueños y llevarlos a cabo, junto a hoy grandes y entrañables amigos: Basilio Álvarez, con Skena; José Gregorio Cabello; Wilfredo Zurita (Q.E.P.D) con sus muchachos del Periaktes, y tantos otros que se convertían en rivales en cada edición del festival y luego poco a poco en colegas… Esto fue en el Ateneo de Caracas.

Fui entendiendo qué significaba ese cubo gris al lado del parque los Caobos y que sirve de entrada a los museos más importantes de la ciudad, en 20 años es mucho lo que ha pasado y lo que he podido ver y hacer en las salas del Ateneo. La Peterson la conocí como director de la mano de Antonio Delli y Gonzalo Camacho cuando emprendimos juntos la premiada El veneno del teatro, que nos dio tantas satisfacciones, y luego tantas otras que enumerar sería fastidioso; no tuve el privilegio de actuar nunca en la Anna Julia Rojas, pero sí de mostrar a mi grupo allí, el pasado mes de noviembre, cuando de la mano del Festival CreaJoven 2008, mis talleristas se presentaron en dicho espacio… ¡Qué orgullo! Como empecé yo en mis primeros pasos de actor y director y verlos a ellos en esas tablas frente a esas 400 butacas… Pienso en los dos hechos con 20 años de distancia y concluyo, así como a mí, a ellos, el Ateneo de Caracas les posibilitó presentarse en sus espacios gracias a los proyectos de apoyo a las nuevas generaciones del teatro…

Allí, en el Ateneo de Caracas, tomé formalmente mi primer curso de crítica teatral, con el maestro cubano Eberto García Abreu, en un festival internacional, cuando decidí dedicarme también a pensar y analizar más afondo las propuestas de mis colegas y hacerlas públicas. En fin, cuantificar lo que significa ese cubo gris es innecesario, más cuando todos sabemos lo que representa para la ciudad, para los artistas, para el público, para los artesanos, para sus trabajadores, para los jóvenes, los niños, para la gente que se forma ahí, para los cinéfilos, para los de la tercera edad, para los grupos internacionales que nos visitaron y nos visitan, para los bailarines, para los técnicos, dramaturgos, actores, escenógrafos, vestuaristas, artistas plásticos, músicos, cantantes, en fin … Todos, o casi todos, porque a decir de las personas que, lamentablemente, rigen los destinos de nuestro país en estos momentos, parece que no se han enterado de la labor cumplida por 77 años de esta institución…

La primera semana de Mayo de 2009 el Ateneo de Caracas no estará más ahí, frente a la Plaza Morelos , no será más la entrada a los museos más importantes de la ciudad, ni será más la tribuna donde artistas y estetas confrontemos nuestras propuestas. ¿Y en qué se convertirá? Nos preguntamos todos ¿Dónde está el proyecto? ¿Por qué no construyen más salas teatrales? En vez de pasar facturas políticas. Es verdad que nadie es perfecto, obvio que la gestión de 77 años de una institución tiene sus altos y bajos, somos humanos, pero pretender arrebatar de un plumazo 77 años de historia, pretender acabar con el corazón cultural de la ciudad no es sino la lamentable demostración que no se sabe qué se está haciendo en la conducción de los destinos de una nación… Qué lástima, el consuelo, si es que hay alguno, es que las instituciones quedan, los gobiernos pasan… por eso creo que en un momento como este, aquella frase célebre cabe mejor que nunca:

“Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho”…

L. A. R. *

Caracas, 11 de Febrero de 2009